Candida Höfer formará parte de la exposición ‘Transiciones’ que durante PHE16 abordará las tensiones surgidas en Europa entre 1979 y 1989. Formarán parte de la misma pesos pesados como el británico Chris Killip, el francés Jean Marc Bustamante y el ucraniano Boris Mikhailov entre otros.

Pese a que Otto Steinert le advirtió de lo duro que era el mundo de la fotografía para las mujeres, Candida Höfer no dudó en ser fiel a su instinto e iniciar la búsqueda de su propio camino en este medio. Mujer de pocas palabras, Höfer prefiere hacer uso del lenguaje fotográfico para expresar sus ideas. No se considera una fotógrafa de arquitectura, pero su obra recoge un catálogo muy personal de tipologías espaciales.

Candida Höfer (Eberswalde, Alemania, 1944), es una de las principales representantes de la Escuela de Düsseldorf. Hija del periodista Werner Höfer, tuvo sus primeros contactos con la fotografía como retratista de prensa. Inició sus estudios en la Werkkunstschule de Colonia, pero en 1973 se decantó por la Kunstakademie de Düsseldorf, para estudiar cine junto a Ole John, especializándose a partir de 1976 en el que sería su medio de vida, la fotografía. Discípula de Bernd y Hilla Becher y heredera de su estética conceptual, la influencia de aquel entorno fue decisiva para derivar de sus primeras fotografías, de carácter más social, a una obra que se centra en los espacios arquitectónicos de uso público. La desnudez, simplicidad y objetividad con que retrata estos espacios, han convertido su trabajo en uno de los máximos exponentes de la Nueva Escuela de Fotografía Alemana, junto a autores como Andreas Gursky, Thomas Ruff o Thomas Struth.

Desde sus primeros proyectos en los años 70, su trabajo se ha focalizado en la representación del espacio cultural contemporáneo: interiores de bibliotecas, salas de conferencias, oficinas, teatros, museos o universidades. Höfer estudia la imagen que se proyecta de estos espacios, de apariencia controlada, y su evolución a lo largo del tiempo. Sus fotografías buscan evidenciar la tensión que se produce entre esa imagen ideal y la realidad del lugar.

Augustiner Chorherrenstift Sankt Florian IIII, 2014

Augustiner Chorherrenstift Sankt Florian IIII, 2014 © Candida Höffer

Höfer capta la singularidad que poseen ciertos espacios interiores ideados para cumplir funciones semejantes. Se enfrenta a sus semejanzas posicionándose en perspectivas similares. Las composiciones recurren a la repetición de patrones estructurales, generalmente buscando una simetría muy marcada, potenciando cualidades estéticas que parten de un orden estricto. Trabaja sobre los elementos del espacio, ángulos, perspectivas y planos, buscando su propio canon de belleza y utilizando la tensión que generan los límites de las propias salas.

Una de las principales características de su fotografía es la ausencia de la figura humana, que se manifiesta sin embargo a través del extrañamiento y el vacío que produce su desaparición. Las razones por las que las personas no aparecen en sus imágenes van desde tratar de molestar e interferir lo menos posible en el funcionamiento de esos edificios, a su propia comodidad a la hora de enfrentarse al retrato.

© Candida Höffer

Toma sus imágenes en los “tiempos muertos” del edificio, después del cierre de sus puertas al público, o, en los casos de óperas o teatros, entre los ensayos. Cada estancia le ofrece una impresión inicial, de la que surge la foto, y una segunda que se revela en el momento de producir las copias de la misma. Utiliza siempre largas exposiciones en sus tomas para conseguir las condiciones de luz ideales en cada sala. Siempre hay un cuidado estudio de la iluminación del espacio, ya sea controlando el acceso de la luz que se recibe del exterior, o haciendo uso de la iluminación artificial de la estancia. La intensidad de la luz es el elemento clave de sus fotografías.

La decisión sobre qué sala retratar o desde qué punto exacto hacerlo es algo instintivo, que se ha agudizado con los años, aunque Höfer estudia previamente los espacios que va a fotografiar, documentándose sobre su arquitectura y su historia.

Sus cuidadas composiciones, la utilización de la simetría, la estructuración del espacio a través de diagonales y un magnífico uso del color llenan ese silencio implícito en sus escenas, cargadas de pureza visual y un elevado rigor técnico. Con todo esto consigue realzar las cualidades espaciales de la arquitectura que retrata y representar un pequeño universo totalmente construido por la mano del hombre, marcado por patrones de orden y lógica.

A través del reencuadre de sus tomas iniciales, efectuadas con su Hasselblad 6×6 o la Linhof 9×12, consigue distintos tipos de formatos. A cada imagen le corresponde un formato. Sin embargo no le interesa la cuestión técnica, sino los procesos de investigación, de ahí su constante búsqueda sobre la expresión de la estética del orden, estrechamente vinculada al mundo del arte y la arquitectura.

Benrather-Schloss-Dusseldorf-I-2011

Benrather-Schloss-Düsseldorf-I-2011 © Candida Höffer

Sus grandes formatos posibilitan un nivel de información en las escenas que requiere un tiempo lento de recepción por parte del espectador. El tamaño afecta también a la presencia, al propio espacio de representación de la fotografía. El contexto en el que se muestran sus imágenes es también parte del mensaje que transmiten, por lo que Hofër presta siempre especial atención a la “puesta en escena” de sus exposiciones, implicándose en el proceso en la medida de lo posible.

Reciéntemente se pudo disfrutar de una  exposición en la Galería Helga de Alvear, ‘The Space, the Detail, the Image’, que mostró una serie de interiores de bibliotecas y corredores de monasterios y abadías benedictinas de Austria, además de dos imágenes del Teatro Estatal de Linz. Un viaje a través de cuatro grandes formatos que invitan a ser contemplados con cierta distancia, e introducen al espectador en la escena, convirtiéndole en el único habitante y protagonista de esos espacios vacíos. La exposición relacionaba además estos grandes espacios con fotografías de pequeño formato, más abstractas y centradas en pequeños detalles, y proyecciones con el denominador común de “imagen”. Sus fotografías posibilitan ese momento de silencio en el que todo desaparece a nuestro alrededor y entramos en otro mundo, donde se establece una relación muy íntima con la arquitectura.