Daniel Mayrit expone en Galería Cero dentro de la programación OFF de PhotoEspaña, ‘Imágenes Autorizadas’, un proyecto sobre las consecuencias de la Ley Mordaza en la fotografía. En estos tiempos en los que generar y difundir imágenes es más fácil que nunca, el Gobierno monopiliza la imagen de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Y con esos mimbres, Mayrit realiza un trabajo con mucho humor, limitándose a cumplir a pies juntillas con la ley.

Daniel Mayrit es un guindilla. De verbo fácil, de ojos brillantes, se ve de lejos que es un chico listo que trasmite sinceridad. Habla rápido y mucho, pero no es pedante. Y tiene un pelo que no acaba de domar. Todo eso le da un aire de ardilla que tiene clara cuál es la nuez que quiere del árbol.

No es la primera vez que coincidimos. En la primera ocasión me abordó para hablarme de su trabajo. Después hemos coincidido varias veces, con una entrevista incluida sobre su ‘You Haven’t Seen Your Faces’, aquélla serie en la que desvelaba los rostros de los más poderosos de la City pero como si fuesen vulgares delincuentes. Ese proyecto lo llevó a exponer en PHE14 en una colectiva que comisarió Joan Fontcuberta. Y después, hace unos meses, le ha supuesto un reconocimiento internacional gracias al primer premio en Paris Photo por el fotolibro con el mismo nombre.

Daniel Mayrit es vallecano (Madrid, 1985), de un barrio obrero “que tiene tradición de lo que tiene tradición”. Quería ser director de cine y estudió Comunicación audiovisual en la Complutense de Madrid. Llegó a estudiar cine en Copenhague, pero luego se centró en la fotografía en la Universidad de Westminster, primero, y EFTI, después.

En uno de sus primeros proyectos ya se cuestiona sobre la importancia de lo que se muestra y lo que no, o la relación de la imagen y el poder. En ‘Suburban Scenes’ –un proyecto que en España no se ha presentado, aunque sí en Londres– inspirándose en trabajos que bucean en Google Street, recrea escenas dando lugar a imágenes bastantes inquietantes en las que parece que algo va a suceder. Un trabajo en la línea de la reflexión sobre la ficción y la realidad, tal vez resultado de ser un director de cine frustrado.

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© Daniel Mayrit

Ficcionadas o no, tu trabajo siempre ha girado sobre la carga que tienen las imágenes, sobre que toda imagen tiene una influencia social.

Nada en la vida es inocente, y menos las imágenes. Siempre me ha interesado no dar por asumido nada. Pero pasa con las imágenes, y pasa con los objetos, las herramientas. El diseño de algo nunca es inocente. Por ejemplo, los bancos en las calles de Madrid ahora son bancos individuales, para que no pueda haber gente sin techo tumbada en los bancos, o para evitar los grupos en las calles. A veces el propio diseñador no es consciente, pero todo responde a un discurso. Igual pasa con los teléfonos móviles, que nos separan a unos de otros, o el Monopoly, el juego en el que uno gana cuando arruina a los demás. Hay mucha ideología ahí. Pues con las imágenes pasa lo mismo.

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© Daniel Mayrit

Tu proyecto ‘The intolerable image’ hablaba sobre la censura de las imágenes cuando reflejan dolor o dramas que nos afectan directamente.

Siempre me ha preocupado cómo representamos el mundo. Y tengo muy claro que desde mi posición de occidental, hombre y blanco, no me siento moralmente capacitado para hablar de muchas cosas de las que me gustaría hablar, o no he encontrado la manera de hacerlo siendo respetuoso con la historia, con la ética, mi ética.

De lo que me preocupo desde ese trabajo es de cómo el hombre blanco occidental representa al resto del mundo. No sólo el sufrimiento, sino a otras razas u otras culturas. El sistema de representación en sí no es casual. Obedece a unos postulados ideológicos que se han ido apilando en el transcurso de la historia. Me interesa problematizar y desmontar el sistema de producción visual occidental, porque no necesariamente es el mejor, ni más justo con el resto de sistemas de representación visual, que ni siquiera comprendemos desde aquí.

