La fotógrafa cubana Moník Molinet expone su proyecto ‘Abuelas y abuelos prestados’ que ilustra las ausencias familiares y los ecos de la memoria.

La inauguración de ‘Abuelas y abuelos prestados’, el pasado 17 de noviembre, convirtió el espacio cultural Malecón Art 255 en uno de los escenarios centrales de la 15ª Bienal de La Habana («Horizontes Compartidos»).

La exposición de la fotógrafa cubana Moník Molinet, comisariada por Lorenzo J. Torres Hortelano, catedrático de comunicación audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos se puede disfrutar hasta el 28 de febrero en la capital cubana. Esta propuesta artística, “entre la introspección y la experimentación visual, invita a reflexionar sobre las ausencias familiares y los ecos de la memoria, cuestionando los límites entre la realidad y su representación”.

El proyecto ha recibido recientemente un par de galardones internacionales que dan cuenta del interés que he despertado: Mención honorable del Innovate Grant y OD Photo prize Selección del Jurado.

© Moník Molinet

La exposición

La muestra reúne 24 fotografías que, a través del autorretrato y la interpretación actoral, recrea escenas domésticas, construyendo una memoria familiar inexistente: la relación de la artista con sus abuelos. Moník Molinet compone estas imágenes a partir de una memoria familiar no vivida, pero recreada desde su mirada artística y personal.

En esta serie fotográfica, Molinet da vida a una memoria imaginada —mas no ficticia— mediante el poder evocador de la fotografía y la interpretación actoral. Nueve actores y actrices encarnan a los abuelos ausentes en escenas recreadas en cuatro hogares reales de La Habana, espacios que se transforman en universos íntimos y simbólicos.

Para ello, combina dos enfoques narrativos: la intimidad de «la cuarta pared», que envuelve al espectador en el universo doméstico representado, y el distanciamiento crítico del «Verfremdungseffekt» brechtiano, que rompe con la ilusión para revelar la artificialidad de la escena logrando que el espectador no sólo observe, sino que participe activamente en la construcción de esta memoria compartida.

La exposición trasciende el marco fotográfico mediante intervenciones performáticas en el espacio público, una videoinstalación que documenta el proceso creativo y las performances, y una imponente gigantografía instalada en La Habana Vieja, que resignifica la frontera entre lo privado y lo colectivo.

© Moník Molinet

Un relato íntimo con resonancias universales 

Este proyecto, que celebra además los diez años de la artista trabajando con el autorretrato, invita a reflexionar sobre cómo la memoria no es tanto una realidad vivida, sino un constructo compuesto de recuerdos, anhelos y narrativas compartidas. Molinet reconstruye estas escenas a partir de anécdotas y deseos personales, evocando vivencias con abuelos, reales o imaginados.

Conocida por su activismo feminista y su capacidad para deconstruir imaginarios culturales, Moník Molinet dirige ahora su mirada hacia un ámbito profundamente personal. En «Abuelas y abuelos prestados», transforma la ausencia de figuras familiares en un motor creativo que explora temas como la fragilidad de las conexiones generacionales, las migraciones y las separaciones forzadas.

En palabras de la artista: «Estas imágenes son un intento por construir una memoria que nunca tuve. Al prestarmeabuelos, no solo invento recuerdos personales, sino que también creo un espacio colectivo para reflexionar sobre lo que significa la familia en nuestra identidad».

En el contexto cubano, los abuelos desempeñan un papel fundamental no sólo como guardianes de la memoria familiar, sino también como pilares del cuidado intergeneracional, especialmente en un país marcado por migraciones que a menudo separan a las familias. La presencia de los abuelos asegura la transmisión de valores, historias y tradiciones que sostienen la identidad colectiva en medio de los desafíos sociales y económicos. Esta dimensión amplifica la resonancia de la obra de Molinet, pues evoca no sólo las ausencias individuales, sino también el impacto profundo de esas figuras en la estructura emocional y cultural de la sociedad cubana. Todo un homenaje a esas presencias ineludibles que, incluso en su ausencia, dejan huellas imborrables.

Moník ha conseguido llegar al público de la Bienal, pues como ella ha declarado emocionada tras la inauguración:  «Ha sido muy emocionante. Me ha sorprendido como las personas han encontrado en el proyecto una historia clara y que les invita a hablar de cosas íntimas, a rememorar dolores, alegrías…; está muy intenso y, además, se sienten en la confianza de acercarse a mí y contármelo».

© Moník Molinet

Un espacio para habitar la emoción

El escenario de Malecón Art 255, dirigido por la destacada artista Lizt Alfonso, potencia la experiencia sensorial de la exposición. Este espacio, ubicado en uno de los enclaves más simbólicos de La Habana, envuelve al visitante en un recorrido visual cargado de melancolía y gratitud, evocando tanto la dulzura de la infancia como la irreparable fragilidad de la vejez.

El programa incluyó un performance inaugural con la participación de la artista y la compañía Lizt Alfonso Dance Cuba, y actividades complementarias como una charla con la periodista feminista Ania Terrero y una conferencia sobre la relación entre arte y autoestima.

La producción técnica combina fotografía digital y analógica, utilizando papel Hahnemuhle y métodos de montaje de calidad museística. Este cuidado garantiza tanto la excelencia visual como una experiencia emocional inmersiva. 

El diseño del espacio expositivo en Malecón Art 255, distribuido en dos plantas, amplifica la experiencia sensorial, permitiendo a los visitantes sumergirse en una atmósfera íntima que evoca tanto la calidez de la infancia como la melancolía de lo perdido.