El arte de ser artista

En esta “curso por entregas” para triunfar en el proceloso del arte y la fotografía, Sergio de Luz nos muestra la importancia de saber encuadrar tu curriculum dejando fuera de plano aquellos aspectos que, no te favorezcan. Sutil, como la fotografía misma.

ADVERTENCIA: Los acontecimientos relatados a continuación están basados en hechos reales, he sido testigo de ellos. Por eso, he decidido modificar datos y omitir nombres para no seguir el juego del artista que solo busca notoriedad a cualquier precio. En este caso, que se hable de ellos.

Las puertas de la percepción del consumidor de arte medio son delicadas, generalmente son abiertas con la inocencia de un infante, especialmente si se trata de procesar información sobre un artista o creador al que siguen. En muchas ocasiones, los propios creadores ayudan a modificar la percepción de un comunicado, desplegando amablemente unas puertas tras las cuales se esconde una gran pericia en el arte de la mercadotecnia, poderosamente eficaz si se conocen sus resortes.

Estos artistas, de los que ya hablamos, han descubierto un concepto nuevo, el orwelliano ejercicio de “no mentir” para comunicar cualquier acontecimiento que protagonice su obra. Magnificando cada acción, modelando la percepción que sus seguidores en redes sociales aceptan sin poner en duda su credibilidad. Mediante este escrito trataremos de destapar este arte que muchos creadores patrios dominan y explotan sin ningún pudor, deseando incluso ser descubiertos ya que esto situaría su nombre en boca de muchas voces críticas quiénes estarían dándoles publicidad. Justo lo que pretenden, que se hable de ellos.

Este arte, al contrario del ya destapado y los que quedan por destapar, no hace daño a nadie, no se aprovecha de otros artistas, tampoco los pisotea. Simplemente se limita a estudiar la forma de magnificar sus aconteceres, omitiendo información menos positiva, lo más importante es “no mentir”. Después de leer las cuidadosamente estudiadas palabras de un creador tenemos dos opciones, creerlas o cuestionar si la información dada es ambigua o carece de todos los datos necesarios para confiar en ellas.

Existen creadores que se resisten a abandonar el confortable asiento desde el cual disfrutan un éxito siempre subjetivo, y pretenden apuntalarlo a perpetuidad, no comprenden que solo los grandes pueden conseguirlo. Todos sabemos que éstos escasean, los genios solo toman conciencia de ello cuándo ya no pueden controlar su fama. Algunos de nuestros artistas, estrategas de la especulación, creen que pueden embalsamar su “éxito” a base de ilusionismo, como si vendiesen humo. El problema es que hay demasiada gente que les compra ese humo, como sedados por nicotina.

El consumidor medio de arte creerá lo que un artista comunica a través de sus redes sociales, no lo pondrá en duda. Al fin y al cabo, ¿por qué iba a mentir un artista a sus fieles seguidores? Ahí reside la cuestión que nos ocupa, la “no mentira” que se utiliza de manera sistemática para orquestar y dirigir la percepción que se tiene del éxito en el ámbito artístico. Soy muy afortunado y he sido testigo de como se perpetraba toda una función a base de “no mentir”, encauzando las conciencias de quienes reciben la información de una muestra, exposición o el logro de un galardón.

Algunos conocimientos de edición gráfica, cierto gusto al elegir el pantone, usar imágenes similares y mucho descaro a la hora de comunicar, son recursos muy útiles para modificar la percepción que se pueda tener de un comunicado. Se percibe más rotundo, más profesional, más serio… más creíble en definitiva. Necesito apoyarme en ejemplos para poder ilustrar estas prácticas y puedan ser más fáciles de identificar y cuestionar de ahora en adelante.

Un artista comunica que “va a participar en la Semana de Arte de Pekín”, por ejemplo. El grafismo de su comunicado será sustituido por que usa la organización, dando así más credibilidad a su proclama. La percepción que sus seguidores reciben es otro éxito de su artista favorito, sin duda una merecida recompensa por el duro trabajo realizado. Puede que sea verdad, pero también puede no serlo.

El artista va a mostrar su obra durante la semana artística citada anteriormente, puede ser cierto. El artista dispone de un espacio dónde mostrar esa obra, también puede ser cierto. Pero proyectar la obra sobre la pared de un bar (todo mi respeto a las exposiciones en bares) de esa misma ciudad no es participar en su semana del arte, ni siquiera si lo hace al mismo tiempo que se desarrolla el certamen. Es, más bien, emplear malas artes, “no mentir” también es una de ellas.

Otro ejemplo: el creador comunica que “su exposición en Hong Kong (por ejemplo) ha sido todo un éxito y ha vendido todo”. Es cristalina la percepción que de este acontecimiento tendrán sus fans y seguidores, quienes no dudaran del éxito conseguido por el artista. El arte de “no mentir” es muy asequible si sabes como hacerlo bien:

El artista ha expuesto en la prestigiosa ciudad, puede ser cierto. Ha vendido toda su obra, puede que también sea cierto. Aunque no se ha explicado si era una exposición individual, tampoco cuántas obras mostraba, ni el número de ellas disponibles para su venta. De modo que si un artista consigue, mejor no saber cómo, participar en una exposición colectiva en Hong Kong con una obra, tan solo una, no está mintiendo. Si ha vendido esa obra tampoco está mintiendo, aunque solo haya vendido la copia con la que participa en la muestra, seguramente perteneciente a una serie limitada. Pero éstas, son cuestiones que no serán puestas en tela de juicio por la mayor parte de ojos que se hayan hecho eco de esta tremenda noticia.

Último ejemplo: un artista comunica que “su libro se ha vendido en tan solo un mes”, pero tranquiliza a sus seguidores asegurando que posiblemente habrá una segunda edición. Quizá más.

Desde luego esto representa un éxito indiscutible, vender la tirada completa de un libro en un mes es una proeza al alcance de muy pocos. Pero si nos paramos a pensar en las “no mentiras” la cosa puede cambiar. Puede que sea verdad, el artista ha vendido su libro. Pero, ¿sabemos el número de libros puestos a la venta? Muchos artistas, especialmente los fotógrafos son verdaderos devotos del fotolibro. Algunos lo conciben y utilizan como una mera herramienta más de promoción, su contenido (y continente) es secundario. La prioridad es sacarlo. Si un artista hace una tirada de 50 libros, de los cuales la mitad son entregados a prensa y demás personalidades del mundo artístico, su éxito queda entonces en entredicho. Puede que haya exagerado con la tirada, igual fueron 30 o 100.

Lo cierto es que algunos ven el fotolibro como otra herramienta al servicio de la mercadotecnia, que siga alimentando su imagen de éxito, disfrazando su publicación como exclusiva y de la que “ya no quedan casi ejemplares”. Acostumbran a sacar un libro al año, como Paul Auster en sus mejores tiempos.

Puede que después de estas líneas, afines tu lupa a la hora de examinar los comunicados lanzados por algunos de nuestros creadores a través de los diversos canales dispuestos para ello. Puede, incluso, que te hayan venido a la mente sospechosos caracteres, antes limitados a ciento cuarenta. En cualquiera de ambas circunstancias te invito a que cuestiones lo leído, incluso éste texto, que lo hagas directamente con el artista. Pregúntale, no creo que muerda.

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