Ros Boisier es investigadora, fotógrafa, editora. Especializada en narrativa y fotolibros y fundadora de la editorial Muga, analiza la actualidad del libro de fotografía chileno ejemplificada a través de tres títulos: ‘A-mor’, de Cristóbal Olivares, ‘El eje en la luna’ de Catalina Juger y ‘Torso’ de Nicolás Wormull. Boisier nos avisa: “La producción de fotolibros en el siglo XXI ha llegado a Chile para quedarse”.

En la última década, la producción editorial en torno a los libros de fotografía ha evolucionado en expresividad y experimentación artística y narrativa a causa de la constante innovación en los formatos, los materiales y las nuevas formas de construir relatos. El interés por los fotolibros se extiende y año a año se multiplican las ferias, los festivales y los premios dedicados a publicaciones que muestran proyectos fotográficos de autor. Al mismo tiempo, echa raíces una comunidad fotolibrera que utiliza Internet para compartir y comentar sus libros favoritos, asiste a ferias y festivales, a presentaciones de libros, a sesiones de The photobook clubs o de BookJockeys. Es este un aporte necesario que, sin duda, fomenta la construcción de una cultura fotográfica centrada en el libro, objeto de opinión masivo que se ha valido de su historia para luego ser repensado en el siglo XXI a partir de una nueva destreza digital que consolida su existencia y permanencia.

Repensar el libro de fotografía ha generado cambios en todas sus fases de producción, actualmente mejoradas gracias al trabajo de editores, diseñadores, impresores y distribuidores, profesionales más especializados, innovadores y exigentes que han incorporado a su quehacer los cambios que ha generado la revolución tecnológica con la impresión digital y la venta por Internet. Con ello, surgen editoriales independientes y la autoedición logra asentarse logrando más adeptos y prestigio internacional. Esta posibilidad de producción, difusión y distribución ha fomentado el interés en un público cada vez más heterogéneo, pero que no resulta suficiente para hacer sostenible el mercado.

Chile no es ajeno a esta tendencia y práctica (foto)editorial. A iniciativas como Ocho libros o LOM Ediciones, editoriales generalistas que albergan en su catálogo un importante número de estudios historiográficos, retrospectivas y fotolibros, se han sumado sellos independientes como Ediciones La Visita, proyecto pionero impulsado y dirigido desde 2008 por el periodista y fotógrafo español Miguel Ángel Felipe; Buen Lugar Ediciones, de los hermanos Alejandro y Cristóbal Olivares, ambos fotógrafos; o FIFV Ediciones, iniciativa del Festival Internacional de Fotografía en Valparaíso, que ha publicado a distintos autores nacionales e internacionales con proyectos desarrollados en torno a la ciudad de Valparaíso durante las residencias artísticas que promueve el festival. Entre tanto, han surgido otros proyectos editoriales: es el caso de Sur Norte Editores, que de la mano de Javiera Novoa y Liú Marino han publicado en tres años doce revistas temáticas o, más recientemente, NN Ediciones, de Catalina Juger y Héctor López, creada con el propósito de dar visibilidad a sus propios proyectos fotográficos.

Tres fotolibros chilenos

Ver e interpretar fotolibros podría dar pie a una reflexión sobre los temas contemporáneos que interesan a los autores y las estrategias y metodologías utilizadas en el desarrollo de un proyecto fotográfico personal. Mediante los libros podemos conocer distintas interpretaciones sobre una época, un contexto, una historia; ya no desde la imagen aislada, sino a través de un corpus fotográfico que ejerce como sustancia metafórica y discursiva, y no sólo descriptiva.

‘A-mor’, de Cristóbal Olivares

‘A-mor‘ (Buen Lugar Ediciones, 2015) es un libro de Cristóbal Olivares (Santiago, 1988), una investigación fotográfica sobre feminicidios cometidos en Chile. Una exploración documental realizada a través de un intenso viaje por distintas ciudades del país entre los años 2012 y 2015. El trabajo de Olivares se construye a partir de datos obtenidos en la investigación periodística realizada por los medios de comunicación. El autor rescata de cada experiencia las marcas que quedan en los lugares y en las familias a causa de la violencia. Trágicas y conmovedoras historias de mujeres agredidas por sus parejas en el silencio de una clase media y baja de un país en desarrollo, un problema global que sólo sabe de estadísticas negativas: niños huérfanos y familiares en duelo.

