Tenemos el cielo ganado, pero somos pecadores. Si las cosas ya estaban complicadas, ni que decir tiene que la situación de la fotografía tras la primera ola del Covid19 está aún más difícil. El sector se queja, y con razón, porque somos invisibles para las instituciones, porque no se respetan nuestros derechos. Pero, ¿y los fotógrafos y fotógrafas? ¿No deberíamos cambiar nada? Aquí te proponemos un decálogo para que veamos en qué podemos mejorar nosotros, que siempre es más fácil empezar por uno mismo. Esto es lo más parecido a la SuperPop que podrás leer en Clavoardiendo. Ilustración del gran Jesús Navarro.

Que sí, que menudo panorama. Si la cosa ya era para llorar antes del confinamiento, si la “normalidad” del sector ya era lamentable, imagínate ahora. Hay un montón de cosas que cambiar. Al parecer, gracias al Covid-19 hemos aprendido que la cultura era importante. Pero más bien como entretenimiento. Películas, series, conciertos en línea, hasta ópera gratuita… La fotografía no parece que haya sido muy reivindicada. Aunque todo el mundo, aficionados y profesionales, hemos acudido a documentar el momento histórico, conocedores del valor que sigue teniendo como guardiana del recuerdo. No hay postfotografía que acabe con eso.

Viendo lo sucedido estos días llego a la conclusión de que nuestra labor ha estado más bien ligada con la caridad. Parece que los fotógrafos tenemos como principal misión salvar el mundo, cambiarlo, concienciarlo. Si no es con nuestras fotos, es donándolas. Que si a favor de Banco de Alimentos (mi opinión sobre esta organización la dejo para las redes), que si libros contra la enfermedad, que si a favor de Médicos del Mundo (que luego intentó conseguir gratis un banco de imágenes sobre la pandemia, aunque gracias a la presión de un grupo de fotógrafos y fotógrafas rectificó), que si a favor de Médicos Sin Fronteras, donde nuestro trabajo se cede gratis o a bajo precio, pero cuyos profesionales cobran por el suyo (como es lógico). Y esto ya pasaba antes del confinamiento. No estoy en contra de estas acciones, yo mismo he colaborado en alguna, pero me surgen dudas sobre sus consecuencias.

Si es que es el gremio el que está como para que le hagan una campaña de ayuda. ¡Espera, que se están celebrando subastas a favor de los fotógrafos! Pero si los precios son irrisorios, si se hacen en las propias redes de los y las autoras, creando un conflicto en los casos en los que tienen galerías representándolos… A lo mejor es pan para hoy y hambre para mañana. No se transmite una imagen muy profesional, precisamente. Si a eso le sumas que la «acción altruista» acaba convirtiéndose en una plataforma de venta online que recauda un porcentaje de la venta, con acciones publicitarias a favor de los patrocinadores, la duda sobre su conveniencia es aún mayor.

Pero, ¿qué necesitan los fotógrafos? ¿No ha sido el paraíso de la fotografía esta pandemia? Parece que no. Que habremos podido documentar mucho, pero cobrar, más bien poco. Las instituciones han olvidado, o nunca han querido conocer, la realidad de los creadores del mundo de la fotografía. Desde la plataforma SOS SECTOR GRÁFICO nos recordaban algunas necesidades de la profesión, unas urgentes, otras constantes. Se necesitan ayudas inmediatas de supervivencia, como pudiera ser un Salario Social a los creadores. 

También vendría de perlas que las ayudas especiales creadas para la ocasión, pero también las que se otorgan de manera ordinaria, incluyeran honorarios para los creadores, y tuvieran en cuenta las especificidades en las que se desarrolla el sector, casi siempre como autónomos, en estructuras precarias, con gran intermitencia e inestabilidad.

Las administraciones no tienen un censo de creadores pues no disponemos de apartados en el IAE que se adecúen a las realidades diversas que abarca el sector. Las distintas administraciones ni siquiera se plantean que el trabajo del fotógrafo deba, en muchas ocasiones, ser remunerado y cuando así es, cobrar en plazo es también una aventura.

Tampoco estaría mal que entendieran que hay más festivales de fotografía en el país más allá de PHotoEspaña, que realiza una importante labor en su difusión, pero sería muy interesante conocer sus presupuestos y cómo gestiona las ayudas directas que recibe, dejando sin recursos a otras iniciativas. ¿Nadie audita o controla estas cosas? Además del conocido historial de maltrato a los y las artistas participantes. Yo mismo viví en primera persona las dificultades para cobrar debido a los constantes viajes familiares que le impiden realizar su trabajo al encargado de hacer las transferencias, según los correos que me remitían cuando solicitaba el pago de las facturas. Espero que durante el confinamiento haya podido poner al día todas las deudas de La Fábrica y demás entidades asociadas, al no poder salir de casa.

