‘Elliott Erwitt. La comedia humana’ recoge la primera gran exposición del mítico fotógrafo fallecido en noviembre.

‘Elliott Erwitt. La comedia humana’, que se puede visitar en la Fundación Canal en Madrid desde el el 15 de mayo al 18 de agosto, recoge 135 imágenes de época, en las que se puede ver la particular mirada del reconocido fotógrafo de Magnum.

Humor, ironía, ternura o sorpresa en unas copias en blanco y negro (“El color es descriptivo. El blanco y negro es interpretativo”, según el propiop Erwin) realizadas por su propia mano. 122 son impresiones de pequeño formato, denominadas “impresiones de trabajo”, ya que fueron utilizadas originalmente por el propio Erwitt para el desarrollo de libros o revistas.

Junto a estas fotografías, la exposición también acoge 13 copias de gran formato (76 x 101 cm) a las que Erwitt denominó “impresiones maestras” y que fueron directamente supervisadas por él con el fin de exhibirlas en museos o galerías.

Juntas, las “impresiones de trabajo” y las “impresiones maestras”, forman una colección única que proviene directamente del estudio de Elliott Erwitt y que se presentan por primera vez con esta disposición. La comisaria de la muestra es Andrea Holzherr.

En ellas aparecen, divididas por secciones, las personas, que llenan sus escenas de momentos anecdóticos que Erwitt, con su objetivo, convierte en extraordinarios; los animales y su relación con los humanos, así como sus icónicas fotografías de sus amados perros; y las formas, una serie de yuxtaposiciones con objetos que se combinan para crear realidades abstractas, y que componen el escenario donde se lleva a cabo esta “comedia”.

© Roberto Villalón

Elliott Erwitt

Elliott Erwitt, de padres rusos judíos, nace en París el 26 de julio en 1928. Pasó sus primeros años en Italia hasta que, a la edad de 10 años, se mudó con su familia de regreso a Francia. En 1939, con el avance del nazismo y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, emigraron a Estados Unidos estableciéndose en Nueva York durante dos años, mudándose finalmente a Los Ángeles.

Ya adolescente, cuando residía en Hollywood, sintió un temprano interés por la fotografía y empezó a trabajar en un laboratorio de revelado antes de comenzar sus estudios fotográficos en Los Ángeles City College.

Para Erwitt, emigrante e hijo único, que continuamente sintió el desarraigo, la fotografía sirvió inicialmente como un medio para explorar un mundo caótico e incierto. Con este constante tránsito de ciudades habitadas y vividas, pronto desarrolló un agudo sentido de la observación y de la curiosidad por la experiencia humana.

En 1948,de regreso a Nueva York, trabajó como conserje a cambio de clases de cine en New School for Social Research. Es aquí donde empieza a conocer la fotografía de la vanguardia europea de André Kerstéz, Brassaï o incluso Man Ray. Desde entonces florece su visión artística. Entre las calles de la gran ciudad, capturó las expresiones fugaces de extraños, la sencillez de las interacciones cotidianas y la espontaneidad en los paisajes urbanos. Estos primeros trabajos sentaron las bases de lo que sería su característico estilo.

Amsterdam, Países Bajos, 1972. © Elliott Erwitt / Magnum Photos

En 1951, ya como reconocido fotógrafo, fue reclutado para el servicio militar, donde llevó a cabo ensayos fotográficos mientras servía en una unidad del Cuerpo de Transmisiones del ejército estadounidense en Alemania y Francia.

De vuelta a Nueva York, pronto se rodeó de maestros como Edward Steichen, el editor gráfico John G. Morris, Henri Cartier-Bresson y Robert Capa. Estos dos últimos le llevaron a plantearse la posibilidad de dedicarse al fotoperiodismo y en 1953, recién retirado del servicio militar, Erwitt recibió la invitación del mismísimo Capa para unirse a la prestigiosa agencia Magnum Photos. Erwitt ocupó rápidamente puestos de responsabilidad dentro de la agencia, donde ejerció la presidencia en dos ocasiones, en 1961 y de nuevo de 1966 a 1969.