Premio POY Latam 2017 al mejor libro del año, ‘A-Mor’ está construido a partir de múltiples recursos narrativos. Con el respeto que reclaman los temas sociales, su autor indaga en el álbum familiar de las víctimas; interactúa con los familiares que se abren al diálogo y al testimonio; fotografía espacios comunes, prendas íntimas; accede a cartas, diarios de vida; escarba en la hemeroteca nacional para apropiarse de recortes periodísticos y recolecta documentos de denuncia policial; y todo ello es utilizado en el libro como un cable conectado a tierra, logrando un testimonio de realidad pura. Un trabajo comprometido que ha llevado a las páginas de un libro las piezas clave de una investigación de campo de largo aliento y alta emotividad. En ellas se encuentran fotografías realizadas por el autor, reproducciones de imágenes del álbum familiar, imágenes capturadas de la televisión, recortes de prensa, relatos de familiares y otros agentes implicados en el proceso (como forenses, policías, etc.). Además se incluyen páginas anexas a la encuadernación, se trata de documentos que consiguen inyectar una sensación de plena veracidad a este trabajo; en este caso, la noción de absoluta realidad. ‘A-Mor’ es una propuesta necesaria para remover la conciencia de una sociedad actual cegada por el individualismo y las conductas machistas.

‘El eje en la luna’ de Catalina Juger

El eje en la luna’ (NN Ediciones, 2016) es el primer libro de Catalina Juger (Santiago, 1990). La autora indaga en el universo de Nelly, Vasca, Ruth y Norma, cuatro mujeres que deciden vivir aisladas en distintos entornos rurales de los cuatro puntos cardinales de la geografía chilena. A través de las imágenes, olores y colores que las protagonistas proyectan, Catalina Juger investiga sobre la libertad y la soledad de estas mujeres, pero también sobre su propia experiencia. Mediante el viaje explora la representación de la dignidad y la convivencia con el paisaje.

El libro está compuesto por cuatro volúmenes, uno por cada mujer protagonista, contenidos en una caja de cartón. La puesta en página de cada volumen sigue patrones comunes que determinan una estructura idéntica en su forma aunque no en su contenido, una apuesta editorial arriesgada porque, a pesar de resultar previsible (evidencia la experiencia del viaje y el encuentro con las protagonistas), sin duda funciona con total acierto dado la heterogeneidad y singularidad de los territorios representados.

Héctor López, editor de NN Ediciones y autor del texto de ‘El eje en la luna’, reflexiona sobre la trascendencia y la sensibilidad y sobre el aspecto diegético de este registro fotográfico. López advierte que “esas mujeres, en esos cuatro puntos geográficos, en ese contexto de paisajes y objetualidades que forman parte superlativa del trabajo, se transforman en la excusa para darle forma a una obra que sobrepasa la evidencia del registro”. Entonces es inevitable pensar en la autora y en sus motivaciones, en el viaje como ejercicio de búsqueda personal, en la fortaleza y sencillez de las protagonistas, en los paisajes del silencio y en el posible mensaje que se conjuga entre imágenes y textos que como mínimo nos harán pensar (de manera más o menos empática) en nuestra propia manera de experimentar la vida.

‘Torso’ de Nicolás Wormull

Torso‘ (André Frère Éditions, 2017) es el cuarto libro en cinco años de Nicolás Wormull (Santiago, 1977). Para intuir el trasfondo de este libro conviene conocer la anterior obra del autor, donde se pueden encontrar rastros con los que crear diferentes relaciones entre imágenes con muy diversos significados. En ‘Corazonada’ (T&G Publishing, 2012), ‘República’ (Buen Lugar, 2015), ‘Stay’ (André Frère Éditions y FIFV Ediciones, 2015) y ‘Torso’, se establecen relaciones y citas fotográficas que siempre indagan en un mismo tema: las preocupaciones del autor sobre su propia existencia, donde se representa lo íntimo y lo cotidiano, siempre desde una marcada estética diferenciadora. En sus fotografías se muestra el carácter de un fotógrafo inquieto que responde a impulsos visuales, a instantes reveladores de realidades dispares, características que en el trabajo de Nicolás Wormull se vuelven complementarias (quizá necesarias), y, sin duda, vitales para el autor.