De hecho, recientemente se ha constituido una plataforma, FOC, que agrupa a docenas de otros festivales que se desarrollan por el resto del país, algunos con tanta solera como el Outono Fotográfico (con más de tres décadas de existencia), y que son completamente ignorados por varias administraciones, que programan miles de exposiciones y convocan a millares y millares de ciudadanos alrededor de la fotografía. ¿Dónde están las instituciones que no están pidiendo ya una reunión con ellos para conocer la realidad de los “programadores” de fotografía del país?

Y ya puestos, sería deseable que se generara un Manual de Buenas Prácticas, que nos evitaran esas sonrojantes ayudas directas a entidades que no respetan a los creadores, que obligaran al pago por su trabajo en cantidades dignas y en plazo, que se obligara a justificar los honorarios de los artistas, como sucede en los convenios de limpieza, sin ir más lejos.

Que se tuviera en cuenta el Retorno Social de las subvenciones. Y que acceder a las ayudas no fuera un laberinto burocrático, algo siempre prometido y nunca intentado. Si se llaman ayudas, deberían ayudar, no complicar la vida. Vamos, las reivindicaciones que recogen en gran parte los de SOS Sector Gráfico tras el Real Decreto-Ley 7/2020 en el que una vez más parece que fotógrafos/as, ilustradores/as o técnicos/as de la cultura no existimos.

Tampoco sería mala cosa que las publicaciones, revistas y similares nos pagaran, primero, dignamente y, después, inmediatamente. No hay justificación alguna (además es ilegal) para que te paguen a 90 días tras el día que se contabiliza el mes, una vez publicado el artículo, siempre que no pille agosto de por medio y si la luna pasa por Saturno si tu ascendente es Piscis. Yo mismo acabo de solicitar a Spainmedia, de nuevo, un pago por unas fotos que hice para una de sus revistas en otoño y publicadas en febrero. He avisado de que lo próximo será el inicio de un procedimiento monitorio.

Ya habréis leído a más gente la tendencia de ciertos grupos editoriales de dejar de contestar a los correos cuando les reclamas los pagos. Que a veces lo sabes, pero, ay, te gusta el entrevistado, puede darte porfolio y esperas además que eso te haga meter la cabeza en tal o cual publicación. Pero nos tenemos que recordar muchas veces que es fácil tener trabajo cuando no cobras por él. Lo suyo es poder trabajar y cobrar justamente por ello.

Por cierto, parece ser que muchos medios han entendido que el estado de alarma derogaba las leyes de propiedad intelectual y se han dedicado a utilizar imágenes sin retribución ni permiso de fotógrafos y fotógrafas (reconocidos y no) robándolas de sus redes sociales. Vamos, la barra libre habitual, pero en versión viral, nunca mejor dicho.

Y bueno, que se suponía que íbamos a hacer examen de conciencia, pero no está de más que quede claro que, vale, vamos a expiar nuestros pecados, pero que en este mundo fotográfico todos debemos hacer un acto de contrición.

Y he aquí el decálogo, los mandamientos, las normas que nos han de guiar por el camino recto. A partir de ahora, pecarás. Todos lo hacemos, yo también. La carne es débil. Caemos en la tentación, pero sabremos dónde está nuestro error (con solución), si fuiste tú el culpable (o lo fui yo), para ser nosotros quienes cambiemos.

1- No tomaré mi trabajo en vano y no cobraré por debajo de un precio justo. No trabajaré gratis.

2- Me formaré, seré profesional, respetaré la profesión. Tendré respeto y curiosidad por otras formas de entender la fotografía.

3- No renunciaré a los derechos de autor. Me informaré sobre mis derechos y obligaciones, y conoceré las leyes que afectan a los fotógrafos/as y sus obras.

4.- Pediré que siempre se firmen las fotos y se respete la autoría, también en redes. #citaalautor.

5.- No participaré en concursos con clausulas abusivas.

6.- Compartiré con mis compañeros/as la información necesaria para evitar abusos de clientes, instituciones o empresas. No me limitaré a llorar en redes y tomaré acciones cuando sufra esos abusos.

7.- Mis colegas no son competencia, compartiré concursos, becas y ayudas.

8.- Uniré fuerzas con mis compañeros/as para luchar por nuestros derechos mediante asociaciones, plataformas o incluso grupos de Facebook que crean comunidad. Tenemos que superar el “qué hay de lo mío” y actuar colectivamente.

9.- Exigiré acuerdos por escrito o contratos a clientes, galerías, festivales…

10.- No dejaré que el afán de autor anule el ánimo de lucro. El amor al arte no paga las facturas.

Voy a ver si me aplico el cuento. ¡Con Dios!