Entrevistamos a Montse Puig, fundadora de Ediciones Anómalas, con motivo la celebración de su cuarto aniversario este mes de marzo. El mundo del fotolibro se centra mucho en los autores, pero sin figuras como la suya, su riesgo y dedicación, el panorama sería muy diferente.

Montse Puig (Girona, 1965) es una de esas personas discretas y elegantes, de las que cede la palabra en una conversación, de las que se sienta a observar pero que interviene cuando tiene que dar su opinión. Es trabajadora, decidida y, sobre todo, apasionada. Si no, no estaría celebrando el cuarto aniversario de Ediciones Anómalas, una pequeña editorial que ha sabido hacerse un hueco en las estanterías y en los ánimos de muchos aficionados a la fotografía.

Montse es licenciada en Historia y cursó estudios de Fotografía en el Institut d’Estudis Fotográfics de Catalunya. Su experiencia profesional ha estado siempre ligada, directa o indirectamente, a la fotografía, pero también a los libros pues, ya antes de Ediciones Anómalas, trabajó durante 13 años en la editorial RBA. Fue fundando su propia editorial independiente cuando ligó su fascinación por los libros con el amor a la fotografía.

En estos anómalos años ha editado libros de Navia, Cristóbal Hara, David Mocha, Salvi Danés o Rif Spahni. Es evidente su amor por los libros de fotografía, por los buenos libros, por su papel, su textura, su olor y, especialmente, su contenido. Unos libros dirigidos al lector de calidad.

Cumplís ya cuatro años. ¿Cómo os sentís? ¿Supervivientes? ¿Victoriosos?

En cierta manera, querer celebrar los cuatro años ya es una forma de transmitir nuestro sentir: no queremos esperar a los cinco, cuatro años haciendo libros de fotografía ya tiene algo de milagroso para nosotros. Nos sentimos muy felices, tenemos todavía muchas batallas por delante pero estamos muy contentos por cada año que conseguimos cumplir.

¿Quiénes sois Ediciones Anómalas y de dónde venís?

La editorial la fundé yo en 2012 cuando todavía trabajaba en una gran editorial en la que estuve 13 años. Una vez publicado el primer libro supe que quería intentarlo y unos meses después dejé mi trabajo y me metí de lleno en Anómalas. El segundo libro que publiqué fue ‘Atlas’ de Israel Ariño. Cuando conocí a Israel tuve claro que era el cómplice perfecto para Anómalas. Le propuse entrar en la editorial y, sorprendentemente, aceptó. Israel es fotógrafo y profesor de fotografía, y ahora también editor. Para entrar en un proyecto así hay que tener alma anómala y querer enfrascarse en un camino incierto y con muchísimo trabajo.

Somos una pequeña editorial y nuestra vocación es seguir siendo moderadamente pequeños. Pequeños en cantidades y grandes en calidad. Además de nosotros dos hay muchísimos colaboradores sin los que sería imposible avanzar; amigos y profesionales que comparten con nosotros el empeño y la ilusión de hacer buenos libros. Somos muy afortunados por nuestros colaboradores, ellos son los que hacen nuestros libros mejores. Es un auténtico trabajo en equipo.

¿Cómo fue vuestro nacimiento, cómo surgió la idea? ¿Cuál era vuestra intención?

Ideas tan locas como ésta suelen tener en el inicio una pulsión, un punto de irracionalidad. Hacer libros de fotografía en este país es muy complejo: no hay muchos lectores, hay muy pocas librerías especializadas, no se reseñan libros de fotografía en la prensa… y así un largo etcétera. Pero bueno, en este país es más complicado ser médico o profesor, por poner un ejemplo.

Sabíamos que sería muy difícil y, sin embargo, teníamos una idea muy clara de cómo afrontarlo. Nuestra intención es publicar trabajos de calidad, cuidando muchísimo el soporte; publicar de la misma forma a autores noveles y autores consagrados, conseguir un catálogo que hable por nosotros, una coherencia entre autores y títulos. Yo siento que los libros del catálogo hablan entre ellos, que hay afinidades, sintonías a veces muy claras y a veces más misteriosas. Nuestras decisiones se rigen por nuestras convicciones, así entendemos nosotros la edición.

