À la recherche d’un endroit mental (en busca de un territorio mental) es la forma en la que Magdalena Ramírez condensa su charla con el fotógrafo y editor catalán Israel Ariño. Con esta frase condensa la forma de entender la fotografía de Ariño y su éxito en Francia. Por fin, su trabajo ‘La gravetat del lloc’ podrá verse en España desde el 13 de septiembre en la galería FiftyDots de Barcelona.

Israel Ariño es un fotógrafo con una dilatada y sólida carrera fotográfica, que ha tenido más recorrido en Francia (está representado por la prestigiosa Galerie VU´ de París) que en España, y cuya obra trata de un modo exquisito la relación entre las personas y el territorio. Su poca proyección aquí quizá cambie gracias al Reconocimiento Especial que le han concedido en PHE18 por su libro La gravetat del lloc’, editado por Ediciones Anómalas, proyecto que expondrá desde el próximo 13 de septiembre hasta el 6 de noviembre en la Fifty Dots de Barcelona.

Ariño es un autor polivalente que disfruta tanto de la fotografía con diversas técnicas, como de la docencia y de su “otro trabajo”, paradójicamente más conocido, como editor junto con Montse Puig en Ediciones Anómalas, editorial independiente de referencia en el mundo del fotolibro español desde sus ya más de cinco años de existencia, con un variado plantel de autores de primera fila, mezcla de nuevos autores y otros ya reconocidos, y con la bandera de su excepcional calidad editorial.

Quedamos en un bar –siempre es más agradable para el autor ser acribillado a preguntas delante de unos vinos– en una visita relámpago para controlar la impresión de uno de los libros de próxima aparición de Anómalas (‘Desde la isla cuántica’, de Eugeni Gay). Personalmente, me resulta curiosa la situación de preguntarle, ya que ha sido profesor mío en varios cursos y talleres, y las preguntas las solía hacer él. Cuando te enfrentas a Israel, aparte de que es como un armario ropero y eso impone, su estar fuera de modas hace que las conversaciones deriven por derroteros poco transitados y no sabes muy bien por dónde te va a salir. Hacía varios años que no se daba la circunstancia de poder conversar largo y tendido y, ¡zasca!, tengo la oportunidad de una venganza inquisitorial vía batería de preguntas, mientras vamos mezclando temas que van saliendo, saltando el guion previsto, no sé si por conocer bien la obra de Israel, saber más o menos su manera de trabajar o porque el vino es enemigo de las conversaciones estáticas…

Israel Ariño (Barcelona, 1974) cursó estudios de fotografía en el Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya y es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona, por la rama de escultura y grabado. Hablando de sus inicios, su primer trabajo importante fue Barcelona silente, curiosamente un encargo y con fotografías en color, técnica que va a retomar en breve debido a otro encargo en Francia. Entre medias se ha dedicado a la fotografía en blanco y negro con diversas técnicas analógicas y de los comienzos de la fotografía (colodión húmedo) durante casi 20 años.

Comenzamos hablando de su mayor presencia en Francia que en España, donde apenas expone, mientras que por encima de Pirineos lo hace con bastante regularidad desde el comienzo de su carrera: en los últimos meses ha presentado sus obras en Niort, en Marsella y está representado por la Galerie VU’ de París. Comenta que las diferencias vienen dadas por varios parámetros relacionados, como que allí las cosas suceden de manera natural porque un trabajo “llama” a otro, existe una estructura normalizada de galerías y lugares de exposición, residencias de artistas, se valora la experiencia y la trayectoria… Es, pues, una situación más estructural que coyuntural, y me insiste que le gustaría exponer más aquí, pero que no le surge la posibilidad de hacerlo con la frecuencia que en Francia.

Siempre que puedo, me gusta preguntar por los referentes de cada autor. Uno se lleva sorpresas (Gabriela Cendoya y su extensísimo conocimiento musical de lo más granado de la música punk-pop-rock-indie-o de lo que sea, por ejemplo). Israel me comenta que en este apartado siempre existe una evolución pareja al desarrollo como autor, con una “mímesis inicial en los inicios de la formación artística en que te empapas de todo y que afortunadamente se acaba… Al final, todo lo que uno hace y, en mi caso, toda la gente con la que me rodeo tiene una importancia en tu trabajo. Nunca me he sentido muy ligado a ninguna etiqueta, ni al principio ni ahora. El acercamiento a otros medios siempre ha ido ligado a esa exploración en torno al lenguaje y a las posibilidades que nos ofrece. La escultura o el grabado comparten algunas de las preocupaciones de la fotografía, las considero como hermanas mayores, con una trayectoria histórica más importante”.