Como es costumbre en sus libros, Nicolás Wormull trabaja en distintos niveles estéticos que se conforman como elementos narrativos y que pueden utilizarse como secuencias que conviven entre sí: tanto en ‘Torso’ como en ‘Stay’, ‘República’ o ‘Corazonada’ se mezclan estas miradas. Al conocer sus cuatro publicaciones es posible dilucidar cómo el autor elabora una red de asociaciones simbólicas que se vinculan a partir de imágenes en común, fotografías que una y otra vez utiliza en sus libros. Quizá el espectador deba hacer una primera lectura de estos libros para identificar aquellas imágenes que se repiten y estudiar las secuencias en un vaivén bibliográfico como en un re-conocimiento de escenarios, personajes y atmósferas que trazan el universo particular del autor: una experiencia hipertextual. El trabajo fotográfico de Nicolás Wormull es tan íntimo que la honestidad es su metáfora y su abismo. Se deja ver, no se esconde en una estética determinada. En sus imágenes ofrece los múltiples modos posibles de alguien en constante reconocimiento de su territorio personal.

Tres autores y tres libros publicados en los últimos tres años. Títulos que se diferencian de la (otrora) tradicional estética documental chilena que tanto ha marcado el imaginario fotográfico en Chile. Publicaciones que han dado un paso renovador en aspectos de conceptualización y diseño, una apuesta editorial a la altura de un circuito internacional cada vez más exigente que intenta alimentarse de lo rupturista y, a veces, del artificio plástico del libro como objeto. Los libros de Cristóbal Olivares, Catalina Juger y Nicolás Wormull son ejemplos de un (posible) panorama actual chileno más amplio que poco a poco se hace sitio en el mercado latinoamericano.

Otros libros, otras instancias

Resulta necesario, no obstante, nombrar a otras publicaciones e iniciativas que comprenden este despertar editorial y que conforman un catálogo nacional de revisión imprescindible para dilucidar la actual producción. Algunos de los títulos destacables de estos últimos años son: ‘Ah! Los días felices’ de Carlos Altamirano (Ocho Libros, 2014), ‘Bailarines del desierto’ de Andrés Figueroa (Autopublicación, 2017), ‘Ciudad capital’ de Emiliano Valenzuela (Das Kapital, 2015), ‘Ciudad de un día’ de Carlos Avello (Ograma, 2016), ‘Concepción de Mercado’ de Alexis Díaz (Container, 2016), ‘Cosecha perdida’ de Tomás Munita (Lom Ediciones, 2011), ‘El sueño sudamericano’ de Cristian Ochoa (Lautaro Ediciones, 2016), ‘Genealogía’ de Hugo Ángel (Fluq, 2015), ‘Hinario’ de Jhonny Cárdenas (Autopublicación, 2017), ‘La isla’ de Raúl Goycoolea (Ediciones La Visita, 2016), ‘La Piedra en el aire’ de Elde Gelos (Ediciones La Visita, 2013), ‘Living Periferia’ de Alejandro Olivares (Buen Lugar Ediciones, 2014), ‘Milagreros’ de Mauricio Toro Goya (1621 Editores, 2015), ‘Monumento editado’ de Andrés Durán (Gronefot, 2017), ‘Ni Lágrimas Ni Culpa’ de Zaida González (Autopublicación, 2017), ‘Panorama’ de Sebastián Mejía (Ediciones Daga, 2014), ‘Regresiones’ de Fabián España (Trapananda Ediciones, 2016), ‘Repertoire’ de Rodrigo Gómez Rovira (FIFV Ediciones, 2013) y ‘Tras las sombras del Tíbet’ de Alex von Bischhoffshausen (Desde las antípodas, 2015).

