Homenaje de marie geneviève al gran Duane Michals, que se nos dejó huérfanos la semana pasada.
Siempre sospeché de una cierta timidez en ese gigante que acaba de írsenos por la tangente. Me sorprende, sin desconcertarme del todo, esa suerte de despedida a la francesa tras las mil carambolas a las que nos tenía acostumbrados: tanto invocar a la muerte como si se tratara de una amiga, no tan remota e infinitamente presente, me lleva a pensar que Duane Michals de verdad intentaba amaestrarla para, ¿quién sabe?, tal vez no temerla tanto.
Pues sí, nos ha dejado un Duane medio payaso capaz de escribir, con luz y con palabras, un mundo lleno de extrema sensibilidad y alto grado de hondura; y siempre lo echaremos de menos por un humor que, en tres palabras menores, transformaba sus travesuras en un cosmos de pura poesía. Lo echaremos de menos por introducir la sonrisa en este abismo de seriedad que es a veces la fotografía –bastante menos ahora que las generaciones más frescas se saltan con despreocupación las ya frágiles barreras del purismo–. Te echaremos de menos, Duane –ya lo veíamos venir–, por tu espontaneidad en la crítica, por mal que les sentara a algunos/as, por tu visión a veces atroz de la vida íntimamente precaria, o por tus piruetas desafiando el serio equilibrio del arte.
No sé ahora dónde tendré esa foto, en las aceras de la Mapfre de Madrid –Recoletos–, cuando, con una de tus manos sosteniendo la luz, nos pedías que le hiciéramos una foto a tu cara iluminada, tus rasgos borrados, tu mirada cegada, tu desaparición de entre nosotros, pero radiante. Se me antoja que tu forma de bromear no era sino una performance casi elaborada, un truco de magia dirigido a espantar el tedio y rescatar la fantasía del vivir, su gracia, su pasión; tu no dejarte vencer jamás por la fuerza retrógrada de las buenas costumbres.
Sí, te echaremos de menos, pero no estaremos tristes; tu rayo de luz ha inspirado muchos de nuestros instantes, fugaces pero memorables, bastante inolvidables. Ahora le toca al vasto océano el reírte las gracias y celebrar tu figura de espléndido, pero generoso, narciso.
Hasta siempre, maestro de lo invisible…