Nosotros en Clavoardiendo hemos tratado en diferentes artículos sobre cómo hay sesgos cuando se fotografía a las mujeres o a los negros, y sorprendentemente muchos profesionales de la fotografía niegan que pueda haber machismo o racismo en la forma en la que habitualmente se representa a esos colectivos. Me parece preocupante que los profesionales no seamos capaces de conocer cómo afecta el lenguaje que estamos utilizando.

No dudo que toda la gente que te haya podido decir eso no esté obrando de buena fe. Supongo que la mayoría de los fotógrafos operan desde la buena fe, tratando desde el respeto a aquellos a los que fotografían. Pero hay mucha gente que no es consciente de cómo operan el conjunto de las imágenes. Es imposible para nosotros escapar a milenios de tradición occidental de representación. No los hemos elegido, pero transpiran en nuestra forma de trabajar. Es inevitable. Ojalá esto sirva para que dentro de una o dos generaciones podamos superar este sistema. Aunque aún hay mucho desconocimiento.

Otro proyecto,You Haven’t Seen Their Faces’, más político, habla de cómo las élites manejan su propia imagen de manera diferente al resto.

Todos mis proyectos son políticos, pero éste está más pegado a la actualidad que los anteriores. El proyecto surge cuando yo vivía en Londres y teníamos en la prensa a pequeños delincuentes relacionados con las revueltas que hubo durante un verano, cuando estalló la crisis económica. Mientras, había un sector de la población, el famoso 1%, al que ni siquiera podíamos ponerle cara. Y se veía cómo el sistema de representación está montado para proteger al poderoso. Hemos pasado de los grandes retratos de los reyes y los poderosos que se colgaban en las iglesias para que todo el mundo los conociese, a lo contrario. Por ejemplo, ¿quién está en el grupo Bildenberg? No lo sabemos. Aquél proyecto fue mi ingenuo granito de arena para rellenar ese hueco, mostrando las imágenes que se nos ocultan.

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© Daniel Mayrit

Y ahora llega ‘Imágenes Autorizadas’. ¿En qué consiste?

Pues es una reacción a la Ley de Seguridad Ciudadana, o Ley Mordaza, que cumple precisamente en julio un año desde su entrada en vigor. La ley mordaza es un monstruo de muchas cabezas, porque influye en muchas áreas de la vida diaria de las personas. A mí me interesa el aspecto que afecta a la imagen y la representación, que es el artículo 23 de dicha ley. Literalmente dice que constituye infracción grave, entre otras muchas cosas, el hecho de difundir imágenes no autorizadas de los Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado cuando pongan en peligro su integridad física, personal, la de su familia, o en riesgo la operación que están llevando a cabo, etc.

Y eso, ¿qué significa?

Este lenguaje tan deliberadamente ambiguo, en la práctica, significa que no se pueden publicar fotografías en las que aparezca la Policía Nacional, la Guardia Civil o las policías locales.

¿Quién autoriza esas imágenes?

Esta es una de las claves de la ley. El significado es tan abierto que un ciudadano normal no puede saber quién es la autoridad competente, si un juez, la policía o el Ministerio de Interior… Pero por otro lado, frases como “poner en riesgo la integridad de la gente” tienen un significado tan abierto que, ¿cuándo se aplica? Esto ha llevado a que se haya aplicado a casos como el de un chaval que publicó una foto en su Facebook de un coche de policía mal aparcado y como aparecía la matrícula, le aplicaron la ley mordaza.

El problema es que antes el poder de decisión lo tenía un juez, ahora lo tiene la propia policía y muchas veces lo tiene que ejercer in situ. Pues imagínate en una manifestación, con un ambiente caldeado, en un momento en el que no se toman decisiones con el mejor de los juicios. Y en ese momento la policía puede declararte culpable sin pasar por un juez.

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© Daniel Mayrit

Bueno, eso ya pasaba antes de la ley. Como fotógrafo de prensa lo he vivido en alguna ocasión.

