Click en mi cabeza

Si una rosa es una rosa, ¿un gato en una foto es un gato? ¿Significa lo mismo si la foto es de «autor» o una «fotografía vernácula»? ¿Por qué fotografían gatos Ruth Montiel, Estela de Castro e Isabella Rozendaal? Blas González nos da algunas pistas.


En el libro ‘Los fotógrafos hablan sobre la fotografía: cómo miran, piensan y disparan los maestros‘ de Henry Carroll (Blume, 2018), se atribuye esta frase de Alec Soth con un gran titular: «Si en el fondo de tu corazón quieres tomar fotografías de gatitos, toma fotografías de gatitos», acompañando la conocida fotografía del masajista erótico Lenny posando con su perro, que pertenece a la serie ‘Sleeping by the Mississippi‘ (2004) del fotógrafo norteamericano.

Bien podría ser una indicación a que cada fotógrafo siga su instinto, pero el modo en que está enfatizada la frase, la utilización del diminutivo y el comentario que sigue después, más bien parece que Caroll quiere situar la práctica de fotografiar ‘gatitos’ exclusivamente en el ámbito de la fotografía vernácula, señalando tales sujetos sin ningún tipo de interés, relevancia o trascendencia para quien pretenda transitar por los elevados senderos de la fotografía de autor.

Tengo la sospecha de que la frase está convenientemente reformulada y sacada fuera de contexto y, si no estoy equivocado, esta pertenecería a una entrevista realizada por Blake Andrews en 2014, donde discutía con Alec Soth sobre si la utilización de imágenes en las redes sociales debe de ser considerada como una forma de autocomplacencia y superficialidad, o bien tenida en cuenta como un eficiente medio de comunicación informal en una sociedad mediatizada por lo visual:

[..] Mi esposa es enfermera. De hecho, se entrenó para cuidar de otras personas. Eso es impresionante. Si quiere tomarle una foto a su gato para compartirla con sus amigos… ¿qué tiene de malo? Es como decir que una postal es autoindulgente. ¿La gente solía protestar contra las postales…? «Eso no es literatura… y ¿por qué escribes constantemente sobre los lugares a los que viajaste?». Es comunicación informal.

Lenny, Minneapolis, MN (2002). Sleeping by the Mississippi. © Alec Soth (Reproducida por cortesía del autor)

Siguiendo con el mismo libro de Henry Carroll, con un titular igual de contundente y como reflexión sobre la fotografía abstracta, el fotógrafo James Welling afirma «No es que no me importe el contenido, sino que este no es el único modo con que una fotografía adquiere un significado«.

Cuando hablamos de significado en fotografía tenemos que señalar diferenciar entre el mensaje que la imagen denota y lo que connota, de lo que la imagen muestra y de los mensajes no codificados que tienen que ver con la intención del autor, las referencias sociales o culturales en los que esta intención se inscribe, los contextos de recepción del mensaje, etc.

En la fotografía abstracta ya no es un posible una lectura literal de la imagen, ya que cualquier referencia a la realidad ha sido ingeniosamente manipulada (desenfoque, macro, perspectivas inusuales, simplificación extrema de elementos de la composición, etc..) para evitar que el espectador reconozca al sujeto fotografiado. Se produce un desplazamiento del significado hacia una realidad imaginada -física o emocional- que nada tiene que ver con el valor factual de la imagen.

Si no es en el sujeto donde reside el significado último de la imagen (aunque tampoco este es independiente de aquel), habría, pues, una falacia en la utilización de la cita de Soth como justificación del razonamiento de Carroll acerca de la fotografía de autor. Problematiza al sujeto fotografiado, considerando superficial el acto de capturar «gatitos» en lugar de retratar a individuos musculosos posando en calzoncillos acompañados de un Rottweiler. Al fusionar en él mismo argumento prácticas fotográficas provenientes de distintos ámbitos, como las redes sociales y la fotografía de autor, se corre el riesgo de llegar a conclusiones erróneas.

