A través del sello Solar de Edicións, Javier Teniente en ‘Tras os montes’, propone un recorrido visual por el abandono del rural ibérico abordando temas como la memoria, la identidad y la disolución de los modos de vida tradicionales en las aldeas fronterizas, huyendo de la estética de la ruina, para proponer una profunda reflexión poética.
El reconocido fotoperiodista Javier Teniente (Vigo, 1968) ha presentado recientemente su nuevo fotolibro, ‘Tras os montes’, publicado en 2025 por la editorial viguesa independiente Solar de Edicións y que se puede comprar en Dispara.
En esta obra, el autor regresa a sus orígenes documentales para retratar el progresivo abandono de la España y el Portugal vaciados, explorando escenarios rurales limítrofes entre Zamora, Trás-os-Montes y otras regiones del norte peninsular. Lo hace con el propósito de trascender el mero inventario del deterioro y buscar la huella más íntima del paisaje y de sus gentes en un momento de crisis e inminente desaparición.

El abandono del rural ha estado en el foco de la fotografía documental en la península ibérica durante décadas. Desde que Virxilio Viéitez documentara en los años sesenta la vida cotidiana de las aldeas pontevedresas —y el rastro silencioso que dejaba la emigración en sus familias— hasta los trabajos más recientes que cartografían la llamada España vaciada, la fotografía ha acompañado con insistencia los procesos de transformación y declive de estos territorios.
El reconocimiento de su diversidad antropológica comparte espacio con la urgencia por documentar la desaparición progresiva de espacios y modos de vida tradicionales. Lo que varía de una propuesta a otra, y en ello reside el interés o la indiferencia del resultado, es la capacidad de cada mirada para trascender el inventario del deterioro y alcanzar algo que nos interpele más allá de la constatación.

En su análisis sobre la construcción ideológica del paisaje, J.A.P. Alexander dedica el apartado ‘Pastoral realities’ a examinar cómo la mirada sobre el territorio rural no es inocente ni neutral. La imagen del campo abandonado por falta de manos, de la aldea vaciada por la promesa de prosperidad de la ciudad, o de los últimos habitantes de una comarca largo tiempo en declive, funciona como un dispositivo retórico que puede oscilar entre la denuncia y la estetización de la pobreza, entre el testimonio y la nostalgia. No es un debate menor para la fotografía documental contemporánea, que lleva décadas negociando su relación con estos paisajes y sus gentes, sin terminar de resolver del todo la tensión entre la urgencia social y política del tema, y la seducción estética de la ruina.
Es oportuno mencionar el modo en que José Manuel Navia resolvió en ‘Alma Tierra’ esa tensión sin fractura. En su mirada sobre la España rural vaciada —honesta, comprometida y profundamente humanista— concurren con naturalidad lo documental, lo estético, lo narrativo y lo poético. No hay en ese libro condescendencia ni nostalgia edénica, sino una mirada y reflexión construida durante años de convivencia e intimidad con los lugares y las personas.

La combinación de registros —paisaje, retrato, interior, bodegón, material de archivo— se ha revelado como una de las estrategias visuales más eficaces para aproximarse a estos espacios en crisis, ya que permite al autor construir su discurso narrativo y apoyar los argumentos que definen su experiencia y pensamiento sobre la cuestión, al tiempo que le faculta para moldear una propuesta formal y conceptualmente coherente.
Además de Navia, autores como Ariadna Silva Fernández (‘Cartografia do esquecemento’), Brais Lorenzo (‘Habitar o baleiro’), Miguel Muñiz (‘Nordes’) o Adra Pallón (‘Lumes’) han aplicado la misma metodología fotográfica, desde distintas aproximaciones, en otros espacios y a otras realidades del rural español.
Es en estas coordenadas donde conviene situar el nuevo fotolibro ‘Tras os montes’ que estos días presenta Javier Teniente. El libro tiene el sello de Solar de Edicións, la editorial viguesa independiente fundada por Juan Gallego e Ignacio Pérez-Jofre y que en su catálogo de fotografía también incluye ‘Ensayo sobre la noche’ (2022), de Nacho Alonso, y ‘Hot España’ (2023), de María Meseguer.