Israel Ariño “Atlas”

En ese acercamiento a otros medios, le menciono varias características como su gusto por el jazz, la literatura, la filosofía, la obra de otros autores que están fuera de la disciplina fotográfica como Pascal Mirande…, y dejo que se explaye comentándolo, porque otra característica de Israel es su parquedad al hablar de su esfera privada y hay que aprovechar los efectos del vino. Así, hace un paralelismo con la música que es muy visible en su obra: “inefable, emotiva, la imagen que no muestra lo que se ve sino lo que oculta y va apareciendo, la ambigüedad del jazz que lanza sonidos reales y trasciende”; le interesa más la poesía que la novela (hizo un excepcional libro de artista con las Otras canciones a Guiomar de Antonio Machado), y su relación con Pascal es “en primer lugar, un amigo, y alguien del que he aprendido y compartido muchas cosas”, como una manera de “ser, vivir, sobrevivir y trabajar de manera casi monjil, con una actitud rigurosa en lo que haces y la gestión del tiempo para llevarlo a cabo”.

Al comentar temas de filosofía, no puedo resistir el mencionarle a Llorenç Raich, al que define como “un enorme pedagogo, humano, gran hombre renacentista que defiende la fotografía como puente que establece vínculos emocionales donde otro puede recibir ese “algo” y ubicarlo en su historia, con el concepto de equivalencia”. Y ya metidos en harinas conceptuales, le pregunto por su aversión a los textos, respondiéndome que es por la propia ambigüedad del lenguaje, los “susurros” que comenta Momeñe; la fotografía como una respuesta a la incomprensibilidad de la vida y que da idea de que no es suficiente para explicarla porque no es un medio claro. Sacando el manido concepto de la “realidad de la fotografía”, me replica con su apego por lo que está más allá de la superficie, lo que no se ve, lo que se imagina, lo que se puede completar…

‘Terra Incognita’ © Israel Ariño

Bajando de las alturas teóricas, y saltando de temas estrictamente fotográficos, le pregunto sobre la docencia y su implicación con ella. Me dice que evidentemente es un medio de vida, pero que también le sirve para aclarar ideas, sintetizar y hacer tabula rasa al ordenar los pensamientos, estar al día, aprender los nuevos modos de ver de los alumnos con la diferencia de edad desde que empezó a dar clase y era casi coetáneo con sus alumnos y ahora. A la pregunta de cómo ve a los nuevos fotógrafos, si tienen demasiadas ansias por “llegar a ser” y se quedan a medio camino, su reflexión es que “mi conocimiento del panorama nacional es sin duda limitado. Es difícil hacerse una idea de los nuevos fotógrafos como tú dices. Hay pocas posibilidades de ver cosas, y a excepción de las redes –que no considero la mejor forma de conocer un trabajo- las oportunidades de ver trabajos son escasas. Salvo honrosas excepciones en algunas instituciones, el panorama para los más jóvenes es desolador…No hay más que ver como se mueve todo el mundo. Sí que es cierto que a veces tengo la sensación de que muchos tienen prisa, y casi al acabar una escuela ya quieren hacer un libro y no llevan ni 5 años explorando el medio…Pero hay buenas excepciones, gente como Salvi Danés, Núria Guerra, Laura Torres, Léa Habourdin, Sebastián Bruno…, tienen una trayectoria sólida además de honesta, trabajan sin parar y sin urgencias, ajenos a las modas y lo más importante, creyendo en lo que hacen”.

Al hacer la referencia obligada a las RRSS, hablamos tanto de su posición como al fenómeno en general, a lo que responde que “no soy un experto en redes, quizás tienen cosas buenas, y hay seguramente gente interesante proponiendo cosas por esos medios…Pero para mí son excesivas, requieren mucho tiempo –que no me sobra- y a mí lo que más me interesa es ¡sacar fotos! Luego está la avalancha de imágenes que se genera en esos medios y su consumo masivo, yo prefiero más la experiencia de otros formatos.

