‘Gonzalo Juanes, una incierta luz’ recoge algunas de las imágenes del fotógrafo gijones, conectado con el grupo Afal.

La Sala Canal de Isabel II de la Comunidad de Madrid presenta ‘Una incierta luz’, exposición en torno a la figura de Gonzalo Juanes, fotógrafo gijonés cuya obra, pionera en el uso del color en la fotografía documental permaneció en gran parte oculta y sólo tardíamente fue reconocida. Comisariada por Chema Conesa, la muestra descubrirá al público el particular universo de este fotógrafo asturiano del 28 de mayo al 21 de julio.

Gonzalo Juanes (Gijón, 1923-2014) eligió la fotografía como una vía de expresión personal, no sujeta a mayores compromisos que la fidelidad hacia sí mismo. Su profesión como perito industrial en una multinacional le permitió construir una lúcida obra fotográfica sin ataduras, que su humildad y su exigente autocrítica mantuvieron fuera de la luz.

Participó en el imprescindible grupo AFAL (Asociación Fotográfica Almeriense) como amigo, colaborador y teórico de los postulados que renovaron el lenguaje de la fotografía documental en nuestro país durante el pasado siglo.

“Su inteligencia, sensatez y sensibilidad le concedieron en el grupo un cierto hálito de fotógrafo y erudito colega. Defendió la fotografía como fruto de una actividad intelectual y sostuvo la inexcusable impronta de la mirada subjetiva del autor sobre la mera reproducción óptica de la realidad”.

Entabló excelentes relaciones con autores como Oriol Maspons, Gabriel Cualladó o Carlos Pérez Siquier, y siempre con el más cercano, su paisano y eterno amigo Joaquín Rubio Camín, así como ejerció de escritor, crítico y analista de obras publicadas por otros grandes fotógrafos de la época, de Cartier Bresson a Wiliam Klein.

© Gonzalo Juanes

En palabras del comisario de ‘Una incierta luz’, Chema Conesa, “como amante de todas las disciplinas artísticas clásicas y modernas, Juanes nunca sobrevaloró la fotografía, ni se consideró artista, solo un feliz practicante de un lenguaje expresivo en tono menor”. Sólo la insistencia de miembros del grupo AFAL consiguió la publicación de alguna de sus fotos. Su obra fue reconocida sólo tardíamente por medio de una exposición en su Gijón natal a los ochenta años.

Estructurada en cuatro plantas, ‘Una incierta luz’ es un recorrido atemporal por la vida del fotógrafo asturiano. Según Chema Conesa, comisario de la exposición, Gonzalo Juanes “nunca vivió de la fotografía, pero la habitó como su auténtico credo, llevó su Leica siempre colgada y aprovechó cualquier situación para obtener respuestas a sus inquietudes en forma de imágenes. Se sirvió de la fotografía que en su propia voz debía ser «sencilla, de modesta apariencia, intencionadamente de tono menor. Un simple documento en el que se intenta captar un fugaz momento de lirismo».