La Maleta

Las mujeres Ama, como si de sirenas se tratasen, han atraído las miradas de medio mundo. Son pescadoras de awabi de las costas de Japón que nos sumergen en un libro de fotografía del etnólogo Fosco Maraini, un viaje que emprendemos con ‘La maleta’, la nueva sección de Ana Zaragoza.

“Hekura es una pequeña isla y parecía todavía muy lejana. Y sin embargo teníamos que alcanzarla, porque allí vivían los Ama, los hijos de las olas. ¡Hacía tiempo que los estábamos buscando!“ Esta frase, que parece sacada del ‘Libro de las maravillas’, es sin embargo de Fosco Maraini, el Marco Polo del siglo XX. También italiano, pero nacido en Florencia en 1912. El padre escultor, Antonio Maraini, y la madre escritora, Yoi Crosse, introducen ya a Fosco Maraini en el viaje desde su infancia. En 1937, tras una larga expedición al Tíbet, decide dedicarse a la investigación etnológica y al estudio de las culturas orientales.

La vida de Maraini transcurre principalmente entre Japón e Italia, y al igual que la de Marco Polo, nos deja un valioso legado de aventuras y alguna desventura, como el internamiento junto a su familia en un campo de concentración en Nagoya durante la Segunda Guerra Mundial. El deseo por compartir sus peripecias con el resto del mundo le llevan a expandir su conocimiento de manera tan amplia que se lo acaba conociendo como alpinista, viajante, etnólogo, narrador y fotógrafo. De entre las maravillas del mundo que nos descubrió, hay una, en formato de libro, que llama especialmente la atención por su carácter de fábula: ‘La isla de las pescadoras’.

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Maraini, F. (1960). L’isola delle pescatrici. Bari: Editorial Leonardo da Vinci.

“Había algo de fascinante, de cuento de hadas, en todo ese trasiego de gente arriba y abajo, del fondo marino al cielo plateado de la superficie: único sonido, el tic metálico de un hierro que golpeaba contra alguna roca para extraer un awabi. “ ‘La isla de las pescadoras’ es un cuaderno de bitácora en el que Fosco Maraini nos cuenta, en primera persona, el encuentro junto a su equipo con las mujeres Ama en la isla de Hekura en Japón. Las mujeres Ama son unas criaturas del mar que son entrenadas desde la adolescencia en un oficio milenario: la pesca submarina en apnea de moluscos, principalmente el awabi (oreja de mar o abulone). Esta labor suponía entonces, en 1954, cuando Maraini se topó con ellas, la fuente de ingresos principal de muchas de las poblaciones Ama, que vivían en pequeños pueblos costeros distribuidos a lo largo de la costa central y meridional de Japón.

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Mujeres Ama © Fosco Marainini

Era una actividad reservada a las mujeres porque según Shirosaki (el rey de Hekura) explicó a Maraini: “¡Las mujeres son mucho más resistentes que nosotros! Si nosotros los hombres estuviéramos en el agua dos horas moriríamos de frío; ellas no, están recubiertas de grasa como las focas. Además tienen más aliento. Y son más tranquilas. Antiguamente se sumergían también los hombres, pero todos sabemos que rendían, y rendirían, menos que las mujeres“. La comparación que hace el rey de la isla nos resulta ahora políticamente incorrecta, pero leída en su contexto (el de una cultura ancestral) explica un fenómeno de supervivencia y funcionalidad, testado durante milenios, de una manera directa y sin prejuicios.

Las fotografías que ilustran el relato de Maraini, hechas con una intencionalidad documental, tienen sin embargo una fuerte carga poética y fantasiosa. En ellas podemos observar la belleza primitiva de estas mujeres, que por aquel entonces todavía trabajaban con medios tradicionales. Se movían en el agua como la más real de las sirenas. Vestían únicamente un tanga y una máscara de buceo e iban armadas con un hierro y un cesto para la recolección de los awabi.

Descendían a las profundidades marinas con una cuerda atada a la cintura, que le servía al hombre que las asistía en la barca para ayudarlas a volver rápidamente a la superficie cuando no podían aguantar más la respiración. Cada inmersión duraba unos 45 o 50 segundos, a veces un minuto. Cuando salían a la superficie para recuperar el aliento, daban un silbido peculiar que se conoce como Ama-bui. Después de unas veinte inmersiones, las mujeres subían a las barcas y reposaban durante una media hora. Si hacía frío encendían un fuego para calentarse y al medio día comían en la barca o al sol en la orilla. Después del reposo vuelta a las inmersiones y así hasta las cuatro o las cinco de la tarde, cuando acababa la jornada de trabajo de las Ama.

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Maraini, F. (1960). L’isola delle pescatrici. Bari: Editorial Leonardo da Vinci.

