Inspirada por la exposición ‘El mapa y el territorio’ dedicada a Luigi Ghirri, que se puede ver actualmente en el Museo Reina Sofía, la fotógrafa Sara Merec ha desarrollado un decálogo basado en ciertas reflexiones surgidas tras la visita a la muestra. Diez puntos que nos pueden ayudar a llevar nuestro trabajo de autor a buen puerto.

El Museo Reina Sofía acoge hasta el 7 de enero de 2019 la exposición ‘El mapa y el territorio’, dedicada a Luigi Ghirri (Scandiano, 1943-1992). La muestra se articula de manera similar a la exposición realizada en 1979, en la ciudad de Parma, bajo el título ‘Vera Fotografia’ (Fotografía Auténtica) y que reunió un total de catorce series del autor.

El catálogo de aquella exposición y la muestra presente recogen los escritos del propio Ghirri en torno a su cuerpo trabajo. Aquellas reflexiones de hace casi cuarenta años sorprenden por resultar tan actuales. Y es que sus cuestionamientos transitan por los mismos lugares que los fotógrafos contemporáneos y las escuelas de fotografía, en busca de ese “fotógrafo intelectual” que esté a la altura de los tiempos que corren. Del debate sobre la reproductibilidad técnica de la que hablaba Walter Benjamin, hemos pasado a la furia de las imágenes, citando a Joan Fontcuberta, que desaparecen en menos veinticuatro horas.

En ese sentido, Ghirri nos da una lección, que yo me he aventurado a dar forma de decálogo. Por algo es uno de los fotógrafos más influyentes del siglo XX y yo diría que de lo que va del XXI también.

1. Deja de buscar tu estilo

“Nunca me ha interesado lo que habitualmente se define como estilo. El estilo es un lenguaje codificado y para mí la fotografía es un lenguaje sin código alguno; es decir, más que una reducción es una expansión de la comunicación”.

Me recuerdo a mí misma diciendo hace unos años que quería encontrar mi estilo y conforme pasan los años me doy cuenta de lo iluso del planteamiento.

Recorriendo esta exposición, reconocía imágenes formalmente similares a las realizadas por artistas contemporáneos. La probabilidad de que vayamos a inventar algo nuevo es remota. Cuanto antes lo asumamos, más tranquilos dormiremos. En realidad, creo que lo que nos diferencia es el discurso en sí mismo, y no esa foto tomada en un instante decisivo o ese “fotón” para Instagram.

© Legado de Luigi Ghirri

2. El fotolibro, el juguete roto

En 1978, Ghirri autoeditó ‘Kodachrome’, libro fetiche para muchos fotógrafos, entre los que me incluyo. La editorial MACK ha puesto recientemente a la venta  la segunda edición de esta delicia. En su web citan a Francesco Zanot, que considera este trabajo como “un mecanismo poderoso para la re-educación de la mirada”, ni más ni menos.

Desde aquel 1978 se han publicado multitud de fotolibros y, desde entonces, nos hemos vuelto cada vez más crípticos y misteriosos. Mencionaba antes que lo que nos diferencia es el discurso, pero hemos buscado esa diferenciación con un exceso de codificación. A veces tengo la sensación de que nadie se atreve a decir en alto que no entiende el mensaje ni le dice nada ese fotolibro que todos alaban y acaba de ganar todos los premios habidos y por haber.

El fenómeno fotolibro parece obsesionarnos a todos, de hecho se habla incluso de una “burbuja”. Origina un debate infinito sobre la comunicación, o más bien, la incomunicación, entre artista y público. Son pocos los que entienden la semiótica detrás de esos proyectos y poca (por no decir ninguna) la educación que recibimos al respecto.

Plantar un árbol, tener un hijo, escribir un (foto)libro. Pero el hijo/fotolibro nos ha salido tonto, porque nos hace perder dinero. El artista se mercantiliza, pero se olvida de  la ley de la oferta y la demanda. Hay demasiados fotolibros y un reducido número de potenciales compradores. La gran mayoría del público no está ni educado ni preparado para entender este tipo de trabajos, ni tampoco está dispuesto a pagar su precio de venta. Es una contradicción en sí misma intentar hacer rentable un fotolibro, commodity de nuestro sector. Como hay poco público interesado, la tirada no es lo suficientemente elevada para que el coste unitario de producción permita fijar un precio de venta razonable. En definitiva, es un círculo vicioso.

