Mirada Zoom

El fotoperiodismo sigue siendo una buena manera para comprender y conocer el mundo. Una muestra de ello es que el festival Visa pour l’image, que hoy comienza, celebra ya su 30ª edición. Los compañeros de Agencia Zoom, que repiten como visionadores de porfolios este año, nos traen a su sección el trabajo de Neus Solà, ‘Poupées’. Protagonizado por mujeres de etnia gitana, se trata de una serie de la fotógrafa catalana que descubrieron en el festival francés.Una vez más, el texto corre a cargo de Raúl Martínez.

Estigmatizadas por partida doble, por su pertenencia a la etnia gitana y por su condición de mujeres en el seno de una comunidad patriarcal impermeable a los cambios producidos en la sociedad, las jóvenes gitanas deben hacer frente a exigencias a menudo contradictorias. Si por una parte el control por parte del poder masculino se mantiene tan férreo como siempre, por otro los cambios en el rol de la mujer en la sociedad acaban teniendo cierta repercusión en la construcción de su identidad. Así las cosas, el siempre difícil tránsito a la edad adulta adquiere connotaciones muy particulares en el caso de las niñas gitanas. Neus Solà lo ilustra en ‘Poupées’, el testimonio gráfico de su convivencia con la comunidad gitana de La Cité, Perpiñán: “El proyecto propone una reflexión en torno al concepto de identidad. Quería mostrar el contraste en la existencia de aquellas niñas.”

Pese a que se sedentarizaron en esa zona del sur de Francia en torno al siglo XV, los gitanos siguen sufriendo numerosos casos de marginación en el autoproclamado país de los derechos humanos. Eufemísticamente llamados “gentes del viaje” como para subrayar su escaso arraigo con la tierra en la que viven, los gitanos siguen en muchos casos considerados extranjeros en su propio país.

Cierto es que en no pocas ocasiones las leyes de la República se topan con usos y costumbres irrenunciables para la comunidad gitana, y la educación es uno de los casos más llamativos. “La escuela no aparece como una obligación para ellos debido a ciertas realidades materiales o culturales, y tenemos que inventar respuestas adaptadas”, indica Jean-Paul Bianchi, inspector estatal para la integración de los niños gitanos, que lamenta casos de ausentismo que a veces alcanzan el 75% del calendario escolar. “Para ellos, la prioridad es la comunidad. Si hay algún viaje o alguna cosa que hacer en el seno de su comunidad, no van al colegio.”

En el caso de las niñas, este desfase entre las leyes nacionales y las de su comunidad se hace incluso más patente. La escuela obligatoria sirve a menudo de escapatoria a las férreas leyes del clan, especialmente en cuanto a emancipación femenina, de ahí el recelo de muchos padres a la enseñanza ofrecida en las escuelas de la república.
Pero lo que a menudo no logra la escuela pública lo están consiguiendo los móviles y sus inevitables redes sociales. “A lo largo de su adolescencia, las chicas buscan su identidad y la autorepresentación juega un papel importante para ellas. Las chicas están atrapadas en la contradicción de su realidad: por una parte se dejan llevar por el juego actual de la hipersexualización pero por otro deben vivir con las inevitables normas de su tradición,” explica la autora de fotoreportaje, Neus Solà, quien estuvo meses conviendo con ellas para este trabajo.

¿Así que Instagram podría acabar con el patriarcado gitano? Ni mucho menos, aunque es innegable que la hiperconectividad llega también a esta comunidad y que los estándares de vida acaban por verse afectado por las nuevas tecnologías.

Los cambios son lentos pero se producen en áreas especialmente representativas, como es la paulatina conquista de cierta autonomía en el seno de la pareja y de un papel social más relevante: “Antes las niñas jóvenes estaban encarceladas sin poder hacer nada. Ahora las mujeres tienen móviles, se maquillan, salen con sus maridos… pero la cultura gitana sigue ahí. Nos tenemos que casar jóvenes y eso no cambiará” nos dice Eva, de 16 años.
En efecto, mientras el conjunto de la sociedad retrasa cada vez más la edad del matrimonio y de la maternidad, en la comunidad gitana de La Cité estar soltera y sin hijos a los 20 años es sinónimo de fracaso. Pocas conquistas serían tan llamativas como retrasar la edad del matrimonio pero como comenta Sylvie, una joven activista feminista, “cuando una minoría se siente en peligro, tiende a replegarse todavía más en sus tradiciones y en el caso de las gitanas francesas, eso significa someterse a un poder patriarcal prácticamente inamovible”.