Iñaki Domingo muestra ‘Gradiente’ en el Centro de Arte Alcobendas, una exposición sobre fotografía sin fotografías que forma parte de la programación de PhotoEspaña 2017. Con esta excusa Rubén H. Bermúdez entrevista a este artista visual.

Iñaki Domingo nació en Madrid en 1978 y su actividad en torno a la fotografía es muy extensa. Como autor ha recibido numerosos premios, ha formado parte de NOPHOTO, y su obra ha sido expuesta en lugares como Hubei Museum of Art, Lodz Art Center, o en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía entre muchos otros. Además, Domingo ha trabajado como editor en IvoryPress, o 30y3.com, colaborando actualmente con la Editorial RM. Hay que destacar también su faceta como docente, siendo profesor asociado en el IED y Lens Escuela de Fotografía.

Llego a ti por ‘Ser Sangre’, quizá te suene muy lejano.

No, hombre, ‘Ser Sangre’ es un proyecto importante para mí, ya que cierra una etapa de mi vida de aproximadamente 12 años. Tarkovsky la llamó estadio de toma de consciencia, y corresponde con el momento en que el artista se reconoce a sí mismo por primera vez, que empieza a entender qué hace aquí, por qué está haciendo lo que hace, y demás. Hice alrededor de una decena de proyectos a través de los cuales mi perspectiva comenzó a definirse, al igual que el trabajo, y este proyecto de algún modo representa la culminación definitiva de esa primera etapa. De algún modo, a ti también te pasa con tu proyecto, el ‘yo’ se rompe cuando se convierte en el ‘nosotros’.

Por mi parte, lo que hice en este proyecto fue plantear una invitación a todos los miembros de mi familia, en la que ninguno es artista. Ahí se da un traspaso de la autoría única a la compartida, de esa responsabilidad, en este caso, con mi familia. Además, es una buena manera de intentar diluir el ego, claro.

Ya con la tranquilidad de sentir que he dado un paso en firme y hacia adelante, continúo por el camino que tiene más lógica para mí, que es tratar la esencia del medio con el que trabajo, e intentar comprender la materia de la que está compuesto. Primero entender quién soy, después hablar del propio lenguaje con el que quiero comunicarme. Tiene cierta lógica, ¿no?

El trabajo que realizo hoy en día va en esa dirección, en el intento de comprender cómo y de qué se conforman las imágenes, y también reflexiona sobe cómo las percibimos, qué uso hacemos de ellas, qué función tienen o cómo nos relacionamos con ellas.

La etapa del yo te vale para, entre otras cosas, saber dónde estás posicionado.


Atravesamos un momento complejo, donde el nivel de codificación visual al que nos enfrentamos es más enrevesado que nunca, y las imágenes parecen estar llegando a una especie de final, al menos tal y como lo conocíamos hasta ahora. Van perdiendo efectividad y eficiencia, y se hace cada vez más legítimo cuestionar su funcionalidad. Como si las imágenes de sucesos internacionales graves nos afectasen cada vez menos, o estuviésemos cada vez más insensibilizados ante esa forma de estímulos.

Por mi parte, es un efecto rebote bastante sencillo: la sociedad, a través de múltiples canales, me aporta una realidad abstracta, que yo le devuelvo transformada y llevada a mi territorio. De alguna forma, proceso esta realidad y la diluyo en una imagen sintética, que devuelvo en forma de imagen abstracta. Es una tipología de imagen no narrativa, no referencial, no atada a un momento, a una circunstancia, o a un recuerdo, y sobre todo, que no trata de convencer al espectador de nada. Mi propuesta entraña relacionarnos con la imagen desde la contemplación, sin buscar ofrecer respuestas que partan desde el plano intelectual sino desde el sensorial, con la apertura hacia las posibilidades que eso representa.

Estoy un poco cansado de esas imágenes que constantemente tratan de convencerme de que piense de una manera, de que compre este producto o de que actúe de tal forma respecto a algo. Prefiero encontrarme propuestas más abiertas, menos pulidos, más en bruto, digamos, porque así tengo mayor capacidad de interacción con ellas.

