‘Alguien que se para y que mira’

Si antaño pudo haber un tiempo en el que las generaciones se sucedían unas a otras mientras las poblaciones perduraban, las ciudades modernas parecen haber invertido la relación, y los ojos no tienen más que mirar ahí delante para darse al pasmo de las ruinas. El peso de los cuerpos inscribe su huella en los espacios que habita, poblándolos de presencias; y alguien, desde el corazón del enjambre de antenas que suben desde los tejados de nuestras ciudades, se para a contemplarlas.

Techos desconchados, maderas gastadas o rotas, la combadura de unos peldaños doblegados bajo el peso de las pisadas… pasan cotidianamente bajo nuestra vista sin ser siquiera apercibidos. Pero el ruido del día a día ha desaparecido de estas fotografías, ofreciéndose a los ojos la ciudad sin sus ciudadanos; y, en ese silencio, las cosas son ofrecidas demoradamente a la vista, que percibe un rastro. Los mercados vacíos, las calles despobladas y los bancos sin paseantes son así habitados por la mirada.

Una mirada que consigue arrancar belleza tanto a las huellas de la memoria como a la pobreza del presente en un acto de recogimiento a través del cual las cosas nos son devueltas en un silencio inquietante, como si ellas fueran sin nosotros. Hay que pararse a oírlo, ese tiemblo cargado de formas congeladas y de ruinas, en el que está vibrando la contradicción.

Y hay que entenderlas como documento, esto es como puesta en movimiento de una mirada que se hace cargo de las cosas, que no las borra o las esconde en su proyectarse en ellas, sino que en ellas mismas se retrata. Lo único que se mueve en ellas son los árboles, separados los unos de los otros por el cemento.

Max Hidalgo Nácher

Ignacio Gómez Sales (Castellón, 1980) cursa estudios de Fotografía Artística en la escuela EASD Serra i Abella de Barcelona, así como en el IEFC antes de instalarse en París en 2009 para cursar el Máster de Photographie et Art Contemporain de la Universidad París 8. En ese marco escribió una tesina sobre Los aspectos político-sociales en la fotografía de creación en España durante la transición.

“Mi interés por la fotografía parte de las artes plásticas. Concibo mis imágenes desde un punto de vista pictórico en que el uso de los tonos y la composición de los elementos juegan un papel primordial. Lo instantáneo y lo azaroso están prácticamente ausentes. A grandes rasgos, mi trabajo fotográfico es un intento de representar un aspecto metafísico del espacio. La materia inerte revela a través de la fotografía su fuerte presencia, y lo que parece banal puede desdoblarse en una imagen extraña. Lo que me fascina de la fotografía es su capacidad para crear un doble de lo visible que es a la vez mimético y extraño al original”.

“Aficionado al cine negro, cuya estética ejerce una influencia en mi trabajo, mis referencias en la imagen fija parten de dos concepciones aparentemente opuestas de la fotografía: por un lado el paisaje documental, por otro las obras en las que se produce una relación entre la imagen y el pensamiento mágico”.
“Generalmente trabajo con película y cámaras de medio formato. El sistema analógico obliga a imaginar antes de disparar, obliga a construir una imagen mental pre-fotográfica, un proceso que se vuelve innecesario con la instantaneidad y la perfección del sistema digital. Desde 2009 vivo y trabajo en Paris”.

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