“Lo más escandaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra”. Simone de Beauvoir, pensadora y novelista que destruyó mitos femeninos y luchó por una verdadera liberación de la mujer atacando toda la estructura sobre la que se asienta y justifica la dominación masculina desde diversos puntos de vista –sociológico, antropológico, etnológico, histórico, etc.–, hablaba ya hace mucho tiempo del peligro de lo normativo.

¿Por qué cuando un señor como el famoso fotógrafo de moda Terry Richardson se defiende de las reiteradas denuncias de abuso sexual por parte de sus modelos alegando que fue “sexo consensuado”, se pone en duda la voz de la agredida, de la victima?

El tema de la representación y la manipulación de la mujer en el mundo de la fotografía de moda daría para escribir una triste enciclopedia de lo erróneo y sus consecuencias van más allá del ámbito puramente creativo. Reforzar la imagen de una mujer frágil, violentada, tirada, despatarrada, famélica… flaco favor a las mujeres presionadas por entrar en el estereotipo. Anorexias, frustraciones, posicionarse en el sometimiento…todo esto es exactamente lo contrario a salud, libertad y empoderamiento.

¿Por qué a una mujer fotógrafa se le pregunta cómo compatibiliza su profesión con las tareas del hogar y el cuidado de los hijos, y a ellos no? La fotógrafa Susan Stripling denunció en Facebook el año pasado la actitud de privilegio hacia el hombre en esta profesión que, como en muchas otras, está normalizada e invisibilizada, hablando de los micro-machismos que nos encontramos en el cotidiano.

¿Por qué fueron 32 hombres los embajadores de la Nikon D850? Ni una mujer. Será que no hay mujeres fotógrafas ni valiosas ni valientes.

¿Por qué el World Press Photo solo cuenta con 5 mujeres en sus 48 nominaciones de este año?

Más de la mitad de las aulas en las carreras de BBAA y Fotografía suelen estar formadas por chicas.
La fotografía es un mundo dominado por lo masculino. Como tantos otros.

Recientes denuncias a un fotógrafo reconocido en España y Latinoamérica han confirmado que la onda expansiva del efecto del caso Weinstein ha llegado también al mundo profesional de la fotografía. Se sigue el mismo patrón: una mujer denuncia y otras muchas aparecen detrás arropadas por la fuerza, la protección (emocional, física y jurídica) y el calor de la sororidad. Son relatos acongojantes, indignantes hasta lo indescifrable, irritantes, algunos terroríficos, tristes… Rabio y sacan lo peor de mi, emocionalmente hablando. Nauseabundo.

Todas ellas denuncian “manipulación, invisibilización del trabajo de las mujeres con fines de lucro personal, abuso de poder , aprovechamiento de su posición en el circuito fotográfico para proponer publicaciones conjuntas a cambio de sexo virtual y fotografías eróticas, abuso sistemático de poder mediante ofrecimiento de becas de estudio en escuelas de España ( como consecuencia una reconocida escuela aludida publicó un comunicando desmintiendo la relación con este asunto), trabajos no remunerados, ofrecimiento de “oportunidades” en las que siempre solicita fotografías eróticas….”

Destacan también que “estas situaciones son moneda corriente en el mundo de la fotografía y el audiovisual de la mano de muchas otras formas más y menos sutiles de violencia de género”.

La fórmula se repite: puedo llevarte a la fama o puedo destruirte. Tú decides. Y una vez hecha pública la denuncia se defiende como gato panza arriba alegando su buena praxis profesional (que poco tiene que ver con su comportamiento en su vida privada) y recurre a sus amigos (y amigas) poderosos, tirando de complicidad para lograr impunidad.

Nadie puede ejercer abuso o acoso de ningún tipo por su posición de poder, pero menos aún por el mero hecho de una diferencia de género. Ni de raza, religión, pensamiento…

No podemos normalizar. No podemos no creer a la víctima. No podemos crear estructuras jerárquicas que inviten a la destrucción de una mujer por el simple hecho de serla. No podemos permitir que una mujer se avergüence de sí misma después de una experiencia traumática no deseada, y dude si denunciar o no por el miedo a echar al traste su carrera profesional.

Colectivos, grupos, asociaciones de mujeres que por necesidad de defensa, autoprotección y denuncia se han unido en los últimos tiempos, no muestran más que la punta del iceberg de lo que se mueve.

La Caja de Pandora surgió en verano del año pasado ante una denuncia de abuso sexual en el ámbito artístico. Ocho meses después ya somos más de 3.000. Movidas por la sororidad, escépticas y cautelosas, mostramos un rechazo rotundo a este tipo de abuso, especialmente si se ejerce mediante violencia y/o acoso sexual contra las mujeres. La multitud de testimonios y experiencias confirman que las prácticas de intimidación, manipulación y violencia ejercidas contra las mujeres son habituales en un contexto como el artístico, que, con sus características flexibles, abierta y desregularizadas ha sido utilizado como escenario de impunidad.

Todo pasa por una exigencia en la revisión de las prácticas y modus operandi por parte de los miembros de la comunidad artística (galeristas, comisarios, artistas y profesionales de la cultura en general), y que se posicionen de forma clara, rotunda y definitiva en el discurso de que intimidar, acosar, incomodar y/o violentar sexualmente es inaceptable. Suena lógico y normal, pero sorprende cómo en las conversaciones en estos circuitos se oyen contradicciones en boca de los y las más insospechados/as. Inspiran comentarios con sorna, chistes fáciles, humor casposo. Y no, no tiene puñetera gracia. Paradójicamente muchas veces estos hombres denunciados han sido premiados y/o han participado en eventos de reivindicación de los derechos de la mujer. Hay algo que claramente no funciona. ¿Laxitud?

El incumplimiento de la Ley de Igualdad Efectiva, ley promulgada por el Gobierno de España en 2007 que obliga a las instituciones públicas a atenerse a unas normas, lleva también a exigir a las plataformas gestoras del ámbito artístico que velen y garanticen espacios seguros y libres de estas prácticas.

Otro ejemplo reciente son las fff fuerzas fotográficas feministas, grupo anónimo creado en Argentina pero que extiende sus alas por el continente sudamericano desde mayo del año pasado, velando por los derechos de igualdad, la protección y la vigilancia de injusticias en el mundo de la fotografía. Surgen de una denuncia de desequilibrio en las cifras de la presencia de la mujer en premios, jurados, becas, residencias… pero no solo eso. En España MAV Mujeres en las Artes Visuales, vigilan que se cumplan las cuotas de participación de mujeres en el ámbito de la cultura…pero no solo eso.

Por cada hombre denunciado hay muchos otros que siguen usando los mismos mecanismos de abuso. Que el árbol no nos deje ver el bosque es algo contra lo que tenemos que seguir luchando. Ni tolerancia, ni impunidad.