“Respecto a lo del móvil (le pregunto por un móvil en el mercado con lentes Leica como si fueras con un 50mm, un tele de 200mm y que te dieran resoluciones diferentes para color y blanco y negro), me es un poco indiferente, que cada uno busque las herramientas que más le convenga. Hay una anécdota muy divertida de Atget, al que le quisieron regalar una Rolleiflex, y el tipo dijo: “Gracias, pero no puedo aceptarla… Esta cámara piensa más rápido que mi cabeza”. Pues eso… Seamos coherentes con nosotros mismos”.

Comenta Israel, también, que existe una clara diferencia generacional, lo que implica conocer la historia y poner en su contexto los “grandes descubrimientos” de la fotografía posmoderna, de tal modo que la “ficción documentalizada” es algo que en literatura está más que aceptado y no existe esa sensación de novedad. Por otra parte, prosigue, existen más posibilidades plásticas que esa ficción, combinando técnicas mixtas o diferentes formatos y menciona la última de obra de Stephen Gill de fotografías con sensores; para terminar aludiendo a los ciclos y el interés variable que presentan las modas. (NOTA: es muy interesante leer las reflexiones que Montse Puig ha hecho sobre el premio de fotolibro del último festival de Arlés).

Ariño es un fotógrafo en el que la impronta del territorio es marca de fábrica. Le inquiero si paisaje o territorio y responde que el paisaje es un concepto académico, mientras que el territorio es ir a sacar carbón, hacer cosas, jugar y establecer relaciones, así como el cambio de percepción de los lugares según lo que has vivido, real o imaginado, por la intensidad de la vivencia, citando al geógrafo Joan Nogué, impulsor del Observatori del Paisatge de Catalunya.

Este paseo por el territorio nos lleva a hablar de su último libro, ‘La gravetat del lloc’, que ha conseguido una mención especial del jurado de PHE18 y del que comenta que “en este proyecto, el desafío ha sido una vez más subvertir la realidad. Se realiza en el marco de una residencia de artista en el Domaine de Kerguehennec, un centro de arte contemporáneo dedicado a la escultura. En este caso hay un deseo de explorar, digamos de manera metafórica, la idea de gravedad, que tiene muchas otras vinculaciones: el magnetismo de los cuerpos, el peso de las cosas, la sensualidad de la noche, la atracción de lo desconocido… He intentado también que el paisaje sea algo así como un espejo de mis propias imágenes mentales, disminuyendo la experiencia razonada y haciendo aflorar las relaciones intuitivas con el territorio. El título está prestado de una obra de Pere Jaume –’Paraules Locals’– que habla de la importancia del lugar. Es un libro que me ha dejado aturdido, de una intensidad abrumadora. Este párrafo es una muestra de ello:

“No es bueno arrancar de los lugares ninguna valoración, ninguna jerarquía de unos sobre los otros. Los lugares en aquello más esencial que es pesar en el mundo, no rivalizan, todos tienen su superficie de peso. Ningún paraje es repetible y, por ello, cualquier pedazo del mundo es digno de reverencia como el que más. Las piedras son todas valiosas, todas. Y los lugares también”.

Se trata de un proyecto pensado para acabar en forma de libro, una propuesta más sensorial que razonada, repleta de elementos intangibles que aparecen y desaparecen de manera paulatina a medida que vas pasando las páginas. Por primera vez, he contado con una colaboración de lujo: Underbau en el diseño y de Edu Nave en la preimpresión, y la verdad es que el resultado lo veo más redondo que mis anteriores publicaciones”.

