Sant Josep de sa Talaia ha sido la sede de Sant Josep es foto, el festival de fotografía que aspira a ser referencia internacional y cita ineludible de cara a la primavera. La pluralidad, la calidad, el entorno y la cercanía, sus cartas. Roberto Villalón allí estuvo para contárnoslo.

Hace no mucho leí un libro titulado ‘La inmensidad del mundo’ de un tal Ed Yong. En él se explica cómo para los animales el mundo en el que nosotros vivimos es totalmente distinto, aunque lo compartamos. Como si fuesen realidades paralelas pero distintas.

Mi perra Perry percibe el mundo, debido a la diferencia de nuestros sentidos y la forma en la que su cerebro organiza esa información, de formas que yo no puedo ni imaginar. El mero hecho de que para ella el olfato sea su principal fuente de información hace que “vea” con él cosas que yo ni me imagino. Ya no os hablo del mundo que percibe una mosca, por ejemplo.

Cada especie (y casi cada miembro de esa especie) tiene su propio ‘Umwelt’, es decir, la forma en la que se percibe el mundo en función de sus sentidos e intereses.

Foto Ibiza (Loco-mía)

La experiencia de cada uno también nos marca para clasificar ese mundo. A mí antes, si me decían Ibiza, me venían a la cabeza los hippies, los abanicos de Loco-Mía, Amnesia y Pachá, David Guetta, la ropa blanca de lino y la horterada aquella de los ‘Ibiza Mix’ que sonaban en Los 40. Y me imagino que para los que vayan a la isla estos días en los que ya ha empezado la temporada de discotecas y DJs, Ibiza será noche, baile y fiesta.

Pero resulta que hay otra Ibiza. La que sucede de día, la cotidiana, la cultural. Y de esa se nutre Sant Josep es foto.

Sant Josep es foto es un festival de fotografía que se celebra en la preciosa localidad de Sant Josep de sa Talaia, en Ibiza, y que este año ha completado su segunda edición entre el 25 de marzo y el 3 de mayo. El lugar es un reclamo por sí solo, por sus calas, sus amaneceres, sus salinas o por sus restos arqueológicos. Pero, además, han logrado crear un festival que se ha convertido en cita obligada de la primavera fotográfica.

© deuxquinze

El festival toma el testigo del desaparecido, tras diez ediciones, ‘Formentera Fotogràfica’, unas jornadas que crearon adeptos. Entre ellos Joan F. Ribas y José Juan Gonzálvez, dos fotógrafos ibicencos que se propusieron traer y mejorar la fórmula a Sant Josep creando un evento que, en sus propias palabras, «no solo atrae a fotógrafos de todas partes, sino que también servirá como un escaparate de la belleza natural y cultural de Sant Josep».

Han buscado «diseñar un festival que combine formación, inspiración y diversión, logrando reunir a algunos de los mejores fotógrafos y fotógrafas del país y a una comunidad local que se enorgullece de mostrar lo mejor de su tierra».

© Roberto Villalón

Y esa es para mí una de las grandes virtudes de este festival: la capacidad de aunar lo local con lo internacional, así como las distintas maneras de abordar la fotografía. El festival propone experiencias fotográficas a muy distinto nivel. Para los aficionados locales se organizó un maratón fotográfico por la localidad y dos encuentros dedicados a los fotolibros, dando a conocer los trabajos de autores baleares como Cristian P. Coll con ‘Camins’David Arquimbau con ‘Sant Lluís no és Missouri’Enric Calafell con ‘Madagascar’ y, luego, una jornada protagonizada por Toni Pomar.

También ha contado con las exposiciones de Antón Calpagiu, dedicada a los paisajes de Ibiza; del exdiplomático Alain Keralenn, con una particular fotografía de calle realizada por todo el mundo, y una colección de las mejores fotos del maratón del año anterior. También hemos podido disfrutar de varios trabajos de Lluís Real, como ‘Circ’ y ‘Anywhere’, y sus libros de tirada muy corta autopublicados, algunos de ellos verdaderos libros de artista.

Por supuesto, cabe destacar la maravillosa muestra ‘Mi Mediterráneo’ del mallorquín Toni Catany (pronúnciese catañ, no catani, como hacía yo hasta ahora), que además contaba con material inédito y copias originales que, ya solo por eso, merecía la pena la visita. A mí, que conocía someramente su obra (se me escapó la exposición que tuvo en Madrid en 2016), me ha descubierto aspectos de su forma de mirar, y me han sorprendido especialmente sus retratos masculinos.

Un congreso: muchas miradas

Pero, como hacen los buenos festivales, que no descuidan lo local pero también buscan una proyección exterior, el plato fuerte de Sant Josep es foto es su congreso, que se celebró del jueves 16 al domingo 19 de abril, unas jornadas «para compartir proyectos, experiencias y formas de mirar el mundo».

