La gran mayoría de los artistas, incluidos los fotógrafos, tiene que solicitar algún tipo de beca o ayuda para empezar o continuar un proyecto, o unos estudios. La fotografía es costosa y no todos los que tienen un gran potencial para explorar pueden hacer frente a los gastos que esto conlleva, sobre todo cuando se está empezando. Las becas de proyecto es la manera más usual de conseguirlo.

¿Qué es lo primordial para presentarse a una beca? Por encima de todo, tener una buena propuesta y que se ajuste a aquello que nos solicitan para poder entrar en la lucha. Pero este, al contrario de lo que se cree, es el último de los filtros. Primero tenemos que presentar nuestra idea tal y como se nos solicita, tarea que no es fácil y que lleva tiempo y energía.
Lo normal es que la concurrencia sea elevada, por lo que hay que cuidar hasta el mínimo detalle de la burocracia y el papeleo, ya que es la manera sencilla de hacer la primera criba. Parece una obviedad, pero cuando la mayoría de las solicitudes fallan en estos pasos, no será tan simple…

Hay cuatro preguntas que hay que hacerse en el momento que decidimos presentarnos a una beca, y hay que ser muy sincero para responderlas: ¿cuáles son las líneas conceptuales que solicitan?, ¿qué presento?, ¿está a la altura de la exigencia de la beca y sus líneas prioritarias?, y ¿tengo tiempo para dedicarme a formalizarla? Con estas preguntas nos planteamos a grandes rasgos la importancia de nuestro trabajo, si tiene posibilidades a priori y, sobre todo, si no vamos a perder el tiempo inútilmente. El esfuerzo que supone presentarse con ciertas garantías a una beca no es nada desdeñable y si no se va a hacer bien, mejor ocuparse en perfeccionar nuestras propuestas de cara a otras convocatorias.

1. ¿Cuáles son las líneas conceptuales de la beca?

Tenemos que saber a qué nos presentamos. Para poder responder esta pregunta hay que bucear en los archivos de la organización que ofrece la beca y mirar sus líneas argumentales en los últimos cinco años: fotógrafos, trabajos seleccionados, jurados, si han cambiado de orientación… Es un trabajo previo de investigación, que lleva tiempo y que aunque parezca muy pesado, la información obtenida nos indicará cuál es el grado de exigencia de la beca y si nuestro trabajo se puede o no encuadrar en sus intereses, así como nos dará las pautas para poder presentar la solicitud en mejores condiciones.

2. ¿Qué presento?

Como ya hemos dicho, por encima de todo ha de ser una buena propuesta: original, interesante, con un enfoque particular, bien diseñada y muy trabajada. Un proyecto muy completo, a ser posible que ya sea conocido dentro del mundillo fotográfico (las reseñas pueden servirnos en el dossier) y que requiera el apoyo final que solicitamos al presentarnos a la beca.

3. ¿Mi trabajo se ajusta a lo que solicitan?

Esta es la pregunta más difícil de responderse de manera sincera. Hay que dejar de lado que puede ser una ayuda bien dotada económicamente y un buen trampolín profesional. Si el proyecto no se adapta a las líneas maestras de la convocatoria de la beca, no seamos ilusos y pensemos que va a “sonar la flauta”; mejor dedicarnos a otra cosa.
Una vez que vemos que tenemos un trabajo excelente y que se adapta, conviene estudiar qué piden y cómo lo piden, para ajustar técnicamente nuestro proyecto a sus parámetros, teniendo en cuenta que solamente se trata de un asunto burocrático, no de modificar el trabajo para que se pueda presentar, cambiando toda su idiosincrasia.

4. ¿Tengo tiempo para formalizar la inscripción?

La pregunta final es si da tiempo a todo. Hay una manera muy sencilla de eliminar concurrencia: acortar los plazos de entrega. Desde hace tiempo, la mayoría de las convocatorias tienen, al menos, una parte online y casi siempre surgen problemas en este punto, así que hay que contar con este tipo de imprevistos como “previsibles”. El autor que se presenta a una beca debe tener en cuenta que ha de estar metido de lleno en este tema por completo unas tres semanas, en el caso de que tenga las cosas muy preparadas de antemano (que su trabajo se haya visto antes y el proyecto escrito esté bien planteado previamente) mejora este tiempo, que no será inferior a las dos semanas. Lo ideal sería plantear un diagrama de Gantt desde el principio con las tareas y los tiempos con los que contamos; puede parecer demasiado profesional pero de manera intuitiva siempre estamos ajustando tiempo y trabajo. La planificación nos sirve, entre otras cosas, para facilitar la consecución de los criterios de selección objetivos, ya que no podremos controlar los subjetivos, fuera de nuestro alcance y que tienen que ver con las personas y no con los procedimientos.

Contamos con que vamos a ir a por el “premio gordo” y no nos valen las terminaciones, así que hacer las cosas con cierta planificación nos librará de muchas de las angustias finales y, sobre todo, a saber “ver” nuestro proyecto de la manera más aproximada a la que lo van a ver quienes tengan que evaluarlo.