La Fundación MAPFRE presenta la primera gran exposición integral de Helen Levitt que profundiza en la totalidad de su archivo, recientemente abierto a la investigación. A través de nueve secciones y cerca de doscientas fotografías, la muestra disecciona la mirada de una autora capaz de capturar «la ambigüedad y la lírica de la vida urbana», desde sus primeros ensayos con la cámara de 35mm hasta su pionera incursión en el color y el cine experimental.

La exposición dedicada a Helen Levitt, que podrá visitarse desde el 19 de febrero hasta el 17 de mayo de 2026 en la sede de la Fundación Mapfre en el Paseo de Recoletos, propone un análisis exhaustivo de su lenguaje visual más allá del mito de la fotógrafa de niños.

Comisariada por Joshua Chuang, la exhibición se estructura en un recorrido que prioriza las preocupaciones estéticas y las series temáticas de la autora, permitiendo al espectador comprender cómo su mirada transformaba lo cotidiano en enigma. La muestra arranca con sus primeras obras, donde se observa a una artista en busca de un rumbo propio, alternando entre escenas sombrías de figuras postradas y un acercamiento documental cargado de ambivalencia. En este bloque inicial destaca el trabajo realizado en 1937 en el East Harlem, donde Helen Levitt se sintió atraída por los dibujos a tiza en las aceras.

© Helen Levitt

Estas fotografías, que documentan una especie de grafiti temprano, muestran a jóvenes habitando el espacio urbano de forma real e imaginada, conectando con el interés de la época por el arte folclórico y primitivo.

La influencia de sus contemporáneos ocupa un lugar destacado en el análisis de sus métodos de trabajo. Se detalla cómo su encuentro con Walker Evans hacia 1938 marcó un cambio técnico mediante el uso de un visor en su Leica que le permitía disparar de forma lateral, capturando la espontaneidad absoluta de sus sujetos. Esta sección muestra las imágenes de familias gitanas, tanto en interiores como exteriores, realizadas con la cámara de gran formato de Walker Evans, revelando una faceta de composición más pausada que contrasta con su posterior agilidad callejera. Inspirada también por Henri Cartier-BressonHelen Levitt se centró en los barrios de clase trabajadora, evitando la metrópolis glamurosa para buscar la complejidad de las relaciones humanas en los portales, las ventanas y las bocas de incendio de los barrios de inmigrantes neoyorquinos.

© Helen Levitt

Un punto de ruptura esencial en el recorrido expositivo es el dedicado a su estancia en la Ciudad de México en 1941. En estas salas se observa cómo la mirada de Helen Levitt abandonó el juego y el lirismo propios de sus escenas neoyorquinas para adoptar un tono de gran crudeza. Las imágenes capturadas durante esos cinco meses muestran la indigencia y las capas más bajas de la sociedad mexicana con una sobriedad que anticipa sus trabajos más maduros. Este bloque conecta directamente con la sección dedicada a la publicación ‘A Way of Seeing‘, un proyecto gestado junto al crítico James Agee. Las fotografías elegidas para este libro, que finalmente se publicó décadas más tarde, exploran temas como la alienación y la melancolía urbana, presentando los gestos de los transeúntes como si de una danza coreografiada se tratase, un concepto que la crítica ha comparado con la atmósfera de las pinturas de Edward Hopper.

© Helen Levitt

La exposición dedica un amplio espacio a la vanguardia cromática de la autora, destacando su labor tras obtener la beca Guggenheim en 1959. En una época en la que el color no era habitual en la fotografía artística, Helen Levitt utilizó diapositivas de gran densidad cromática para retratar la vida en barrios considerados peligrosos en aquel momento, como el Bronx. Lejos de buscar el sensacionalismo de la dureza ambiental, las imágenes de esta sección, muchas de ellas positivadas mediante el complejo proceso de transferencia de tintes, resaltan la dignidad de las personas que charlan en los escalones de las casas. El recorrido también aborda la pérdida de gran parte de este archivo en un robo en 1970 y su posterior resurgimiento creativo en 1974, cuando el conservador John Szarkowski impulsó su reconocimiento definitivo en el MoMA.

El bloque dedicado a su producción audiovisual y sus series de madurez presenta la película experimental ‘In the Street‘, rodada junto a Janice Loeb y James Agee, que funciona como una extensión en movimiento de sus encuadres fotográficos. Este cortometraje sin sonido, que más tarde incorporaría el acompañamiento al piano de Arthur Kleiner, captura la esencia de la calle 104 de Nueva York como un teatro social permanente. El itinerario concluye con sus trabajos realizados entre mediados de los setenta y los noventa, donde la autora regresó al blanco y negro para documentar el metro de la ciudad y otros escenarios de Brooklyn o Nuevo Hampshire. Como subraya el fotógrafo Joel Sternfeld, la obra de Helen Levitt expuesta en esta retrospectiva demuestra que sus personajes poseen una inteligencia y una humanidad sencilla que trasciende cualquier clasificación simplista del género documental.

© Roberto Villalón

Helen Levitt

Helen Levitt (1913-2009) nació en Bensonhurst, un barrio de Brooklyn, en el seno de una familia de origen ruso-judío. Desde joven mostró una gran sensibilidad artística, alimentada por su amor por el cine mudo, la literatura y las artes escénicas. Aunque abandonó el instituto antes de graduarse, su curiosidad la llevó a explorar el mundo de la imagen desde muy temprano. Su formación en fotografía comenzó como aprendiz en un estudio del Bronx, donde adquirió conocimientos técnicos fundamentales. En 1934 compró su primera cámara y, poco después, se unió a la New York Film and Photo League, un colectivo comprometido con el cambio social a través de la imagen. Fue allí donde conoció a Henri Cartier-Bresson, cuya influencia fue decisiva para que Helen Levitt se dedicase a la fotografía de forma independiente.

Entre 1938 y 1942, Helen Levitt capturó muchas de las imágenes que la consagrarían como una de las grandes fotógrafas del siglo XX. Recorrió barrios como Spanish Harlem, el Lower East Side o Brooklyn documentando la vida cotidiana en las calles, especialmente la de los niños, con una mirada sensible y sin artificios. Su obra comenzó a difundirse en revistas como ‘Fortune‘ y ‘PM‘, y en 1943 The Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York le dedicó su primera exposición individual. A lo largo de su carrera, Helen Levitt también experimentó con el cine y la fotografía en color. Desde mediados de la década de 1940 filmó en las calles de Nueva York un documental que se convertiría después en la película ‘In the Street‘ y, como directora de fotografía, colaboraría en ‘The Quiet One‘.

© Helen Levitt

En 1959 se le concedió una beca Guggenheim para explorar nuevas técnicas cromáticas. Aunque un robo en 1970 hizo desaparecer una gran parte de su trabajo en color, retomó la fotografía un año después y en 1974 el MoMA proyectó una selección de sus dispositivas. Durante las décadas siguientes, Helen Levitt continuó fotografiando de forma intermitente, regresando al blanco y negro y explorando nuevos escenarios, como el metro de Nueva York o zonas rurales del noreste estadounidense. Su obra, marcada por la ambigüedad y la emoción contenida, ha sido reconocida internacionalmente por su capacidad para capturar momentos fugaces de conexión humana en entornos urbanos complejos.

Comisariada por Joshua Chuang, la exhibición se estructura en