Así lo explican los directores: «Tratamos de dar una visión actualizada sobre cómo trabajan hoy autores de referencia en distintos géneros fotográficos. Ideas y herramientas para desarrollar tus propios proyectos personales. Contacto directo con fotógrafos y otros asistentes. Inspiración, nuevas referencias y una experiencia compartida».

Y, precisamente, eso es lo que ofrecen: una gran variedad de formas de abordar la fotografía, incluyendo nombres consagrados pero también dando visibilidad a gente que empieza con sus primeros proyectos, abordando campos como la fotografía de viaje, paisaje, documentalismo, fotoperiodismo, bodas… Tanto firmas locales como estrellas internacionales. Cuatro días intensos, estupendos para pensar sobre fotografía.

Bajo el mar

Tras aterrizar, tuvimos tiempo de pasar la tarde en la playa (que se agradece juntar fotografía y disfrute) para luego acudir a la gala inaugural del congreso, en la que Isabel Muñoz era la primera ponente. Muñoz, en una ponencia titulada ‘La memoria del agua’, hizo un repaso por algunos de sus trabajos, extendiéndose especialmente en las técnicas de positivado que utiliza para después centrarse en sus últimas series realizadas bajo el agua.

© Roberto Villalón

Narraba con pasión anécdotas sobre cómo realizó esas fotos de buceo con su ayudante Ai Futaki: «Siempre he buscado la luz y la belleza en la fotografía”, “Ser mujer y no tener acceso a algunas historias, me ha hecho luchar para conseguirlo”, “Creo en el azar” y “Trabajo para dar voz al mar”. Estas fueron algunas de las frases que más me llamaron la atención. También nos mostró los trabajos relacionados con la arqueología que está desarrollando últimamente y nos avanzó algunos apuntes de la muestra que tendrá en PHotoEspaña sobre la Biblioteca del Monasterio de El Escorial.

Desde hace años tengo problemas con la fotografía de Isabel Muñoz; siento que partimos de mundos tan diferentes, que nuestro ‘Umwelt’ es tan distinto, que vemos de maneras muy distintas el mundo y, por tanto, su manera de contarlo es muy ajena a lo que yo espero de la fotografía. Y, sobre sus últimos trabajos, creo que pesa más su nombre que su obra. Evidentemente, es un juicio subjetivo que nace de mi propia sensibilidad. Nuestros mundos no se tocan.

Por cierto, amenizando el acto, la cantante Reya Thomas, que Sant Josep es foto, pero también hay mucha música.

Y tras la gala: picoteo, vino local y cervezas, buena música y una estupenda conversación, que así también se reflexiona.

Sobrasada y memoria documental

Cada jornada comienza (para los que tenían ánimo madrugador) con rutas fotográficas para sacar los mejores amaneceres de la isla. Y tras el desayuno, capitaneados por el gran Gonzalo Azurmendi en una especie de safari fotográfico desenfadado, el viernes acudimos a la exposición de Lluís Real en Sant Agustí, donde pudimos hablar con el autor y tocar y disfrutar de sus libros.

Y, no es tema menor, vivimos en vivo y en directo cómo se prepara la sobrasada ibicenca de la mano de Isidre, de la Cooperativa Ganadera de Ibiza, y, lo que es mejor, pudimos degustarla a la plancha. Todavía me relamo. Que ya os digo yo que así, normal que el festival gane adeptos.

© Roberto Villalón

La tarde arrancó con la ponencia de Judith Prat, que presentó su serie ‘Aquella niebla, este silencio’, un impresionante trabajo de investigación sobre el pasado esclavista de España. Una realidad que duró hasta hace bien poco, uno de los mayores genocidios de la historia de la humanidad, con consecuencias todavía muy presentes pero que olvidamos e incluso negamos.

Un tema difícil de abordar, con muchas aristas, pero que Prat trata desde la mayor de las honestidades, consciente de los errores en los que todos y todas podemos caer cuando queremos contar algo tan complejo y que ha causado (y causa) tanto dolor. «No fotografiamos como queremos, fotografiamos como somos», afirma consciente de que es imposible desprenderse de la mirada racista y colonial que hemos heredado. Un viaje documental desde España hasta África y Cuba, mostrando las huellas del esclavismo, que no son pocas, tanto allí como aquí.

BAL 12-24-26

Después llegó el turno de la primera propuesta del BAL 12-24-36. Se trata de una convocatoria muy original y, a mi juicio, muy acertada, que elige tres trabajos, tres series (aunque por un empate han sido cuatro al final) centrados en un tema que se presentan en tres posibles formatos: de 12 fotos, 24 o 36, como en los antiguos carretes. Eso sí, los y las autoras debían ser baleares. Además, sus presentaciones también estaban limitadas en el tiempo, a 12, 24 y 36 minutos (aunque nadie se puso estricto).