Lo que pasa es que ahora hay una ley que lo ampara. La multa te la llevas y el proceso judicial te lo llevas. Y ya se encargará un juez de desestimarlo o no, como pasó con el caso que te comentaba antes. El juez lo desestimó, pero tienes que llegar a juicio.

Es claramente un retroceso democrático. El estado ha pasado de tener el monopolio de la violencia a poseer el monopolio de representarse a sí mismo. Nadie pude ofrecer imágenes del estado, salvo el propio estado. Es un valor profundamente antidemocrático y así ha sido denunciado por Reporteros Sin Fronteras, la ONU, por el Parlamento Europeo e infinidad de oenegés.

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© Daniel Mayrit

¿Cuando sale la ley, lees las noticias, ves las consecuencias, te indignas y generas un proyecto artístico sobre esto? ¿Cómo surge ‘Imágenes Autorizadas’?

Mi primera línea de trabajo fue tratar de llenar el vacio de representación que se genera con la ley, como me pasó en el proyecto anterior, en el que nadie representaba a los miembros del poder económico. En este caso hay un vacío porque hay una ley que prohíbe tomar esas imágenes.

Exacto. La única manera de hacer esas fotografías era cometiendo una supuesta ilegalidad.

Por eso cambié de estrategia y decidí aplicar la propia ley y llevarla hasta el extremo. Cuando llevas las cosas al extremo se suelen convertir en ridículas o ineficaces. Busqué desmontar la autoridad y solemnidad de la ley aplicándola a rajatabla. De esa manera utilicé imágenes generadas por otros. Es la forma de apuntar al poder político, que son los que han creado esta ley, y no a la policía, pues soy consciente de que hay muchos de sus miembros que están decididamente en contra de la norma.

¿De dónde sacas las imágenes?

La inmensa mayoría de las imágenes son distribuidas por la propia Policía Nacional, el Ministerio de Interior, la Casa Real y alguna de las que las instituciones han facilitado a la prensa. Pero también utilizo las imágenes que las instituciones distribuyen en sus redes: Facebook, Twitter o Instagram.

¿Qué diferencias hay entre unas y otras?

El tono. Con este monopolio al que se ha llegado, el estado distribuye imágenes de sí mismo en dos direcciones: Por un lado está la línea institucional, cuando hay un acto, una condecoración, un discurso público, etc., distribuyen “la foto”. Pero en las cuentas de Instagram dan una imagen mucho más relajada: somos uno más, estamos al día, formamos parte de la sociedad, nos hacemos selfies, rescatamos gatitos de los árboles, visitamos los colegios y nos fotografiamos con los chavales…

Pero las propias FCSE, ¿cumplen con su propia ley? ¿Protegen la identidad de sus miembros?

Ellos te dirían que sí, porque bajo su criterio no ponen en peligro su seguridad, ni la misión… El problema es que ciudadanos anónimos haciendo exactamente las mismas fotos han sido multados por este tipo de imágenes. Es imposible saber si están cumpliendo la ley por la ambigüedad de la misma, y no está siendo un juez el que decide si se respeta la ley o no, sino la propia policía.

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© Daniel Mayrit

Has honrado en esta exposición a la Virgen María Santísima del Amor de Málaga. ¿Cuál fue su mérito?

La Medalla de Oro al mérito policial, que es el máximo reconocimiento que se le puede hacer a una agente o a una Virgen.

Y le has aplicado la norma. ¡La has pixelado!

Efectivamente. Se trataba de sentar las bases del trabajo, entre el humor, el sarcasmo y la crítica ácida. Y si ella tiene el mérito policial será porque es parte del cuerpo de policía y está dentro de los parámetros de la Ley Mordaza. Hay que señalar que la medalla se denunció en los tribunales y los jueces dieron la razón al Ministerio de Interior, y se ratificó la condecoración.

Esto también relaciona la exposición con otra institución que durante siglos ha velado por qué tipo de imágenes se podían contemplar. La Iglesia ha sido la mayor censora y la que todavía apela a qué imágenes son blasfemas y cuáles no, y ha influido de muchas maneras en el mundo del arte.

