Las afinidades [s]electivas

Este magazine cumple cinco años. He colaborado esporádicamente con él y siempre he notado agradecimiento por parte de Roberto & Co, ese equipo dinámico, pluriempleado y hasta con don de ubicuidad. Simpatía desbordante que ha atraído a su alrededor a infinidad de fotógrafos y amigos de todo pelaje (que se entienda ‘pelaje’ como en absoluto despectivo, la robe de los animales es algo maravilloso, de aspecto y de tacto)…

Yo me siento en deuda, porque se me ha permitido expresar libremente unas opiniones y, más que eso, aclarar mis ideas en una etapa de vida en que casi todo se vuelve extraño y adquiere una distancia terrible. Creo que son ideas de toda la vida pero que raras veces he visto expresarse en textos críticos; tal vez la edad le confiera al pensamiento más libertad y menos obligación de seguir tal o cual camino, o de conocerlos todos –dios nos libre–.

 Serie ‘Miguel de Cervantes o el deseo de vivir’ © José Manuel Navia

Y vivimos un tiempo especial, algunos hemos aprendido a desacelerar, a olvidar la inmediatez y a ejercer la paciencia. Ahora sabemos que gozar del instante merece la pena porque el futuro nunca ha existido menos que ahora. Así que me paro donde me place, me recreo en lo que me produce goce verdadero y me permito perder el tiempo con quien me apetece. Al diablo lo conceptual que nos trae dolor de cabeza y viva la autenticidad del sentimiento profundo e inequívoco; no temo decirlo, amo el arte cuando sale del alma, no me atrae el que sólo llega dictado por el cerebro. Eso sí, cuando son capaces de unirse ambos orígenes, ¡qué maravilla!

Tal vez porque la dura época que atravesamos me induce a ello, para reponer fuerzas, para aquietar la incertidumbre, para interponer un velo de coherencia interna cuando el mundo exterior tan escasamente la ofrece, me gusta pasear por lo sencillo y lo humano. No busco ni la extravagancia ni lo pulido de un mundo de plástico; ni siquiera la inteligencia si no sabe traducir algo más hondo o visceral. Me voy a lo terrenal, a lo afectuoso y compasivo, a la humildad de lo humano en una naturaleza que lo desborda. Busco sobre todo lo estético, y lo ético dentro de lo estético, lo que para mí corresponda a una idea justa del mundo –la fealdad es una cosa, no siempre opuesta a ello, y el feísmo otra bien distinta–. Como dice Luis Landero, todos somos originales, todos tenemos un mundo personal, un huerto que nos ha tocado cultivar. Mi huerto es mi bastión.

Serie ‘L’homme nouveau’ © Claudine Doury 

Así que me refugio en las imágenes de Navia, de Fontcuberta-Bussières y de Anne-Lise Broyer, en las de Paco Llop, las de Claudine Doury, de Alexis Edwards o de Ekaterina Vasilyeva… tantas donde se respira el lirismo de la vida auténtica –muchos han seguido la escuela de Alain Laboile después de la de Sally Mann–. Busco en Guillaume Amat, en Jon Cazenave o en Helene Schmitz, o en Vilariño, en Rosario Civello… la grandiosidad de este planeta y nuestra frágil pequeñez.  El descubrir que somos pequeños nos ayuda a sentir la infinidad, dice Alessandro d’Avenia. Yo la siento, y me ayuda a respirar. 

Tantos trabajos de fotógrafos que no nombro aquí por ser parte de una lista interminable; tal vez estén los nombrados por brillar más recientemente en mi memoria pero pido perdón a todos los que también me han salvado del asedio de los días. Al final, todos nos construimos una familia –distinta sin duda según qué momento existencial– que nos proteja de la dureza del mundo acercándolo a nuestra íntima escala; algunos poseen ese don y son generosos al compartirlo.

…mi mirada se apoyaba en la tuya como una mirada

apoyaría su mejilla en la mano… (Ted Hugues)

A veces, como Louis Armstrong, quiero pensar What a wonderful world!

‘Tiempo despacio’ © Paco Llop