La realidad es que el que siempre pierde dinero es el artista, que se deja llevar por el entusiasmo e infravalora la complejidad inherente al mundo editorial.

© Legado Luigi Ghirri

3. Haz lo que te dé la gana y no lo que dicte el sistema

“Tomo fotografías en color porque el mundo real no es en blanco y negro y porque para algo se ha inventado el negativo y el papel fotográfico en color”.

Ghirri nos demostró que se puede trabajar desde la periferia. A pesar de los recelos de sus contemporáneos, decidió usar el color, cuando el blanco y negro seguía siendo la opción “seria” y lo que dictaban los cánones del momento.  Si en aquellos años hubiesen sido habituales los visionados de portfolios actuales más de uno le habría dicho que volviese a lo suyo, la topografía. Menos mal que siguió su instinto, porque cuarenta años después es él el que ocupa las salas de museos de arte contemporáneo internacionales.

4. La tecnología nos está adocenando

“Confío el revelado de mis fotos a laboratorios convencionales, pues nunca me ha interesado la producción de fetiches para coleccionistas, ni mucho menos los procesos de maquillaje de la imagen. (…) Por otro lado, tampoco me atrae el problema de la forma fotográfica, con las inevitables servidumbres que se derivan de un cuidado obsesivo de la impresión, de la aplicación de virajes y reservas destinados a obtener un resultado mas allá”.

La serie ‘Diaframma 11, 1/25, luce naturale (f/11, 1/125, luz natural)’ hace un guiño a la fijación del fotógrafo amateur con la técnica, pero, ¿no nos obsesionamos casi todos con ella? Cuando no es la cámara es el escáner y cuando no, la impresión o la fotomecánica.

Ghirri era un intelectual, más preocupado por generar un marco conceptual que en decidir virajes o reservas. Los propios avances tecnológicos nos han hecho, si cabe, un poco más esclavos. Y es el artista, de nuevo, es el que pierde dinero. La tecnología, en muchos casos, desemboca en frustración y nos distrae de nuestro propósito.

5. Adiós ego. Tómate menos en serio y diviértete un poco.

“En todo caso, la fotografía es, por definición, surreal, pues se basa en la variación de escala y en la superposición de planos; posee un doble carácter de imagen consciente (¿?) e inconsciente (¿?) de una realidad ausente. La realidad en el sentido más amplio del término se va transformando cada día en una descomunal fotografía; el fotomontaje ya se ha consumado: está en el mundo real”.

Si esta lista te está molestando, te dedico el número cinco.

Admiro a Ghirri porque se divierte y a la vez desarrolla trabajos de gran sentido y profundidad conceptual; algo que escasea, porque algunos deben pensar que es incompatible.

Ghirri piensa en el territorio y el mapa, es decir, en el mundo y su representación. Muestra de ello son  series como ‘In scala, Km. 0,250’ o ‘Infinito’. Esta última, de gran carga conceptual, consiste en 365 fotos del cielo tomadas durante cada uno de los días del año 1974. Me pregunto si no inspiró a Penelope Umbrico y su serie ‘Suns from Sunsets from Flickr’.

‘Infinito’ o ‘Colazione sull’erba’ (Desayuno sobre la hierba) me recuerdan a los ejercicios que proponen las escuelas y manuales de fotografía para fomentar la creatividad  y la relación con el entorno cercano, pero también a las miles de fotos que podemos ver en redes sociales actualmente. Sin la gran idea detrás, estas series resultarían intrascendentes.

© Legado de Luigi Ghirri

 

6. Lee más (libros)

Pasarte el día en Instagram no es la solución si pretendes ser un artista serio. Asúmelo. El propio Ghirri se convirtió en un gran lector de filosofía, literatura e historia del arte y nos lo muestra en su serie ‘Identikit’, su autorretrato más íntimo, a través de los libros, discos y objetos que tenía en casa y le sirvieron de inspiración en su cuerpo de trabajo.