‘La gravetat del lloc’ © Israel Ariño

La producción de este libro, el tipo de papel, los negros saturados me permite preguntar a Israel a qué atribuye su, cada vez mayor, preponderancia por los negros, como en ‘Obirar’ y si ha tenido que ver con unos problemas de visión que tuvo o si ya es una necesidad de llegar a un punto casi de imaginar la luz; si tiene “ansia por la oscuridad”, ya que aun siendo completamente distintos en la concepción del trabajo, esa pasión por el negro y esa deriva me lleva a Paulo Nozolino, cuyos contrastes de luz y oscuridad no están forzados, son oscuridad en la amplitud de registros de la palabra. “Es cierto que mis tirajes han ido ganando en densidad a medida que mis problemas con la luz han ido apareciendo. Me gusta el acercamiento que implica esa negritud. Tienes que fijar la atención y esperar que todo se vaya formando. Es algo así como una aparición, algo que se te desvela delante de ti. Descubrí esa capacidad expresiva de los negros fue en algunas obras de grabado, maneras negras concretamente… Luego también en algunos fotógrafos como Fastenaekens, Nozolino, Meeks, etc. El momento más revelador fue una instalación de Adam Fuss en la Mapfre de Madrid. Entré en una sala y había cuatro piezas en las que no se vislumbraba nada, me quedé inmóvil frente a ellas durante unos segundos y de repente las imágenes vinieron a mí, eran unos retratos de niños. ¡¡¡Eso fue orgásmico!!!”.

Al hablar de la espectacular exposición de Fuss, saltando el guion, le pregunto por las diferencias de puesta en pared de sus obras, que pueden llevar a relatos diversos para el espectador. “Intento adaptar el trabajo a cada sala, priorizar el espacio al contenido, aunque eso a veces es costoso en muchos sentidos. El año pasado vi una exposición maravillosa de Jordi Fulla en el Museo de Montserrat. Nunca tuve una experiencia tan intensa de una instalación, me pareció algo exquisito, mental y a la vez emocional. Eso es lo que yo intento, provocar una experiencia en el espectador a través del recorrido, del espacio, de la iluminación, etc.”.

Hablamos de que muchas de sus series y libros vienen de sus Residencias de artista y le pregunto sobre su proceso de creación (que ha variado bastante desde que le conozco…). “Tu manera de trabajar, ¿es continua o va a saltos entre varios proyectos? ¿Dejas “macerar” los proyectos que no son específicos para las residencias? ¿Cómo te planteas los proyectos en residencia, que tienen sus plazos y sus contrapartidas, dar clases, visitas, exposiciones programadas, etc.?”, pregunto. “Todo depende del tiempo disponible. Hasta hace poco, mi proceso de trabajo era bastante discontinuo, pero acabo de dejar la docencia en la Facultad de Bellas Artes de Barcelona y ahora dispongo de mucho más tiempo. Hasta ahora he ido creando un cuerpo de trabajo a medida que las circunstancias me lo permitían…y para eso las residencias han sido cruciales: tiempo para trabajar, buenas condiciones, pocas contrapartidas… una fórmula privilegiada que me ha permitido avanzar en mis exploraciones. Un tiempo de concentración, de experimentación, de discusión. Por otra parte, las residencias representan también mucho esfuerzo, disponibilidad total y no pocas renuncias.”.

Le comento sobre una de las características de su personalidad y de su fotografía: la ironía, cierta guasa y un estado de alerta a cualquier cosa que pasa por si se le puede sacar punta, que puede saltar haciendo fotos o tomando algo, pero mientras esa característica se veía más en sus fotos de juventud, le pregunto si ha perdido ese humor en estos años, se lo toma más en serio o es que ya no entra dentro de sus proyectos una foto “Maltête”; si prefiere la intriga, el desconcierto (el cocodrilo y el avión en ‘Le nom qui efface la couleur’) y el fuera de plano que un humor más patente. Y si va a seguir con tu serie de historias surrealistas de ‘Les revenants et d’autres esprits crieurs’. “Yo creo que sigue habiendo un cierto humor en mis imágenes, pero más tensionado y más centrado en el lenguaje. Ha cambiado un poco el tono, pero me sigue interesando lo bizarro, lo ambiguo y todo el poder que tiene la imagen para sugerir una historia. La intriga me encanta, en la fotografía y en la vida. El no saber es algo que me produce un placer indescriptible. Respecto a la serie ‘Les revenants’ voy haciendo poco a poco, es un trabajo complejo, que requiere mucha preparación, medios y una logística importante. Voy haciendo, sin prisas.