A mayor libertad, también se hace necesaria una formación más amplia que nos permita discernir y procesar mejor lo que estamos viendo, se da por asumido que el espectador es un inteligente y cuenta con unos mínimos conocimientos previos. En el fondo, mi posición es absolutamente política y hay una implicación por mi parte, pero mi respuesta no es reivindicativa en el sentido de generar imágenes que entrañen en sí misma un mensaje político. Es por cómo se articula la imagen y por la relación que establezco con ella que se genera esa toma de posición.

Dices que las imágenes están llegando a su final tal y como las conocemos.

Creo que la fotografía en los últimos 20 años ha cambiado más que a lo largo de toda su historia. Es más, no sé cómo de preciso es actualmente seguir llamándolo fotografía, pues creo que entraña otras muchas cosas más que antes, que afectan a la ontología del término en sí. Es un medio bastante joven, con pocos años de desarrollo cuando lo comparamos con otras disciplinas. La pintura, anteriormente, había tenido la responsabilidad de ser una herramienta para representar la realidad, pero cuando se descubrió la fotografía, inmediatamente fue asociada a ideas como “herramienta de verdad”, o de “representación de la realidad”.

La pintura se liberó, y comenzó a pensarse y a mirarse a sí misma, y empezaron a surgir corrientes donde el propio medio se convertía en objeto de estudio y análisis. La fotografía comienza a llegar a ese momento, y al fin se cuestiona que la fotografía sea sinónimo de verdad o realidad, y ahora se ve más bien como una representación subjetiva de la realidad. ¿Por qué? Ahora existen los medios de representación ‘pobres’, como los móviles, que apuntan a la idea de baja cultura, digamos, pero que a la vez disponen una tecnología brutal. Alta y baja cultura están como diluidas, y parecen ser lo mismo. Los mordaces periodistas ceden su posición a ciudadanos intrépidos, quienes la mayoría de las veces nos cuentan las historias con sus móviles, mientras las están viviendo en directo. 
La fotografía se repliega y empieza también a mirarse, a hablar de sí misma como lenguaje, como estructura narrativa. Creo que esto no ha hecho más que empezar, y que los próximos años serán muy interesantes.

Has expuesto ‘Gradiente’ en el Centro de Arte Alcobendas. ¿Desde la abstracción es posible comunicar? 

Sí, pero como comentaba arriba, es un tipo de trabajo no apela a la razón, sino a la sensación. Me sucede a veces que me encuentro ante un juego extraño en el que la gente intenta descubrir qué es lo que “en realidad” hay en mis obras. Y esto es precisamente lo menos relevante para mí. Me interesa más saber qué te provoca como espectador cuando estás ante ellas. Me sucede al experimentar la obra de artistas como James Turrel, por ejemplo. ¿Por qué es, a la vez, una obra muy fácil de entender y muy difícil de explicar? Nuestra formación visual en la escuela es aún muy pobre y limitada, nos hemos acostumbrado a manejar el lenguaje de la publicidad, donde no hay más que ritmos acelerados y un consumo barato y rápido. La gente no está acostumbrada a ver un plano-secuencia de 15 minutos, donde apenas sucede nada, como vemos en algunas películas de Sokurov, o del mismo Tarkovski. Nos hemos abocado a un tipo de consumo visual muy limitado, desgraciadamente, pero creo que es algo que tiene solución en tanto en cuanto tengamos interés en reforzar ese tipo de formación.

Con Tarkovski me es más fácil conectar. Quizá sea porque como espectador sé lo que tengo que hacer.

Yo creo que se puede conectar con su cine a distintos niveles, pero para desentrañar toda la complejidad que su discurso propone, es necesario contar con unos ciertos conocimientos, ya que en sus películas nada está dejado al azar. En ‘Ser Sangre’ seguí una estrategia similar, traté de dirigirme a la vez a diversos tipos de espectadores. Pero no sé, a mí me sucede que al final, y vistas con cierta distancia analítica, de algún modo todas las historias me acaban resultando la misma, y hay un momento en el plano de lo narrativo en que todo comienza a ser circular.