También teníamos claro desde el principio que necesitábamos muchas complicidades en este proyecto. La primera y más importante, la de los autores, pero también la de todas las instituciones, fundaciones, escuelas, galerías, museos, etc., que confían y apoyan nuestro trabajo. Sin estas complicidades sería imposible seguir publicando. El libro de fotografía tiene un obstáculo insalvable: es un libro muy caro de producir y tiene tiradas muy cortas. Ése es un hándicap infernal contra el que luchamos cada día. El apoyo de los que creen que es necesario seguir publicando estos libros es imprescindible para poder seguir adelante. Como decía el gran editor Klaus Wagenbach “si los libros de tiradas pequeñas desaparecen queda comprometido el porvenir”.

¿Lo habéis conseguido?

Seguimos avanzando, que no es poco, aunque esto es una carrera de fondo en la que no te puedes relajar ni un momento. Lo más alentador es encontrarse en el camino a colaboradores en todos los ámbitos con las mismas ganas de hacer buenos libros que nosotros; es muy estimulante compartir ilusión y esfuerzo con los fotógrafos, diseñadores, impresores y todos los colaboradores que hacen posibles los libros, y también con algunas instituciones con las que ha sido un privilegio colaborar. Y aquí me gustaría romper una lanza por ellas: hemos tenido la suerte de encontrarnos a colaboradores de lujo en las instituciones con las que hemos publicado libros. Sabíamos que era necesario encontrar estas complicidades pero nunca imaginamos que sería tan enriquecedor.

¿Cómo ha cambiado el panorama de los libros de fotografía en estos años? ¿Qué falta aún por lograr?

Yo soy bastante crítica con este mal llamado “boom del fotolibro”. Lo único que ha cambiado es que ahora es más fácil hacer libros de tiradas cortas, que acaban siempre vendiéndose en un circuito demasiado cerrado. Se publican muchos libros pero hay muy pocos lectores, algo que compartimos con todo el mundo editorial en España; pasa lo mismo en todos los ámbitos.
Los fotógrafos han encontrado en el libro un vehículo perfecto para mostrar sus trabajos. Se han publicado libros increíbles, muy buenos, y algunos de ellos eran autoeditados. En general hemos vivido cierta euforia que intuyo se va a estabilizar en los próximos años. No hay lectores para tantos libros, esto es una evidencia.

Por otra parte se ha vivido y se vive en el ámbito de la fotografía cierto desprestigio de la figura del editor. Cada vez que escucho a alguien decir que se necesitan editores más arriesgados me invade la incomprensión más absoluta. ¿Cuánto más hay que arriesgarse? ¿Qué tipo de riesgos esperan de nosotros? Quiero pensar que es desconocimiento, aunque a veces lo he escuchado de voces expertas… Una compañera editora describía nuestro oficio, el de los editores pequeños, como el del malabarista de los platos, siempre pendiente de que no se le caiga uno. Es el símil con el que me he sentido más identificada. Por suerte, también es un oficio maravilloso: tienes la fortuna de compartir y aprender cada día de gente extraordinaria.

¿Hay algo que se hace fuera que deberíamos copiar en España?

No me gusta esta tendencia tan nuestra de pensar que aquí se hace todo mal y fuera es todo mejor. Hay otros países que tienen una tradición cultural más consolidada, eso es cierto, mientras que en este país la cultura –por no hablar de la educación– sigue estando demasiado ligada a la política.

No obstante, si tuviera que decir algo que me encantaría que se copiase es el modelo noruego. En los años sesenta el gobierno se propuso conservar la edición independiente en el marco de un amplio programa cultural que tenía como objetivo un mejor acceso a la cultura para toda la población. Se creó un consejo que, entre otras, tenía como finalidad garantizar a los editores un mínimo de ventas de algunos títulos, comprando parte de la tirada para abastecer a las bibliotecas públicas. Este sería un buen apoyo al sector.

¿Cuál es vuestra línea editorial? ¿Qué os distingue?

La línea de cualquier editorial pequeña tiene que ver muy claramente con el gusto del editor. En nuestro caso nos interesan los buenos trabajos fotográficos, los trabajos que sugieren más que explican y que dejan un espacio para el espectador. Así de indefinido y abierto.

Decía el editor Kurt Wolff: “Uno edita o bien los libros que considera que la gente debería leer, o bien los libros que la gente quiere leer. Los editores de la segunda categoría, es decir, los editores que obedecen ciegamente al gusto del público, no cuentan”. Lo compartimos y lo tenemos siempre muy presente.

¿Cómo es vuestra relación con el autor?