© Roberto Villalón

La primera seleccionada como BAL-12 fue una delicada serie de Marina Cánovas titulada ‘Éxitus’. Un carrete, 12 fotos que ilustran uno de los últimos días de su abuelo, enfermo de Alzheimer. Una despedida y un homenaje. Consciente del toque exhibicionista que pudiera tener y no habiéndole podido pedir consentimiento a su abuelo, Marina se plantea la legitimidad o no de mostrar este trabajo. ¿Tenemos derecho a fotografiarlo todo? ¿Existe el pudor en tiempos de redes sociales? Por ello, cuando lo expone, lo hace en un formato pequeño que obliga a verlo con la lupa de negativos. Para la ponencia nos hizo simularlo cerrando un ojo y poniendo la mano en círculo en el otro. Maravilla.

La fotografía de bodas llegó de la mano de Gypsy Westwood; nacida en Ibiza y de origen británico, mostró su trabajo en este género tan complicado, reivindicando la capacidad de tener una mirada propia, de ser «fotógrafa y autora», junto a satisfacer las peticiones de las parejas que confían en ti.

Amor y viajes

La mirada más actual, la nueva fotografía documental, llegó con Marta Soul. Una de las miradas más potentes de su generación, además de comisaria e impulsora de la plataforma ‘Cómo Ser Fotógrafa’, repasó las series de sus últimos trabajos con el amor (y la forma de representarlo) como hilo conductor. A través de su trabajo, de sus fotos escenificadas, investiga sobre la apariencia como motor de la imagen, el parecer. Y cómo el amor romántico, que se supone libre e indomable, está repleto de imágenes que responden a estereotipos muy marcados (sobre todo en el siglo XX) que hacen de su representación pura ficción. «El amor está completamente estetizado», evidencia Soul. Su trabajo viene a ser un ensayo sociológico y visual de nuestra época.

© Roberto Villalón

La jornada terminó con Gonzalo Azurmendi, casi un padrino del festival, que, con su particular humor, repasó una vida de fotógrafo de viajes para revistas, suplementos y guías, buscando siempre ir más allá de la postal, conectando con la gente para mostrar un mundo que puede ser maravilloso y sorprendente. Si tienes los sentidos preparados, puede ser tan distinto lo que encuentres… También se detuvo en el proceso de hacer un libro con el trabajo de toda una vida de la mano de Ricky Dávila, resumido en ‘Universo Azurmendi’. ¡Qué falta nos hace el humor en la fotografía!

© Gonzalo Azumende

Fenicios, sofás y paisajes

Con ese humor abordamos el sábado la ruta fotográfica por algunos de los rincones más fotogénicos de Ibiza, como Sa Caleta, cuya belleza ya hace obligada la visita, pero además pudimos visitar el centro de interpretación y el propio poblado fenicio (del siglo VIII al VI de nuestra era). Y de ahí, a ver la preciosa exposición de Toni Catany‘La meva Mediterrània. El viatge’, en Can Jeroni. Y, por si fuera poco, terminamos la mañana con una foto minutera de grupo.

La tarde siguió con Alba H. Massanet, una de las seleccionadas en la convocatoria BAL, ella en el apartado 24, con su proyecto ‘Adobar’. Veinticuatro fotos sobre la gentrificación del barrio pesquero Es Molinar, en Palma, y su transformación a través del tiempo, en el que un sofá rojo y los vecinos y vecinas del barrio son protagonistas.

© Roberto Villalón

Por su parte, Lluís Real, del que habíamos visto sus trabajos recientes en su exposición el día antes, nos mostró sus primeras series en Inglaterra. Después nos zambullimos en la fotografía bajo el mar de Ai Futaki, especialista en apnea y en foto submarina, motivo por el que, además, colabora con Isabel Muñoz.

Muy interesante fue la conferencia de Joan Costa, Premio World Press Photo en la categoría Naturaleza en 2012, pero que rescató su archivo en un periódico local de Ibiza para mostrar los profundos cambios que se han producido en la isla, mostrando un mundo perdido debido al turismo descontrolado y la globalización del ocio. Para mí, una interesante reivindicación de la figura del fotorreportero de información local como gran testigo (pocas veces valorado) de los cambios sociales a pequeña escala.

Si uno de los grandes reclamos de este festival es su entorno, no podía faltar un especialista en paisaje como Joe Cornish, que hizo un recorrido personal por una trayectoria dedicada a este género, mostrando la evolución de su mirada, pero también el papel del fotógrafo en un tiempo marcado por la fragilidad medioambiental. Una charla sobre oficio, paciencia, impresión y asombro ante el territorio. Cómo ir más allá de las “postales” en tiempos de redes sociales.