7. Nos llaman endogámicos. Relaciónate con artistas de otras disciplinas

A partir de la década de los 60, Ghirri había desarrollado su pensamiento crítico y no solo por su carácter autodidacta y sus lecturas, sino también gracias a las conversaciones y colaboraciones con el círculo de artistas y escritores de la Módena de su tiempo, entre los que destacan artistas como Claudio Parmigian, Giuliano Della Casa o Franco Vaccari, el historiador de arte Arturo Carlo Quintavalle o el crítico Massimo Mussini.

Los círculos intelectuales han funcionado durante décadas aunando a todo tipo de artistas y generando sinergias y nuevos puntos de vista. Por alguna razón que se me escapa, estamos perdiendo esa camaradería a cambio de una malsana endogamia.

© Legado de Luigi Ghirri

8. Enfréntate a proyectos que hablen de ti y de lo que te rodea

“Por eso me interesa sobre todo el paisaje urbano, la periferia, porque es la realidad que tengo que experimentar a diario, la que mejor conozco y la que por tanto mejor puedo replantear como un “nuevo paisaje” para su análisis crítico, continuo y sistemático”.

“Por eso me gusta tanto viajar a través del atlas, y me gustan aún más los viajes de domingo en un radio de tres kilómetros desde mi casa”.

De un fotógrafo intelectual que inicia un proyecto “serio”, se espera que dedique un tiempo considerable a la investigación. Todo tiene que estar justificado y conceptualizado.

Muchas veces nos complicamos la existencia, no valoramos lo que ya conocemos y nos embarcamos en proyectos que nos llevan a un entorno que no controlamos, geografías que no nos definen y que finalmente pueden acabar en proyectos frustrados o superficiales.

9. No renuncies a tus orígenes

Ghirri decidió dedicarse plenamente a la fotografía en 1970, a la edad de 27 años. Previamente, trabajó como aparejador y topógrafo, y eso se nota en su trabajo, su manera de aproximarse a los espacios fotografiados, en la frontalidad de sus tomas. ¿Será entonces que eso que llamamos estilo depende más bien de quiénes somos y hemos sido, de lo que vemos y leemos y, en definitiva, de nuestra identidad y autenticidad como individuos?

© Legado de Luigi Ghirri

 

10. Trabaja tu espíritu crítico

“En mis fotos los temas son los más cotidianos, proceden de nuestro campo visual habitual: son en definitiva, imágenes que estamos acostumbrados a percibir de manera pasiva; aisladas del contexto habitual de la realidad circundante, replanteadas fotográficamente dentro de un discurso distinto, esas imágenes se revelan cargadas de un nuevo significado. Podemos entonces percibirlas de manera activa; es decir podemos emprender una lectura crítica”.

Uno de mis series favoritas y que mejor refleja el salto conceptual del artista es ‘Atlante’. Mediante la utilización de lentes macro, se aproxima  a detalles insignificantes del atlas, dotando a las imágenes de una abstracción que “paradójicamente borra la propia idea de viaje, dado que todos los viajes posibles ya han sido narrados y todos los itinerarios están trazados”. Toda esta belleza poética la consigue así, sin salir de casa, mirando y pensando el mapa de otra manera; dándole otra carga de significado.

Ghirri se sumergió en la filosofía, la semiótica, la literatura y la historia del arte, a la vez que se relacionó con intelectuales del momento. Así fue construyendo el marco intelectual de sus proyectos. En definitiva, si algo trabajó Ghirri, fue su espíritu crítico, y ese debería ser también nuestro norte.

  • ‘El mapa y el territorio’ de Luigi Ghirri
  • Fecha: del 26 de septiembre al 7 de enero.
  • Localización: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Calle de Santa Isabel, 52, 28012 Madrid
  • Horario: lunes y de miércoles a sábado, de 10 a 21 horas. domingos y festivos, consultar la web
  • Entrada: 10 € (8 online).