Nosotros sentimos que estamos construyendo algo que trasciende al propio libro. Nos gusta esa antigua idea de que los autores se sientan de “la casa”. Nos gusta vincularlos a la editorial y seguir publicando sus trabajos, establecer una relación más próxima, seguir su trayectoria. También es verdad que al ser una editorial pequeña necesitamos una implicación mayor del autor en todo el proceso, y la verdad es que nos sentimos muy recompensados por su apoyo y esfuerzo. Les debemos mucho a nuestros autores, en un amplio sentido. Alguno incluso tiene un pequeño almacén de libros en su casa.

¿Y con el lector?

La relación con el lector ha sido y es una de las sorpresas más emocionantes de todos estos años. Tenemos un lujo de lectores. Algunos compran todo lo que publicamos y esa actitud militante es el mejor estímulo para seguir adelante. Parte de esta relación creo que tiene que ver con muchas cosas, además de su evidente interés por los libros de fotografía. Nosotros hemos querido establecer un vínculo especial con ellos, nos gusta saber sus nombres, encontrarnos con ellos cuando viajamos a presentaciones o ferias, conocerlos y recibir sus mensajes. Y esto no sólo tiene que ver con los libros, tiene que ver con una idea más global de las relaciones. Los libros no son sólo mercancías.

¿Cuáles son los libros de los que estáis más orgullosos?

Absolutamente de todos. Imposible para unos padres elegir entre sus hijos.libros

¿Qué papel juega internet en la difusión de los libros?

Importantísimo para nosotros. Los editores pequeños dependemos mucho de internet. Gracias a la red podemos vender libros en todo el mundo, algo imposible hace unos años. Las reseñas en revistas especializadas también nos ayudan mucho en la difusión.

Hace poco hablé con un gran distribuidor, con muchísimos años de oficio, y me decía que en estos tiempos toda la estructura del “mercado” editorial estaba cambiando a pasos agigantados, e internet tiene que ver mucho con esto. Para nosotros es más beneficioso que problemático.

¿Y las ferias de libros?

Nosotros hemos hecho una apuesta importante por participar cada vez en más ferias del sector. De momento es un gran reto, pues viajar a ferias internacionales tiene un coste elevado, pero pensamos, y estamos comprobando, que es una forma inmejorable de dar a conocer nuestros libros y a nuestros autores. También es una buena ocasión para contactar con librerías internacionales y con otros editores. Nos interesa muchísimo coeditar, ya lo hemos hecho en anteriores ocasiones y seguimos explorando esta vía. Es una de las mejores soluciones para conseguir hacer tiradas más largas repartiendo costes.

¿Algún consejo a alguien que quiera publicar un fotolibro?

Más que un consejo, es una reflexión que me conmueve siempre. Se trata de un texto de H.D. Thoreau que dice: “el editor finalmente me dijo que necesitaba el espacio donde estaban almacenadas las copias de mi libro, y que me las enviaría de forma urgente. Han llegado hoy, ocupando un carro hasta los topes, 706 ejemplares sobre un total de 1000 que hice imprimir y que aún sigo pagándole a Munroe desde hace cuatro años. De los 294 restantes, 75 fueron regalados y el resto vendido. Ahora poseo por tanto una biblioteca de 900 libros, de los cuales yo he escrito más de 700. ¿No es justo que el autor posea el fruto de su trabajo? Y, sin embargo, aquí sentado junto a la masa inerte de mi opera omnia, esta tarde me pongo a escribir con el mismo placer de siempre”. Me parece maravilloso este seguir trabajando con el mismo placer de siempre, de eso se trata.

¿Hacia dónde se encaminan vuestros pasos ahora? ¿Nuevos retos?

Seguir publicando buenos trabajos, tenemos ya entre manos varios proyectos que verán la luz pronto. No olvidar nuestro reto inicial de apostar por autores jóvenes. Ampliar nuestra presencia en otros países: este año asistiremos a nuevas ferias internacionales. Crecer moderadamente. Resistir… Y disfrutar mucho del proceso. Es un auténtico gozo este trabajo.

Monte

Foto durante un retiro en el que Montse decidió montar Ediciones Anómalas © Rif Spahni

Citas de la entrevista:
1. Klaus Wagenbach, citado en “La edición sin editores” André Schiffrin. Anagrama, 2006.
2. “Autores, libros, aventuras”, Kurt Wolff. Acantilado, 2010.
3. “Cartas a un buscador de sí mismo”, Henry David Thoreau. Errata Naturae, 2012.