En el fondo siempre tengo la sensación de que hay alguien tratando de convencerme de algo, y eso cada vez me cuesta más. También porque mi camino ha tomado una dirección diferente a ésa. Ahora mi atención está en tratar de detectar y destacar lo que de esencial hay en las cosas, y encuentro en las capas de narratividad algo que actualmente no siento como indispensable.

Cuando estás en esa búsqueda, es normal que el lenguaje que usas sea algo menos directo, o a primera vista un poco más opaco, pero eso no significa que no esté apelando a sentimientos básicos del ser humano. El otro día me crucé por casualidad con esta cita de Rothko, que me pareció muy esclarecedora: “‘I’m not an abstractionist. I’m not interested in the relationship of color or form or anything else. I’m interested only in expressing basic human emotions: tragedy, ecstasy, doom, and so on”.

¿No es también una manera de posicionarse en un lugar más elevado?

Yo no creo que sea que el lenguaje abstracto sea mas elevado que el figurativo, para nada, pero es cierto que es simplemente que estamos menos acostumbrados y contamos con menos herramientas para enfrentarnos a él, ya que las herramientas de la razón, que son las que normalmente utilizamos para relacionarnos con las cosas, como la comprensión, se neutralizan. Sin embargo, cuando la dejamos de lado y nos ponemos a hablar de sensaciones, ¿qué sucede?

Ya, igual es que yo soy demasiado racional.

Yo también, mi cabeza funciona de un modo bastante cartesiano, precisamente por eso me he propuesto abordar un trabajo que para mí entraña un cierto riesgo. He roto con la narración lineal, mis imágenes son autónomas, independientes. Son pocas, le dedico bastante tiempo a decidir cuáles hago públicas, para que el trabajo se vaya asimilando y comprendiendo progresivamente. Me gusta esta idea de continuidad, de volver a las mismas ideas desde diferentes ángulos, y la idea de proyecto representa de algún modo una constricción. Me gusta que cada obra sea en sí misma, un poco como pasa en la historia del arte. Los pintores clásicos pintaban cuadros independientes, los proyectos o las series son algo mucho más reciente que atiende a la necesidad de hacer más accesible e inteligible el trabajo. Una etiqueta, o un compartimento, son siempre más cómodos de asimilar.

Gradiente @ Iñaki Domingo



Gradiente está pensada para ser en un museo.

Me interesa pensar en el espacio, e intentar que mi obra se relacione con él creando un todo. También me interesan las publicaciones, la página impresa. Como sabes, también soy editor, pero me gusta compaginar formalizaciones, y utilizar la que me resulte más adecuada para mi trabajo. Hay una cierta tendencia reciente a decir que el soporte idóneo para la fotografía es el libro, y yo creo que es una opción interesante para algunos trabajos, aunque no para todos, pues todos pensamos y hacemos de forma diferente, y no creo que para todos funcione una misma solución. Desde pequeño, siempre me ha pasado lo mismo: cuando veo a mucha gente yendo en una misma dirección, se activa en mí una alarma e inmediatamente tomo la contraria. No me gusta el pensamiento único, en masa. No me siento cómodo funcionando de esa manera. A cambio, tengo fe en el individuo, en su capacidad de discernimiento, en su toma de consciencia.

Como editor, he hecho muchos libros y me encanta implicarme en este tipo de proyectos, pero el monoteísmo en el que hemos caído me resulta preocupante. Creo no ha hecho más que alimentar una burbuja creada por unos pocos, y que está tocando a su fin. Es inocente pensar que un fotolibro es un producto de masas, vas a un kiosco y nos ves ni un solo fotolibro, solo en tiendas especializadas, y ni siquiera en todas. El fotolibro es producto que, de forma mayoritaria, está creado por fotógrafos y es para fotógrafos, lo cual está muy bien, pero es algo minoritario.