Algo de eso hay. De hecho no hemos elegido cualquier representación, sino la imagen que sale en procesión. La propia palabra “imagen” se utiliza para los santos que se sacan en procesión. Y muestra la laxitud de la palabra imagen. Como tú dices, la Iglesia es el mayor generador de imaginario a lo largo de la historia occidental. He tejido eso para hacer algo con la palabra “imagen”, sin espíritu de blasfemia, sino de cumplimento estricto de la ley.

Además en la exposición hay un vídeo “censurado”. ¿Por qué?

Se trataba de fragmentos de vídeos que correspondían a represiones de manifestaciones, protestas que se encontraban en Youtube. Hablando con un abogado, me dijo que era la única pieza que podía infringir la ley. Y es curioso porque es la única pieza que utiliza imágenes que ya existían antes de que existiese la ley mordaza, y siguen estando colgadas en la red. Pero reutilizarlas y difundirlas de manera diferente podía incurrir en delito. Esto es ciertamente perverso, es una ley que prohíbe cierto tipo de representación de forma retroactiva. Pero, ¿hasta cuándo? ¿Están incluidas las imágenes de los grises en los cincuenta? ¿Las huelgas generales de los 90? Al final optamos por incluir el vídeo en negro, pero respetando el audio, porque no se distinguen las voces de los agentes. Pero habla del clima que se respira en las represiones policiales.

Y eso se relaciona con una última pieza, que representa a policías antidisturbios descontextualizados, cada uno en una postura.

Desde el principio me planteé el trabajo con piezas visualmente diferentes que apuntasen todas en la misma dirección. Pero no me interesa tanto apuntar a los agentes o a la policía como estamento, sino al poder político que ha generado esto. Y descontextualizando o aislando a estas figuras antidisturbios en diversas posiciones extraídas de cargas policiales y con el montaje de la exposición se refuerza la sensación de coreografía. Hay un coreógrafo que está por encima, que dirige el ballet. Es todo un gran baile dictado por los de arriba.

De hecho, la exposición está presidida por una foto del Ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz.

En la exposición hay varios altos cargos en las fotos, precisamente, y esto me parece la mayor ironía de todo, porque los que han desarrollado la ley no están amparados por ella. Y también está puesta como referencia a esas fotos del Rey que hay en cualquier institución pública. Porque el responsable de todo esto es precisamente el Ministro.

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© Daniel Mayrit

La paradoja es que esto se produce cuando ha desaparecido el riesgo directo de sufrir un atentado por parte de ETA. Antes, los periódicos (que no las televisiones, curiosamente) pixelábamos a los policías como un acto de responsabilidad de manera voluntaria. Y ahora que ya no es tan necesario, surge esta ley. ¿Cuál es para ti el motivo?

Siempre habrá una excusa. Siempre habrá la posibilidad del terrorismo o cualquier otra excusa para justificar la necesidad de controlar. Y cada vez más. Tras ETA vino Al Quaeda y luego Isis y luego vendrá otro. Y los que han hecho la ley no reconocen que ETA ya no es una amenaza. Es populismo de derechas: si no es el terrorismo, son los refugiados, y si no, los masones. Siempre hay algo que perturba nuestra seguridad.

Lo curioso es que la estrategia y los resultados en EE.UU. son completamente diferentes. Allí la violencia policial está más de actualidad que aquí, con casos muchísimo más extremos. Sin embargo allí están obligados a grabar todo lo que ocurre, con cámaras en los cascos o los coches. Y cuando se difunden no hay consecuencias contra los que las publican. Aquí la estrategia es que no existan imágenes. Y si hay alguna enseñando un delito o un crimen, no se apunta al crimen, sino al que ha filtrado las imágenes. Dos formas muy diferentes de abordar el mismo problema.

¿Por qué ha habido tan poca reacción respecto a esta ley? No ha sido una ley públicamente contestada.

Porque no nos atrevemos. Se ha generado un clima de miedo y represión para que al que se salga del redil se le pueda aplicar la Ley Mordaza, la Ley de Enjuiciamiento Criminal, el Código Penal que también se ha cambiado. Se ha generado un miedo que evita la contestación. Pero esa pregunta también me la hacía con el proyecto anterior.¿Por qué no hay más trabajos que estén hablando de la crisis, pero de los responsables? ¿Por qué no hay profesionales de la imagen tratando estos temas?

