Mirada Zoom

Cuando se cumplen 20 años del final de la guerra de Kosovo, Agencia Zoom vuelve a dirigir la mirada a los Balcanes para mostrarnos el estado de las profundas heridas que provocó aquel conflicto. Mathias Zwick es el autor del estupendo reportaje gráfico que narra la convivencia tras dos décadas a través de la escuela de Rock&Roll de Mitrovica, al norte del joven país.

Cuando en 1995 preparábamos nuestro primer viaje como freelances a la Guerra de los Balcanes (1991-2001), leíamos a Francisco Veiga, uno de los grandes especialistas españoles sobre el tema. En su libro ‘La Trampa Balcánica’ explicaba que para entender aquella guerra bastaba con recurrir a lo que todo el mundo se repetía: “Yugoslavia es una palabra de cinco sílabas. Cuatro naciones (serbia, croata, eslovena y bosnia); tres religiones (católica, ortodoxa y musulmana), dos guerras (I y II Guerra Mundial) y un único deseo: desistegrarse”.

La Guerra de la exYugoslavia fue el último conflicto bélico cubierto por freelances usando casi la misma técnica de otras guerras del S. XX: película analógica, envíos de crónicas por fax o teléfono dictando el texto, etc. La Guerra de los Balcanes no sólo significa el final de una idea vieja de Europa, –dividida en dos bloques–, sino también el capítulo final de un periodismo más de raza donde personajes Miguel Gil (exabogado que colgó su toga para irse en moto hasta Sarajevo a filmar el conflicto), expresan una forma de entender la profesión que era casi un matrimonio con la vida (o con la muerte). En todo caso, visceral, arriesgada y analógica.

Un capítulo de aquélla guerra celebra su XX aniversario este junio. Concretamente, el día 11 hará 20 años del final de la Guerra de Kosovo cuyo resultado sería la independencia de Serbia después de una guerra civil sangrienta como todas. No hace nada, en Sofía, capital de Bulgaria, se reunieron todos los presidentes de la UE para estudiar el calendario la adhesión de Croacia, Serbia, Macedonia y Kosovo. El resultado fue un rotundo fracaso y una ausencia notable en la foto final de Mariano Rajoy, entonces presidente de España, que se negó a aparecer porque nuestro país todavía no reconoce a Kosovo.

Cosas de la vieja política o un guiño al futuro del que pocos días después sería derrocado por Pedro Sánchez. Sea como sea, la sombra de los Balcanes todavía es alargada en toda Europa donde cualquier proceso de segregación territorial se le llama “balcanización”. Poco es sabido, pero Pedro Sánchez empezó su carrera política en la exYugoslavia. Pero no nos desenfoquemos que esto es una revista de fotografía y de ello venimos a hablar.

Mientras Rajoy no quería salir en la foto de la Cumbre Europea, en Mitrovica la sociedad trabaja para curar las heridas de una guerra que dividió el país en dos. Esta ciudad era famosa por sus minas y por su amor al Rock&Roll. Aquí convivían albaneses con serbios pacíficamente. Hasta que estalló la guerra (1998-99) y lo siguiente fue una mierda dividida en dos: dos gobiernos, dos ayuntamientos, dos monedas, dos idiomas e incluso dos marcas de cerveza. La ciudad se llama «Mitrovicë» en el lado albanés, «Kosovska-Mitrovica» en el lado serbio.

Pero gracias a unos jóvenes que vestidos con chaquetas de cuero, guitarras y micrófonos en la mano, esto está cambiando. Hace 10 años, abrió la escuela de Rock&Roll de Mitrovica donde se apoya la formación de “bandas mixtas” entre a músicos albaneses y serbios. La música intenta restaurar el crisol étnico y cultural del pasado. Son unos 150 alumnos, estudiantes de secundaria y universitarios menores de 20 años que pasean armados con guitarras, bajos o sintetizadores para enfrentarse a un pasado de nacionalismo bélico.

Por ahora, la escuela continúa dividida en dos ramas (serbia y kosovar) por razones de seguridad. Sin embargo, cada dos meses los músicos se mezclan durante una semana de ensayos mixtos para preparar el concierto que se celebrará en la parte opuesta de su ciudad.

“Cuando me enteré por un diario de esta historia, enseguida me entusiasmé”, explica el fotoperiodista francés Mathias Zwick. “Me interesaba conocer Kosovo pero quería hacerlo desde un punto de vista positivo. Y, sin duda, esta historia lo es”, afirma. A Zwick lo conocimos en el Festival Visa Pour l’Image y enseguida nos cautivó su trabajo que está realizado con cámara de placas y película. “Quería trabajar emulando los procesos de antes, de cuando yo empecé a disparar fotos”.

Este enorme trabajo, lleno de pasión y energía positiva todavía no ha sido publicado en ningún medio. Lo estrenamos aquí lo cual demuestra, la distancia que existe entre la prensa tradicional y la digital, más abierta y arriesgada, dispuesta a apostar por historias verdaderas. El digital es contracultura. Igual que el R’&’R. Nunca dos lenguajes habían hablado tanto y tan bien a favor de un futuro en paz.