Maraini trabajó duro para conseguir la complicidad de los Ama y poder acompañar a las mujeres de Hekura, sumergiéndose con ellas en el mar, durante un día de trabajo cotidiano. Las imágenes submarinas resultantes son de una belleza cautivadora, así como los textos que las acompañan: “¡Extraña campesina del mar! De repente vi que cogía con la derecha el hierro apuntando contra una piedra, en el lado inferior de un saliente; al hacer esto se había girado toda y por un momento apareció boca arriba. Pero a esas alturas ya le faltaba la respiración. Dio un tirón a la cuerda; el que estaba en la barca empezó a tirar fuerte y velozmente. La pescadora partió hacia la superficie llevando en la mano dos bonitos awabi, rígida y concentrada en ofrecer la menor resistencia”.

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Maraini, F. (1960). L’isola delle pescatrici. Bari: Editorial Leonardo da Vinci.

Trabajaban de junio a septiembre y se organizaban en equipos de trabajo familiares, en la mayoría de las barcas salían una mujer de unos treinta años, una hija adolescente y un hombre (hermano o padre) que tenía la tarea de estar muy atento asistiendo a las Ama en sus inmersiones. Se trataba de un trabajo duro y peligroso, sin embargo, Maraini afirma en su texto: “No he visto jamás gente tan sana como los Ama y las Ama; sus cuerpos bronceados por el sol y el salitre son la imagen de una humanidad primitiva, muy lejana a esa calaña de seres blandos y blancuzcos que generan las ciudades bajo sus cielos contaminados. La longevidad de las Ama no parece sufrir por el trabajo en apnea continuado durante años y años“.

La desnudez de las mujeres Ama no era un asunto frívolo, respondía a un motivo funcional. Les permitía moverse con mayor velocidad en el agua y secarse rápidamente al salir a la superficie, en una época en la que los trajes de neopreno no existían o eran escasos y costosos. “Una mujer desnuda en Hekura es como un árbol en medio de un bosque, algo cotidiano“. apunta Maraini en su bitácora. Con todo y con eso, la abundancia de desnudos femeninos fue una de las razones por las que este libro fue un éxito en Europa.

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Diferentes ediciones del libro por países: Japón, Suecia, Italia, EE.UU., Gran Bretaña Y Alemania.

Otras razones fueron la particularidad del argumento y el ofrecer, a un público que estaba apenas saliendo de las privaciones y los horrores de la guerra, un viaje a un mundo lejano, cargado de encanto y fascinación. La versión original de este libro, ‘L’isola delle pescatrici’, tiene cuatro ediciones en cuatro años sucesivos: del 60 al 64. En 1962 se publicaron las versiones americana e inglesa, en 1963 la alemana y sueca. En 1964 se editó la versión japonesa, que difiere del resto en la selección de imágenes que incluye: las fotografías de la vida cotidiana de la población Ama en Hekura fueron sustituidas por ilustraciones. Los españoles nos quedamos sin conocer este mundo maravilloso, ya que la edición española de este volumen nunca existió y todo apunta a que fuera por causa de la censura a la que España estuvo sometida durante la dictadura.

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Guardas de ‘The island of the fisherwomen’ (ed. EE.UU.)

El libro, de factura clásica, no deja de ser un objeto muy contemporáneo. En todas sus ediciones presenta unas bellas guardas con un mapa que sitúa la isla de Hekura en su geografía más próxima. La puesta en página de las fotografías tiene un buen ritmo, se intercalan imágenes en blanco y negro y color, y todas van acompañadas por un pie de página, que ayuda a comprender mejor al sujeto que nos están presentando. Es un diario ilustrado que refleja muy bien el espíritu apasionado y respetuoso de Fosco Maraini por las culturas ajenas.

Las mujeres son retratadas con naturalidad, son fotografías de una sensualidad inocente, inherente al sujeto y no buscada. Está presente la intención de Maraini de hacernos comprender la relación intensa de los Ama con la naturaleza y en particular con el mar. Para poder realizar las tomas submarinas, el autor hizo construir un equipo especial: escafandras para la máquina fotográfica y para la cámara de cine. Podemos decir que ‘La isla de las pescadoras’ es el primer reportaje etnográfico submarino, lo que le confiere un valor documental extraordinario. Además del reportaje fotográfico, Fosco Maraini consiguió realizar un documental, que desgraciadamente hoy no es posible encontrar.

Fosco Maraini, nuestro Marco Polo moderno, fue el primero en abrirnos una ventana a este mundo desconocido de una forma tan profunda. Anterior a Maraini hay un trabajo sobre las Ama de un autor japonés: Yoshiyuki Iwase. Empezó a fotografiar a las mujeres Ama de la costa de Iwawada a finales de 1920, sin embargo no llegó nunca a sumergirse con ellas y documentar su labor subacuática.

Un trabajo reciente sobre estas increíbles mujeres es el de Nina Poppe, una fotógrafa alemana que publicó en 2011 un libro en el que se refleja la realidad actual de las Ama. Las pocas mujeres que siguen dedicándose a esta dura labor son ya ancianas, para las jóvenes ya no es una actividad atractiva, y toda la fascinación que provocaban con su proceder ancestral se ha visto sacrificada con la inclusión del neopreno y otros avances que facilitan el trabajo.

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© Nina Poppe

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© Yoshiyuki Iwase