Empatía y fotoperidismo

Y tras la belleza, la crueldad del mundo. Sin ninguna duda, Emilio Morenatti es uno de los mejores fotoperiodistas del país y, me aventuraría a decir, que del globo. Su conferencia ‘El oficio de mirar y el compromiso con la realidad’ se anunció como «una ponencia sobre ética, experiencia y compromiso con la realidad».

© Roberto Villalón

Su charla empieza con una batería de imágenes a cada cual más impresionante, una tras otra. Una selección sobre su trabajo que no necesita ni comentario. Todas brutales. Posteriormente nos cuenta cómo perdió una pierna en Afganistán cuando trabajaba empotrado con el ejército estadounidense y su proceso de recuperación. Todo ello nos lleva a hablar de la empatía como motor y su compromiso con los más vulnerables, como mujeres, niños o discapacitados. Un relato en el que parece que el fotoperiodismo se pone al servicio de los más débiles.

El problema es cuando relata sus últimos días en el Líbano y las dinámicas en las que lo importante es “alimentar el cable”, es decir, generar imágenes para la agencia para la que trabaja, la americana AP, que necesita nutrir de fotos su servicio para medios de todo el mundo. Y ahí es donde desaparece la empatía. Fotos robadas en funerales, fotos robadas a mujeres, fotos robadas en situaciones extremas en campos de refugiados, a menores en situaciones críticas, cadáveres, y luego “vida normal”…

Preguntado por la falta de ética en algunas imágenes por gente del público, aquí el control ya no es del fotógrafo, que renuncia a tener un juicio propio (mirada propia), sino que pasa a ser la agencia la que realiza un control ético (que claramente diferencia entre europeos o estadounidenses y el resto, que parecen no tener derechos).

Lo importante es “alimentar el cable” que distribuirá fotos de niños peleándose por un plato de comida o muertos tras una bomba, junto a un partido de críquet o el último concierto de Taylor Swift.

Esa capacidad que tenemos para “desconectar” nuestra conciencia, justificar nuestras contradicciones y no realizar una reflexión crítica de nuestros actos es algo que no me resulta ajeno. No hace falta leer a Hannah Arendt para entenderlo. Sospecho que muchas veces es la forma de poder ejercer el fotoperiodismo en zonas de conflicto. Pocas veces lo he visto tan evidente en una conferencia pública. Por supuesto, durante el evento lúdico posterior que organizó el festival (con buena música y unas hamburguesas de quitarse el sombrero) continuó el debate.

Soledad y trajes de flamenca

El domingo arrancó con el otro proyecto seleccionado en la convocatoria BAL .24, en el que Xavier Duran i Herrera presentó ‘Vida y Obra’, un grupo de retratos de trabajadores de la construcción. Después fue el turno de ‘Arrabal’ de Pep Pérez Castelló, que documenta las historias de siete mujeres que sufren soledad no deseada en un entorno urbano que ya no cuenta con ellas. Un mundo que sigue sin ellas. Puedes saber más y disfrutar del libro que ha publicado aquí.

El broche final corrió a cargo de Lynn Goldsmith, fotógrafa de fama internacional especializada en fotografiar a grandes estrellas del pop y el rock internacional, desde los Beatles a Bruce Springsteen pasando por Michael Jackson. Hizo un repaso de anécdotas de famosos deteniéndose en su colaboración con Patti Smith (ahora Premio Princesa de Asturias). Nos quedamos con ganas de saber más de su rivalidad con Annie Leibovitz. Y me dejó impactado que contara orgullosa que se disfrazó de flamenca la primera vez que le hizo fotos al entonces presidente del Gobierno, Felipe González. ¿Qué visión de nuestro mundo tendrá esta mujer para hacer algo así?

© Roberto Villalon

Lo mejor de estos eventos, muchas veces, no es lo que pasa sobre el escenario, sino en los descansos, en las cervezas de luego, en los viajes al aeropuerto… Arreglar el mundo con Emilio (@deuxquize el fotógrafo del evento), recordar gente conocida con Amaia que nos ha cuidado a todos, saber del pasado de Ibiza con J, perderse al volver al hotel con cualquiera… Eso hace también festival.

Pues sí, hay muchos mundos en función de cómo los mires. Muchas formas de entender la fotografía. Lo que nos da este festival es la capacidad de acercarnos a ellas, a ver que hay otras miradas. Y luego, aprender de las que más nos gusten.

Ya tenemos cita para la próxima primavera, nos vemos en Sant Josep es foto.

© deuxquinze