Durante su tiempo en Magnum, fomentó el espíritu colectivo y el bien común del grupo. Apostó por la expansión de las actividades hacia el mundo de la publicidad y los encargos para empresas alejándose del campo periodístico puro, hecho que varios de sus compañeros no vieron con buenos ojos, pero que posibilitó que los fotógrafos mejoraran sus ingresos.

Siguiendo ese camino, trabajó como fotógrafo independiente para las destacadas revistas Look, LIFE, Holiday y París Match, y haciendo campañas y anuncios para marcas comerciales como Coca-Cola. Sus imágenes publicitarias –para las que reservaba el uso del color– adquirían cada vez más relevancia mundial, a la par que sus fotografías personales, elogio y reconocimiento.

Atravesando la delgada línea entre fotorreportero y artista, Erwitt documentó algunos de los momentos más decisivos de una era convulsa y cambiante: el Muro de Berlín, la Italia de la posguerra, el caos de Woodstock, la transformación de la ciudad de Pittsburgh en una moderna metrópolis durante la Gran Depresión o la segregación racial estadounidense, entre muchos otros.

Erwitt creó algunas de las imágenes más perdurables del fotoperiodismo americano, grandes dramas políticos e históricos de su época. Buen ejemplo de ello es su famosa instantánea en la que Richard Nixon increpa con su dedo a Nikita Khruschev que, sacada de contexto, se convirtió en un icono de la Guerra Fría y fue utilizada como propaganda procapitalista. También captó la famosa fotografía de Jacqueline Kennedy llorando el asesinato de su marido en el cementerio de Arlington en 1963. Viajó hasta Cuba en 1964, por encargo de la revista Newsweek, para retratar a los revolucionarios Ernesto Che Guevara y Fidel Castro, símbolos más importantes del comunismo de la segunda mitad del siglo XX.

Puede parecer incongruente que un artista con su sentido del humor dedique una parte considerable de su producción al reportaje con una cobertura evidente de crítica social. Pero estas imágenes desvelan temas apremiantes en su día, fundamentales dentro del conjunto de su obra. Erwitt supo congelar ese momento perfecto que resumiría algunos de los episodios más significativos de nuestra historia reciente. El humor y la ironía fueron utilizados por Erwitt como un medio de expresión incluso en situaciones complejas, duras o dramáticas.

De igual modo, retrató iconos y mitos de la sociedad contemporánea: Marilyn Monroe, Grace Kelly, John F. Kennedy, Candice Bergen, Sofía Loren, Truman Capote y Mia Farrow durante su épica Fiesta de Blanco y Negro, Jack Kerouac, Alfred Hitchcock junto a la actriz Vera Miles, Bob Dylan, a un joven Arnold Schwarzenegger y más recientemente, la investidura de Barack Obama.

En los años 70, Erwitt enfocó su actividad en el cine y la televisión. Dirigió y produjo varios cortos notables (‘Arthur Penn: The Director’, 1970; ‘Beauty knows no pain’, 1971 o ‘The glass makers of heart’, 1977) y en los años 80 participó en cerca de una veintena de producciones para HBO.

Desde los 90 siguió ligado a la fotografía con proyectos dispares que abarcaban sesiones para revistas y publicidad, la edición de libros y catálogos, llegando a publicar más de 25, y la organización de exposiciones en galerías y museos de todo el mundo.

Entre las instituciones que le han dedicado exposiciones monográficas destacan el MoMA de Nueva York y el Art Institute de Chicago. Una lista de exposiciones individuales en instituciones relevantes incluye el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Instituto de Arte de Chicago, el Smithsonian de Washington, el Museo de Arte Moderno de París (Palais de Tokio), el Kunsthaus de Zúrich, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, el Barbican de Londres, el Museo de Arte de Nueva Gales del Sur de Sídney, así como diversas galerías e instituciones en China y Japón.

Elliott Erwitt murió el pasado 29 de noviembre de 2023 a los 95 años mientras dormía en su casa de Manhattan.