Por otro lado, los museos son lugares abiertos y de libre acceso, donde la gente puede generar debate en torno a las exposiciones. Pueden llegar a imponer al principio si no tienes el hábito de visitarlos, es cierto, pero es uno de los lugares donde sucede el arte, o el más oficial de ellos, y creo que todos estamos en nuestro derecho de sentirlo como propio.

Muchas expresiones de arte urbano también me motivan, claro, pero creo que desacralizar los museos y convertirlos en lugares de uso frecuente está entre las misiones de los artistas. Tú acabas de tener una experiencia con tu propia exposición, fue un montón de gente, amigos, admiradores, desconocidos… y representó un lugar de reunión, y también un momento de celebración, ¿no?


Sí, sin duda. Intento entender por qué a veces nos resulta tan ajeno.

No sé, a mí me gusta mucho esa obra de Dora García, que dice “el arte es para todos, pero sólo una élite lo sabe”. Uno no se atrevería a operar si no sabe de medicina, o a formular una teoría de física cuántica si no tiene conocimientos en ese campo, sin embargo parece que por el hecho de estar en los museos, todo el mundo tiene derecho a opinar sobre ello, incluso aunque no tengan ninguna formación específica al respecto. Me parece un grave error pensar así, y creo que es importante hacer un esfuerzo, ser proactivo respecto a los estímulos que estamos recibiendo. Saber quién es el artista, de dónde viene, a dónde va, cual es el contexto y el momento en el que desarrolla su trabajo… Documentarse y hacer un ejercicio de reflexión previo ayudan a que la experiencia al visitar la exposición sea mucho más completa y enriquecedora. Es un lugar donde hay que estar concentrado, donde hay que hacer un esfuerzo. está bien así, no pasa nada, ya que el arte no tiene como base el entretenimiento, sino la transmisión de conocimiento.

Tate Artist Timeline @ Sara Fanelli

Una vez te escuché una teoría sobre la historia del arte.

No me acuerdo muy bien qué decía, porque seguro que era cualquier chorrada fruto de estar tomando unas birras en algún momento. Aunque seguro que era más bien una opinión que una teoría, no me siento con la capacidad de hablar a tan gran escala, la verdad. Pero bueno, supongo que tenia que ver con cómo estudiamos la historia del arte y cómo realmente sucede. Sacaba el ejemplo de un mapa que tengo en casa, un souvenir que venden en la Tate, donde se entiende muy bien cómo sucede todo, y te das cuenta de que lejos de ser compartimentos estancos, muchas veces las corrientes se solapan y suceden a la vez, y que artistas que supuestamente son los máximos exponentes de un determinado movimiento en realidad están en estrecha relación con otros de corrientes muy distintas, en ocasiones hasta antagónicas. Supongo que mi comentario iba un poco en esa dirección, en la distancia entre leer y vivir el arte. Cuando vivimos el arte nos damos cuenta de que gente de la misma generación con actividades muy distintas puede tener una relación fecunda que no se basa solamente en trabajar en una dirección, sino en el intercambio de valores, de ideas, de recursos, de aproximaciones que exceden al hecho de adherirse a una corriente concreta.

¿De qué te alimentas? 


Yo soy un poco como algunos gitanos con el flamenco, he aprendido esto del arte de oído, no cuento con una formación específica. Estudié la carrera de periodismo, pero desde el comienzo hacia proyectos raros que no tenían cabida en ese mundo, y empecé a buscar posibles lugares donde pudiesen encajar. Encontré un universo donde la fotografía se daba de una manera más pausada, más reflexiva, y me acerqué a él para estudiarlo y aprender a ponerlo en práctica. Esto me ha ido haciendo derivar cada vez más y más hacia el territorio en el que hoy me encuentro. Y mientras, he ido buscando formas de ganarme la vida que no me alejen demasiado de mis intereses. Como muchos saben, estoy implicado en proyectos de comisariado, edición y docencia, además de ser artista, y en la combinación de todas actividades, y con grandes dosis de magia que no sabría bien definir cómo funcionan, voy tirando como puedo. Supongo que un poco como todos, ¿no?