Tal vez cuando Henry Carroll decidió titular la entrada dedicada a Alec Soth con tanta contundencia, estaba pensando en algún tipo de fotografía vernácula que se recrea en la repetida captura de objetos y situaciones cotidianas, ya sean mascotas, alimentos o selfies compulsivos, en contraposición a lo que un «verdadero» autor haría. Como punto de partida es correcto e incluso se podría aclarar que aunque necesidad de fotografiar que pueda tener una persona ordinaria, un aficionado o un autor quizá respondan a una misma pulsión, los resultados obedecen y ajustan a muy diferentes ambiciones.

El potencial de la fotografía como medio de representación se despliega de forma coral. Su capacidad para trascender la realidad y de generar significado depende de la concurrencia de múltiples imágenes bajo una misma intención. Aunque en una sola imagen fotográfica puedan reunirse los más notables atributos compositivos, rara vez un autor, un aficionado o una persona común concentrarán el significado de su proyecto, el destino del álbum familiar o el relato de sus vacaciones en una sola imagen.

La fotografía es un medio serial, la parte opera para el todo, y la declaración de este atributo por los conceptualistas a mediados del siglo pasado, fue la afirmación de la ansiada especificidad del medio. Mediante la edición de imágenes de un proyecto el autor revela su intención y de ahí se deriva el significado. Y aunque puedan existir fotógrafos que trabajan de forma episódica, respondiendo al impulso del instante decisivo, será mediante la compilación de series o proyectos, donde se dará unidad de significado al conjunto.

Del mismo modo que una nota o un silencio aislados no se constituyen en música y es mediante su agrupación en la estructura de una composición lo que constituye el discurso musical, el mensaje fotográfico se alcanza dando estructura y coherencia al conjunto de imágenes de un proyecto.

La cuestión del significado no tendrá nada que ver con la aparición o reiteración de determinados sujetos en las fotografías, sino con la habilidad que un determinado autor tenga de intuir y tejer una tercera capa de significado sobre sus imágenes, sean los sujetos de estos gatos o forzudos. No es el sujeto fotografiado el que legitima el proyecto, es la intención del autor la que lo ilumina y le da valor.

A modo de conclusión y confirmación de lo argumentado anteriormente, podemos referenciar a algunas autoras que han dirigido su cámara hacia los animales y, al igual que hiciera el fotógrafo americano Lewis Hine en el siglo XIX, han utilizado estas imágenes para crear conciencia de algunas realidades tan lacerantes como invisibles. Con registros muy diferentes estas tres autoras no solo han fotografiado gatos. Cada uno de sus trabajos tiene la entidad de un ensayo y es el resultado del posicionamiento desde donde sus autoras reflexionan sobre las complejas relaciones que el ser humano ha establecido con los animales y su entorno. 

Estela de Castro

Es reconocida la trayectoria como retratista de la fotógrafa española Estela de Castro (1978), poseedora de un personal estilo compositivo en el que se integran con elocuencia poética la figura humana, el espacio y la luz. En sus series de retratos se ha superado la estética inexpresiva (deadpan) que dominó la fotografía de retrato de finales del siglo pasado, en favor de una retórica que apuesta más por lo que me atrevería a denominar “la dimensión épica del personaje”. Este carácter performativo de las composiciones de la fotógrafa madrileña, quizá no tiene tanto que ver con cuestiones descriptivas, sino con elevar y dignificar a los sujetos retratados. Conviene recordar la cualidad que Walker Evans atribuía a la fotografía posada, que hacía al sujeto consciente de la presencia de la máquina fotográfica y participante activo del acontecimiento fotográfico.

