El informe “Alfabetización visual y adolescencia” alerta de carencias críticas en la interpretación fotográfica de los adolescentes, a partir de una encuesta en Cataluña dirigida a cerca de 2.000 jóvenes de entre 12 y 19 años centrada en imágenes fotográficas documentales.
En una sociedad donde la imagen se ha convertido en el lenguaje dominante —un fenómeno acelerado por la irrupción de la inteligencia artificial y la crisis de veracidad—, una generación que vive inmersa en fotografías no está suficientemente capacitada para leerlas críticamente. Esta es la conclusión central del informe “Alfabetización visual y adolescencia”, un estudio pionero elaborado por la Fundación Photographic Social Vision, con el apoyo del proyecto europeo de investigación Visual Trust de la Universitat de Barcelona.
El diagnóstico, basado en una encuesta a cerca de 2.000 jóvenes de entre 12 y 19 años en Cataluña, sitúa la educación visual como una competencia esencial para formar ciudadanos conscientes y creativos.
La investigación desvela que, a pesar de la familiaridad constante con la imagen fotográfica documental, la mayoría de adolescentes realiza un consumo veloz y superficial. El análisis profundo de sus elementos visuales resulta ser una carencia alarmante: si bien captan el sentido simbólico global de una fotografía, tienen dificultades para describirla, analizarla e interpretarla en profundidad.
Los datos son contundentes: solo un 2% de los encuestados sabe describir de forma precisa y simbólica la imagen a la vez que sabe interpretarla en su sentido más profundo. Este fenómeno demuestra que interactuar con imágenes no equivale a comprenderlas, un déficit que se convierte en una prioridad pedagógica.
El Paradigma de la Confianza Social y la Privacidad
El estudio revela un cambio de paradigma en los criterios de veracidad que maneja la juventud. La confianza se ha desplazado de las fuentes institucionales a los círculos personales: un 41,6% de los adolescentes asegura confiar en una imagen porque ha sido compartida por una persona cercana, muy por encima de criterios como el medio donde ha sido publicada (17,8%) o la verosimilitud del propio contenido (12,2%). Este mecanismo, si bien refuerza los vínculos sociales, favorece la circulación acrítica de contenidos dentro de los círculos de amistad, el ámbito donde se debe incidir para dotarles de criterio.
En contraste con el tópico del uso indiscriminado, los adolescentes gestionan su presencia digital con una conciencia notable sobre la privacidad. El 66% opta por una circulación limitada de sus imágenes y un 94% utiliza plataformas que permiten un uso privado. El informe subraya que esta práctica fotográfica es intensa, pero reservada, guiada por la intimidad y la protección, lo que cuestiona el prejuicio de que realicen un uso irreflexivo en las redes. Además, demuestran una ética visual activa: un 62,5% afirma que nunca compartiría fotografías de contenido sensible, y la mayoría evita difundir imágenes sin el consentimiento de quienes aparecen.
La fotografía resiste y construye vínculos
Pese a la expansión del vídeo en plataformas como TikTok, la fotografía resiste como el lenguaje visual predilecto: el 81,7% de la juventud toma fotografías, mientras que solo un 35,8% graba vídeos. Su práctica es esencialmente social y afectiva: la imagen funciona más como una herramienta relacional para construir y reforzar vínculos —fotografiando a amistades, familia y momentos de ocio—, rebatiendo el tópico del selfie narcisista.
Sin embargo, en su consumo, los jóvenes tienden a la desconfianza como mecanismo de autoprotección frente a la manipulación visual, y su consumo es fortuito y a menudo condicionado por los algoritmos, con un bajo porcentaje que realiza una búsqueda deliberada de imágenes. El informe apunta que esta desconfianza, aunque positiva, debe nutrirse con criterio y herramientas de análisis para evitar una mirada apresurada e insegura.
Cambio de Ppradigma: de la protección a la formación
La conclusión más relevante del estudio es la necesidad de un cambio de paradigma: pasar del discurso de la alarma y la protección —que la juventud ya tiene interiorizado— al paradigma de la formación crítica y creativa. El reto no es reforzar el discurso del peligro, sino dotar a los jóvenes de herramientas para comprender, cuestionar y producir imágenes con una mirada crítica, consciente y personal.
La investigación revela una desigualdad de acceso a la formación visual: los entornos urbanos y con mayores recursos muestran una correlación con una mayor capacidad crítica. Por ello, la educación visual es una responsabilidad compartida entre la escuela, la familia y la sociedad civil.
El informe recomienda a la administración pública incorporar la alfabetización visual como una competencia troncal en el sistema educativo, garantizando recursos y formación docente. A las familias se les pide conversar sobre las imágenes, analizarlas con la misma profundidad que los textos y evitar discursos basados únicamente en la prohibición.
La Fundación Photographic Social Vision ya aplica estas conclusiones en su programa educativo de la exposición World Press Photo en Barcelona, donde reciben a miles de escolares. Además, trabaja en una propuesta piloto de formación y recursos pedagógicos en educación visual para profesionales, buscando reforzar el espíritu crítico y creativo de la adolescencia y construir una sociedad mejor preparada para un mundo dominado por el lenguaje de la imagen.