‘Tras os montes’: en la portada este título y un paisaje de montaña atravesado por una carretera que se desvanece en la niebla introducen con eficacia la idea de frontera. El tacto áspero del papel y la consistencia del volumen subrayan el peso y la gravedad de la invitación. Es la experiencia de lo bello y lo sublime tal como Edmund Burke lo describiera, la pasión provocada por la grandiosidad y sublimidad de la naturaleza, cuando estas fuerzas actúan con mayor potencia, lo que nos atrae y produce asombro.
Al cruzar este límite nos encontramos con un texto, de carácter elegíaco, donde el autor relata dos visitas a una aldea fronteriza entre Zamora y la región portuguesa de Trás-os-Montes: la primera, en 2005, cuando el mundo rural aún latía —la matanza del cerdo, el horno comunal, los rebaños cruzando las calles al amanecer—; la segunda, en 2017, cuando ya todo eso había desaparecido.
Título e introducción construyen un marco de lectura: estamos ante un espacio y un tiempo límites, contemplando el abandono desde la mirada de quien regresa y reconoce el cambio que se ha operado en la tierra y en las vidas de quienes la habitan; vamos a ser testigos de un proceso silencioso de disolución. El topónimo se transforma en metáfora de lo que queda al margen, lo invisible que se sitúa fuera del mapa, y el preámbulo literario, además de reflexión personal del autor, nos sitúa en un contexto que se repite y valida con pocos matices a lo largo de la geografía rural de la península.

Esta licencia narrativa impulsa con eficacia el inicio de la obra y el discurso visual sostiene sin dificultad la diversidad de procedencias de las imágenes: los procesos de abandono del rural que el autor experimentó en Trás-os-Montes son trasladables a otras comunidades del norte de España.
Con extraordinaria contención, la secuencia se inicia con una breve progresión de imágenes que nos conducen desde los crudos paisajes invernales hasta el interior de las casas de cualquier pueblo. Contemplamos rostros y estancias donde se evidencia el paso del tiempo. Es aquí donde la mirada de Teniente encuentra su temperatura y el libro fluye con intensidad poética. Es también, en estas primeras páginas, donde resulta más notable la vocación personal del proyecto: el compromiso de no quedarse en un inventario visual del abandono, sino de dar un testimonio directo de la huella más íntima del paisaje, la identidad y la memoria.
En la definición de los retratos, una luz sin estridencias modela con precisión las texturas que el tiempo ha ido depositando en estos rostros, y la transición entre zonas enfocadas y difusas permite intuir la distancia física y emocional que confirma la impronta personal de un trabajo que va más allá de la retórica de la ruina.

A modo de paráfrasis, la secuencia inicial se interrumpe para ampliar el perímetro temático de la obra con sendas anotaciones que refieren la cuestión laboral y la supervivencia de tradiciones como posibilidad de resistencia. La primera mediante una colección de fotografías de temática minera, principalmente tomadas en Torre del Bierzo (León), que incluye una serie de retratos en plano corto de trabajadores de la mina. Aunque visualmente están muy alejadas del pronunciamiento inicial, y puedan suponer una ruptura con el anclaje conceptual que el título y la introducción prometían, el apunte complementa la configuración del paisaje y realidad rural de algunas zonas de la península.
La serie de retratos de aloitadores de la Rapa das Bestas de Sabucedo (Pontevedra) abre otro capítulo, apartándose de la representación que suele ser habitual de este evento —centrada en la acción y el tumulto— deteniéndose en los rostros de sus protagonistas. Son secuencias que tienen su propia fuerza y autonomía documental. Su incorporación ensancha el campo semántico del proyecto y señala cómo la existencia rural no solo se configura como un lugar de abandono y melancolía.
El libro se cierra recuperando el tono contemplativo del inicio: la niebla, el fuego, la ausencia, el silencio. Robert Adams escribía en el texto que introducía su libro ‘¿En qué podemos creer y dónde?’ una anotación que le proporcionaba la clave como fotógrafo de paisaje: «Veo lo que creo». Creer antes de ver: quizá sea esa la condición que distingue la fotografía del rural que aspira a algo más que la constatación del deterioro que mencionaba al principio.

Solo desde la posición de la experiencia que manifiesta Javier Teniente en el prólogo, el discurso sobre estos territorios adquiere la legitimidad necesaria para interpelar al espectador y podemos enunciar las mismas preguntas que Robert Adams se planteaba en sus fotografías del oeste americano: ¿qué es lo que la contemplación de estos paisajes y estos rostros nos lleva a creer? Desde nuestra pertenencia a una sociedad que ha adoptado modos de vida globalizados, lo rural ha sido relegado a un imaginario pastoral más sentimental que comprometido, ¿en qué nos está permitido creer sin que la empatía se quede en el gesto? Y si esas creencias nos llevan más allá de la nostalgia, ¿qué obligaciones se derivan de ellas? Que ‘Tras os montes’ nos deje con estas preguntas abiertas —y que su última imagen, en silencio, las sostenga— es quizá su contribución más valiosa: una invitación a considerar si estos espacios y modos de vida forman parte de nuestra identidad, y si preservarlos es todavía una forma viable de esperanza.

- Javier Teniente, Tras os montes.
- Solar de Edicións, Vigo, 2025.
- 112 páginas.
- 22,5 × 28,5 cm.
- Tapa dura.
- Edición de 500 ejemplares.
- ISBN: 978-84-125515-5-6.
- Precio 35 €.