Giraffa camelopardalis. Zoo de Madrid (2017). Zoocosis. © Estela de Castro (Reproducida por cortesía de la autora)

Por ello, no es extraño encontrar similares atributos formales y estéticos cuando los animales son los protagonistas de sus series. Si en ‘Zoocosis’ (2017) –proyecto colaborativo con Juan Cañamero– Estela de Castro recurre a un estilo más documental para denunciar el deterioro emocional y de comportamiento de los animales encerrados en los zoológicos, será en ‘The Animals’ (2023) donde la autora se traslade al estudio para desplegar su característica intuición y creatividad como retratista para capturar con exquisito detalle a una variedad de animales. En esa obra, fotografiando a los individuos en plano corto –y del mismo modo que lo haría si fuesen humanos– la autora hace un decidido alegato a favor de los derechos y dignidad de los animales. En cada uno de las imagenes de este proyecto, los sujetos retratados adquieren presencia gracias a la minuciosidad con la que han sido fotografiados.

El punctum de estos retratos se encuentra en la profundidad e intensidad de los matices, en la extraordinaria precisión que permite apreciar sus pelajes o plumajes en el mas mínimo detalle y en la intensidad de la mirada que cada animal. Mediante esta cercanía, el espectador toma conciencia de la otredad del sujeto retratato, de su realidad como individuo singular y único. Detrás de cada animal reconocemos una identidad y la existencia de una historia. En palabras de Rafael Doctor, quien firma el statement de este proyecto: “Ellos son nosotros, no hay distancia más allá de la que marca lo que desde nuestra forma de clasificar, controlar y dominar hemos llamado especie”.

Felix  (2020). The Animals. © Estela de Castro. Felix, de raza Maine Coon, fue abandonado por su criador y rescatado por la Fundación Animal Rescue. (Reproducida por cortesía de la autora)

Ruth Montiel Arias

La crítica al impacto humano sobre el medio ambiente y los animales, así como las implicaciones que derivan de la moral hegemónica y sus tradiciones, son los ejes sobre los que la fotógrafa Ruth Montiel Arias (1977) vertebra su práctica. Aunque ‘Bestiae’ (2017-2019) no ha sido su carta de presentación artística, si es una de las obras más reconocidas y significativas de la autora gallega. Se trata de un proyecto desarrollado con el apoyo de las ayuda a la creación de VEGAP, donde Ruth combina el plano documental y el simbólico para reflexionar sobre la cuestión de la caza. Es un trabajo crudo que sin otorgar concesión alguna a la esperanza, nos introduce en el lado mas siniestro de la caza, asesinato animal, donde el miedo y el dolor están tejidos a sangre y fuego. En las páginas del fotolibro, el discurso progresa sometido a tensiones enfrentadas, transitando entre lo irracional y el vacío, antes de que el acto final concluya dramáticamente.

Bestiae (2017-2020). © Ruth Montiel Arias (Reproducida por cortesía de la autora)

Ruth Montiel Arias presentó recientemente en el ayuntamiento de Ribeira la exposición ‘Callejeras’ (2024). Aunque hay un evidente cambio de registro con relación a ‘Bestiae’, la ambición y el compromiso animalista de la autora también inspiran este proyecto, cuyos protagonistas son los voluntarios que se dedican a rescatar “gatitos” callejeros y a proteger a las colonias felinas en la zona del Barbanza de la provincia de La Coruña.  El cuerpo principal de la obra lo conforman los retratos de personas posando junto al gato que cada una ha adoptado. Esta serie de dobles retratos -alguno hay triple- es formalmente concisa, los sujetos posando contra un fondo oscuro y concediendo el protagonismo al vínculo creado entre los individuos retratados. En el catálogo de la exposición se explica la peripecia vital de cada uno de estos animales y sus circunstancias actuales en los hogares de adopción.