Realmente te conozco en Fotopres, de la que eres tutor. ¿Cómo cambias de rol?


Efectivamente, y un enorme placer habernos cruzado. En general, tengo bastante demarcada cada actividad, y cuál es mi posición dentro de ella. Cuando estoy haciendo arte tengo mi punto de vista y es el que defiendo, pero cuando estoy en una posición que tiene que ver con dar visibilidad al arte que hacen otros, como comisariar o editar, entiendo que mi aproximación debe ser más amplia e inclusiva, y ahí intento ofrecer una visión lo suficientemente variada que aporte una representación general de lo que sucede específicamente en el medio con el que trabajamos. La verdad es que para mí no representa demasiado conflicto, y creo que tengo la capacidad de ponerme en el lugar que me toca en cada momento.

Yo noté que había trabajos en primera persona y otros en tercera. ¿Qué piensas de esto? ¿Cómo te gestionas como tutor en trabajos que quizá no estén en tu línea?

La experiencia en Fotopres no es tan alejada a la tuya, en el fondo. La institución me llama en un momento dado, y me ofrecen establecer una relación profesional, me contratan para hacer ese trabajo, y trato de hacerlo lo mejor posible, para que mis aportaciones os sean útiles. Como por mi experiencia labora he trabajado en diferentes ámbitos de la fotografía y he tenido la suerte de trabajar con grandes artistas, comisarios y editores, he aprendido a criticar los trabajos de los artistas intentando que lleguen a la mejor versión de sí mismos. Es fantástico poder acompañarles en el desarrollo de sus proyectos, y muy generoso por su parte querer compartir un proceso tan íntimo, en el que nos sentimos tan desnudos y desprotegidos, muchas veces. Mi aproximación es socrática, en el sentido de acompañarles de un modo lo menos intrusivo posible pero siempre ofreciendo mi opinión o experiencia en primera persona, por si pueden o quieren extraer algún conclusión. Respecto a la variedad de trabajos, me parece lo lógico en un certamen de estas características, de otro modo sería demasiado aburrido.

¿Te asalta a veces la sensación de fraude? He hablado con otras gentes de barrio y solemos coincidir en ello.



No sé, si hay como un especie de sacralización del término “artista” que en otras culturas no tiene ningún sentido. Siempre uso el mismo ejemplo tonto: si hiciera pan ocho horas al día sería panadero, pero como ese tiempo se lo dedico a hacer arte, pues soy artista. Sin más pretensión o ínfula que esa, poder seguir haciendo lo que me apasiona. Por eso me gusta esa idea de pequeño y mediano artista, de llevarlo a un plano mundano, pero al final es necesario llamar a las cosas por su nombre. Si lo que estoy haciendo es arte lo llamo arte y ya está, con toda la llaneza que entraña. Creo que desacralizar el arte, hacerlo accesible a la gente y comunicarlo de una manera sencilla es muy importante.

Es un poco lo que sucede en la exposición de Alcobendas, al final lo que hago es explicar el proceso por el cual se forma el color, y a través de la formación del color se generan las imágenes. Digamos que pongo la atención en un par de pasos previos al hecho en sí de crear una imagen, ya que cuando estamos viendo imagen no reparamos sobre la cantidad de materiales que están haciendo que esa imagen sea imagen, lo damos por asumido.

Y bueno, respecto a la segunda parte de tu pregunta, creo que es fundamental no olvidarnos de nuestros orígenes. Con frecuencia veo casos de artistas que los olvidan, o que saltan constantemente de unos sitios a otros en función de la moda de momento. A mí eso me resulta ridículo, yo sé quién soy, sé de dónde vengo, y siempre lo llevo a gala: soy un chaval normal, de barrio, de parque, y ese es el comienzo de todo. Pero a la vez también tengo inquietudes, hambre de entender el mundo, la vida. Y en el compendio de ambas cosas es donde se encuentra el núcleo de mi esencia, supongo. Es sólo eso.

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