‘Monumento Editado’ de Andrés Durán

Hay que destacar también el premio FoccoLibro del Festival de Fotografía Contemporánea de Coquimbo, que en sus dos primeras ediciones ha galardonado a los trabajos ‘Este cuerpo no es mío’ de Paula López Droguett (1621 Editores, 2015) y ‘El Monstruo sin nombre’ de Erick Faúndez (Autopublicación, 2016). La colección de cuatro libros de Luis Weinstein sobre el contexto social y político chileno entre 1974 y 1990. Hasta la fecha se han publicado: ‘Esto ha sido’ (Autopublicación, 2014), ‘Se venden ilusiones'(Cenfoto, 2016) y ‘Apuntes del edén’ (Cenfoto, 2017). Y ‘El Rectángulo’ de Ediciones La Visita, una colección de fotolibros en pequeño formato con una fuerte identidad chilena. ‘El río’, de Mauricio Quezada, da inicio en 2008 a esta colección que alberga hasta la fecha trece títulos entre los que se encuentran: ‘Las novias’ de Antonio de Zaida González (2009), ‘La niebla’ de Mauricio Valenzuela (2011), ‘El cuaderno de Potosí’ de Tomás Munita (2012), ‘-42º’ de Cristóbal Olivares (2013), ‘Apátrida’ de Tomás Quiroga (2014), ‘Conchalí’ de Mauricio Duarte (2015) y ‘Vigilia’ de Catalina Juger (2016).

Con estos antecedentes queda claro que en los últimos cinco años la producción de fotolibros en Chile ha aumentado notablemente. Existe un interés especial por el libro, sobre todo por parte de la nueva generación de fotógrafos que ven en este soporte un medio para concebir, realizar, difundir y trascender su trabajo fotográfico. Incluso, se percibe un ánimo por la autopublicación y por el emprendimiento editorial independiente. Todo este entusiasmo apunta a un panorama alentador para quienes ven en el libro un soporte ideal para construir una narración fotográfica (quizá por la secuencialidad inherente del pasar de sus páginas). Sin embargo, en un angosto país de más de 4.000 kilómetros de largo, con poco más de 18 millones de habitantes y más del 40% de la población concentrada en Santiago (capital del país), la descentralización sigue siendo una tarea pendiente.

‘El Monstruo sin nombre’ de Erick Faúndez

La concentración de centros y universidades que ofrecen estudios en fotografía, editoriales e imprentas, salas expositivas, museos y espacios independientes que difunden la fotografía actual en la capital, ha ocasionado, por un lado, un mayor interés en la fotografía y ha potenciado su profesionalización como disciplina artística, pero por otro, ha aumentado el desequilibrio con respecto a los autores que ejercen desde regiones, su continuidad, su visibilidad e inclusión en un panorama fotográfico nacional. Por esto, la centralización que afecta al país a nivel social y económico también se ve reflejada en la creación, edición y difusión de publicaciones fotográficas.

La fotografía en Chile crece en un campo de géneros y temáticas heterogéneas. La riqueza de la mirada de hombres y mujeres que creen en la fotografía como su medio de expresión es cada vez más distendida. Muchos de los que experimentan con el fotolibro han descubierto en él un soporte accesible pero complejo, que necesita ser descifrado en sus aspectos materiales y conceptuales.

La producción de fotolibros en el siglo XXI ha llegado a Chile para quedarse. Por este motivo urge implementar planes de formación, fomento y fidelización de audiencias ajenas al medio fotográfico para incentivar las prácticas fotográficas y el consumo de fotolibros como un medio para el conocimiento y una forma de lectura visual que responde a códigos universales que abren fronteras más allá de la palabra. Es probable que a medida que se fortalezcan estos aspectos, el trabajo de autores, editores, formadores, diseñadores, preimpresores, impresores, encuadernadores y distribuidores de fotolibros pueda ser (al fin) rentable y próspero como aporte cultural, visual e intelectual de un país.