© Ruth Montiel

En otra sección del trabajo, esta de carácter más documental, se describen los procesos de rescate, atención veterinaria y cuidados que reciben los animales por parte del grupo de voluntarias de la asociación Callejeros Barbanza. A pesar del  objetivo pedagógico que pueda tener la exposición y de la intención  de despertar conciencia sobre la situación especialmente penosa en la que se encuentran estos animales, la estrategia y rigor documentales con los que la autora ha desarrollado el proyecto confieren valor universal a la propuesta artística. Dentro de esta intención ha de entenderse la legibilidad de la colección de retratos individuales de los “gatitos” que se agrupan bajo el epígrafe “Á procura dun fogar” (a la búsqueda de un hogar). Tal como explicara el economista Paul S.Taylor  a Dorothea Lange en 1934,  cuando reclutara a la fotógrafa para la FSA y definía la motivación que debía mover  al fotógrafo documental: 

“Frente a una realidad bruta insignificante para el profano, el fotógrafo, como el geólogo, debe de separar los rasgos significantes y arrojar luz sobre sus causas, hacer leer una historia y un sentimiento allí donde los demás sólo ven piedras”.

Isabella Rozendaal

La relación ambivalente entre los seres humanos y los animales ocupa el interés de la fotógrafa holandesa Isabella Rozendaal (1983), que reflexiona sobre esta cuestión desde distintas perspectivas, identificando en sus proyectos las zonas de fricción que se producen en dicha relación. Sin dudas, dos de sus trabajos más destacados tienen que ver con la caza. 

Rozendaal se sumerge en ese mundo en 2007, siguiendo a cazadores de diversas culturas (Holanda, Alemania, Estados Unidos, Abu Dhabi o Brasil) y participando activamente en el proceso al aprender ella misma diferentes técnicas de caza, aprender a descuartizar las piezas cobradas o la elaboración de recetas de caza.

La obra ‘Isabella Hunts’ (2007-2019), exhibida en el Fotomuseum Den Haag (La Haya) a principios de 2019, muestra el resultado de este trabajo documental en el que estuvo inmersa durante más de una década. Con la publicación en 2020 del ensayo ‘Op jacht’ (A la caza), Rozendaal reflexiona sobre la cultura cinegética: 

Los humanos modernos amamos a los animales. Organizamos marchas de protesta cuando ciervos y caballos mueren de hambre en las reservas naturales, y consideramos a nuestras mascotas como miembros de pleno derecho de la familia. Sin embargo, comemos carne en masa y aceptamos la existencia de la ganadería industrial”. 

Perro con liebre en Hoeksche Waard, Holanda (2009). © Isabella Rozendaal

Aunque la violencia que exhiben las imágenes de caza sea explícita y estas fotografías puedan llegar a sacudirnos con vehemencia, en todos los trabajos mencionados anteriormente subyace una especie violencia estructural sobre la que se establece nuestra relación social con los animales y el difuso convencimiento de que cualquier clase maltrato animal siempre será una suerte de delito de muy baja intensidad. La cosificación animal que Rozendaal denuncia en ‘On Loving Animals’ (2007), en el que documenta la “cariñosa, indignante y compleja relación” entre algunos humanos y sus mascotas, forma parte de este complejo entramado cultural en el que resuena la “disonancia cognitiva entre nuestro amor a los animales y nuestra descarada explotación”, lo cual no deja de ser otro género de violencia.

Aquí, Rozendaal se asoma al ámbito doméstico para construir una tipología que refleja la forma en que los animales se integran en nuestras vidas y como en ellos proyectamos algunas de nuestras aspiraciones. Según la autora, en algunas de estas imágenes se muestra “la desconexión tragicómica entre la intención del dueño y la experiencia sentida por el animal”.

Dirkie, Highland Fold. © Isabella Rozendaal

Desde 2006, Isabella Rozendaal ha fotografiado sistemáticamente a las mascotas de Amsterdam y recientemente le ha sido concedida una beca para creación de inventario visual de las mascotas de la ciudad, con la intención de incorporarlas al repositorio documental de la ciudad. Este reconocimiento implícitamente otorga la cualidad de “ciudadanos” a ese colectivo de animales con los que compartimos vida y destino.