Algo así me preguntaba yo también. ¿Por qué hay tan pocos trabajos políticos? Son muchos los fotógrafos preocupados por el álbum familiar, sus conflictos íntimos, con proyectos personales. Pero con una fotografía como la española en un momento tan efervescente, apenas hay trabajos vinculados a la actualidad que estamos viviendo.

Pues yo creo que porque no nos atrevemos. En ese sentido había un artículo en La Marea que hacía referencia al conflicto que tuvo Pablo Iglesias con un periodista de El Mundo que decía “con Pablo sí nos atrevemos”. Lo mismo que hizo Iglesias increpando a un periodista ha pasado durante muchos años y con el resto de políticos nunca se han atrevido. Pues los fotógrafos tampoco se atreven.

Y tú, ¿por qué si te atreves en lugar de hacer una revisión de tu álbum familiar?

Pues puede que por la misma razón por la que los del álbum lo hacen. No creo que sea racional. Yo no decido que me gusta la fotografía y que me gusta la política de forma racional. Me viene de dentro y no lo puedo evitar.

¿Este proyecto acabará siendo un fotolibro ?

Ninguno de mis trabajos me lo imagino como un libro. No pienso en el formato antes de tener las imágenes. Con éste, la exposición queda bien. Pero no me gustaría que se quedara en esto, porque las exposiciones no son el lugar donde las cosas ocurren. No sé aún dónde va a llegar. De todas formas, una de las piezas vive on line, ya que es una cuenta de Instagram. Hay alguna conversación para el fotolibro, aunque no hay nada concretado, y hay más material que no está en esta expo.

En una cita anterior me contabas que huías de hacer exposiciones que generaran un simple “Ah, qué curioso”, y que luego el espectador se fuera a casa a hacer otra cosa. ¿Crees que estás consiguiendo superar esa barrera?

Poco a poco. Me cuesta. Es difícil, pero cada vez me cuesta más dar forma a los proyectos porque el cuerpo me pide más la interacción. Y no porque la interacción vaya a salvar el arte del s XXI, sino porque la imagen en una pared para ser mirada se queda corta. Me interesa afectar al mundo, o a los medios de comunicación.

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© Daniel Mayrit

¿Podemos cambiar algo desde el mundo del arte?

Creo que sí, pero soy un idealista. Pero no sólo desde el mundo del arte. Un amigo me decía que el arte afecta a una élite (publicistas, diseñadores…) y esto acabará decantando en la sociedad. Pero yo no creo que funcione así. El arte sin una acción directa, no cambia nada. Eso sirve para cualquier ciudadano, si tu vida no rema en la misma dirección, apaga y vámonos.

Con el arte, podemos actuar como un virus que afecte al sistema, pero con el riesgo de acabar siendo una simple vacuna que inmuniza a ese sistema, ¿no?

Si quieres un poco de maquillaje, desde el arte es muy sencillo aplicar colorete y una sombra de ojos. Pero va a seguir siendo la misma cara. Si queremos un cambio de verdad, hay que hacer algo más. El sistema está tan bien montado que es capaz de apropiarse de cualquier discurso crítico, incluidos los míos. La quintaescencia de esto fue un concierto de Beyoce en la Super Boul en la que aparecía la palabra feminismo justo detrás de la cantante con millones Leeds. Cuando ella es lo antitético, se convirtió en la diva del feminismo.

Haciendo un recuento personal, has ido obteniendo cierto reconocimiento, has ganado el Paris Photo con tu fotolibro. ¿Cómo ha cambiado tu trayectoria vital?

Soy una persona austera. Vivo sin lujos. El premio ni te cambia la vida, ni te haces rico. Sigo viviendo en un piso de 35 metros cuadrados y comprando en el Dia. Pero me ha dado la holgura de poder dedicarme a la fotografía y a todo lo que la rodea, clases, charles, alguna venta… Pero si quieres comparte un mercedes no te da.

© Roberto Villalón