‘Las hermanas nigromantes’. Les revenants et d’autres esprits crieurs. © Israel Ariño

Esta serie son unas escenografías oníricas realizadas en colodión húmedo con placas de 50×50 cms. en vidrio transparente. Es una técnica que me seduce especialmente y le pido que se explaye comentándola. “Para mí el colodión húmedo es una herramienta más. Como en cualquier proyecto, hay que intentar encontrar el perfecto maridaje entre forma y contenido, pensar en las motivaciones, y también en qué nos va aportar. El colodión húmedo te permite explorar el lenguaje de la fotografía desde otras perspectivas. Te obliga a conocer y entender mejor la historia del medio, a ser muy consciente de todas tus decisiones. Al mismo tiempo, como práctica, está muy alejada del mundo actual y quizás ese es su interés. Está tan lejos que parece algo absolutamente nuevo. Te obliga a trabajar en condiciones poco habituales, y ese desequilibrio, esa tensión con el medio me parece interesante. Luego está el lado físico, la relación con el objeto, la experiencia visual del vidrio.”

Nos queda hablar de los libros, una actividad que resulta especialmente gratificante para Ariño, no solamente como comprador y lector compulsivo, sino como editor. Lleva dos años en los que Ediciones Anómalas se hace con los premios de PHotoEspaña con libros de Juanan Requena, Eduardo Nave y él mismo. Me habla del libro como ente y se define como “hijo de KOWASA”, ya que De Wangen le cambiaba obra por libros, y que esta librería forma parte la historia de la fotografía en España. Editar, dice, es una manera de devolver lo que él ha recibido por ese intercambio y ese conocimiento aprendido basado en libros. Aparte, para Israel es un objeto maravilloso, con sus peculiaridades y otro modo de acceder al público. Un placer onanista como el vino o la música.

Le pregunto por la estabilización del mercado del fotolibro y otras experiencias: –”¿Qué destacarías de las iniciativas que van saliendo como Fuego y su libro de homenaje a ‘Twin Peaks’ o las últimas apuestas de Ca l’Isidret, que se apartan de lo “normal”?”. –“Estamos aún lejos de alcanzar una normalidad, y no sé si algún día la alcanzaremos. Tengo la impresión que hay muchos más libros que personas interesadas en ellos., Pero, en fin, hay que seguir y acertar donde seguimos poniendo todos los esfuerzos y energías.

“Fuego es una propuesta admirable, que rebosa pasión y ganas de ampliar públicos. El libro de Lynch es una apuesta valiente que intenta dignificar el formato del catálogo que tanto menosprecio ha recibido últimamente. Ca l’Isidret es una propuesta editorial distinta, con intereses que no tienen mucho que ver con otras editoriales como Fuego o Anómalas. Imagino que con las tiradas de sus últimas publicaciones buscan nuevos caminos para seguir trabajando. Conociéndolos diría que están un poco desencantados del circuito del libro e investigan otras estrategias para seguir adelante.”. –¿Y Anómalas? –“Estamos de lleno con la promoción de nuestros últimos libros: ‘Duelos y Quebrantos’ de Sebastián Bruno y ‘Desde la isla cuántica’ de Eugeni Gay. Y pronto llegan las ferias: Ámsterdam, Nueva York, París…Y como siempre, buscando nuevas complicidades con instituciones para poder seguir existiendo. ¡Y por supuesto, valorando nuevos proyectos futuros!”.

Para finalizar, le pregunto obviamente por sus retos personales. Ahora mismo está investigando en las posibilidades expresivas del color. “He aprovechado un encargo en el norte de Francia para meterme de lleno en ello. Para el trabajo con el color he contado con la fantástica colaboración de Clara Gassull. Es un proyecto que me ha ilusionado de manera particular, es como si hubiera vuelto a nacer, pronto se podrán ver las primeras imágenes. Después del verano presentaré por fin ‘La gravetat del lloc” en Barcelona, en la Fiftydots Gallery el 13 de septiembre. Y ya para el 2019, mi trabajo viaja por primera vez a Bélgica, de la mano de la Box Galerie, y un poco más adelante en la Tosei Gallery en Tokyo, así que ya estoy metido en estas dos exposiciones que me van a llevar un buen tiempo de preparación.

Esperemos ver por aquí esos trabajos, nuevos libros y que iniciativas como la de UFCA (un taller conjuntamente a la exposición de ‘La gravetat del lloc’ que tuvo lugar en febrero), se repitan con mayor frecuencia para nuestro deleite fotográfico. Y que me pille lo suficientemente cerca para tomar más vinos con Israel. ¡Salud!