Con motivo de la exposición ‘DIWO. Do It With Others. Prácticas autoeditadas en los lenguajes de la imagen’ repasamos el mundo de los fanzines fotográficos a través de ‘Yolanda’, del jóven fotógrafo Ignacio Navas.

Desde principios de diciembre y hasta el 11 de abril, en CentroCentro Cibeles, en la cuarta planta del Ayuntamiento de Madrid, se puede ver la exposición ‘DIWO. Do It With Others. Prácticas autoeditadas en los lenguajes de la imagen’. Allí están expuestos 200 proyectos autoeditados que tratan de ser una muestra de las prácticas editoriales actuales alrededor del mundo del fotolibro. El comisario, Juan Pablo Huércanos ha incluido una gran cantidad de fanzines fotográficos entre los que aparece ‘Yolanda’, del jóven fotógrafo Ignacio Navas. Aprovechamos esta ocasión para repasar aquel exitoso fanzine y la visión desde el compromiso con el formato que tiene el fotógrafo de Tudela.

Rebuscando en el álbum familiar, Ignacio Navas se preguntó quién era la mujer que lo sostenía en la foto de su bautizo. Una presencia que le resultaba extraña, pues murió víctima del sida cuando él tenía seis años. Era Yolanda, la que fuera pareja de su tío Gabriel. La heroína, que era el pan nuestro de cada día en una ciudad como Tudela, hizo que la típica foto familiar tuviera un final que no estaba previsto. El interés por esta enigmática figura llevó a Ignacio a bucear en los recuerdos familiares, no sólo gráficos, sino también en su memoria, haciendo una labor arqueológica en el entorno más íntimo.

Navas nos aclara cómo ha llegado a esta mezcla de fotos y textos con testimonios de su tío: “He ejercido de investigador y editor más que de fotógrafo al uso. Hice bastantes fotos, pero incluí pocas en la edición final porque no eran necesarias. Mi labor era desenmarañar la historia y articularla desde una visión propia”. Explica Ignacio, para el que centrarse en su entorno más cercano como espacio que explorar no es novedad. “Para mi, hacer fotos es buscar en las cosas que me rodean o que me causan curiosidad, convertirse en una especie de Indiana Jones y lanzarse a por aventuras. Tal vez soy tímido y necesito la fotografía como excusa, pero la fotografía está relacionada con la experiencia y la vida. David Jiménez me dijo una vez que las fotografías cuentan las cosas que hemos aprendido haciéndolas, me encanta trabajar bajo esa idea y rebuscar en esas pequeñas cosas que, sin querer, nos definen y nos hacen tomar un rumbo u otro”. Esas cosas son aquellas a las que él denomina tonterías.

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Portada de ‘Yolanda’

Pero no se trata sólo de una búsqueda en el recuerdo, sino que ha habido una exploración formal sobre cómo construimos nuestras fotos personales. “Wolfgang Tillmans hace fotografías en 35mm porque así es como la mayoría de la gente ve el mundo, yo creo que hay que dar un paso más, viendo las fotografías que están en los álbumes personales y las redes sociales, las miradas más inocentes, conforman el mundo a través de fotografías mal hechas, fotografías tartamudas: esas fotos con dominantes de color, errores de exposición, veladuras… Creo que esos elementos del lenguaje fotográfico que surgen de errores en el proceso técnico crean un lenguaje visual que al espectador le suena más coloquial. Creo que es muy interesante empezar a jugar con estos códigos. Hoy en día con la cantidad de imágenes que se generan, el fotógrafo no es más que alguien que tiene conciencia de los códigos visuales y es capaz de jugar con ellos y sus ecuaciones para contar algo en profundidad, con sus propias fotografías o con las de otra persona.”. Respecto al plano más evocador que puede tener un álbum familiar matiza: “Creo que la fotografía en general no es acerca de un momento, sino que siempre es puro lenguaje, e inevitablemente un constucto. Por ejemplo: un padre de familia que va a hacer una fotografía a su esposa e hijos un día de verano en la playa, hará clic cuando los vea sanos, felices, mostrando una familia como él quiere conseguirla… y sino lo consigue borrará la foto o quedará olvidada en algún disco duro. Será un proceso inconsciente, pero está ahí, inevitablemente nos proyectamos en las imágenes que hacemos a través del lenguaje fotográfico. De hecho, es curioso que los álbumes familiares mantienen muchos patrones similares, aún en distintas culturas.

Volviendo a Yolanda, una de mis dobles preferidas son las que aparecen mi tío y mi tía en un parking frente al mar. Me los imagino emocionados, como si fuera la primera vez que vieran el mar, o como si lo hubieran ansiado después de mucho tiempo. Tan emocionados que deciden hacerse una fotografía, primero el uno y luego la otra, olvidando que están entre coche y coche, que el mar apenas se dibuja en el horizonte. Esa dulzura, esa emoción, esas son las tonterías con las que dibujo la historia de mis tíos. Aunque suene cursi decirlo, supongo que son las cosas en las que me fijo, las que creo que son más importantes”.

No es casual que Yolanda sea un fanzine. Ignacio tiene un compromiso con este formato. Y no sólo por cuestiones económicas. De hecho, comisarió junto a Andrés Cobacho, una exposición sobre el fanzine fotográfico en España Fanzinismo: fotografía + grapas” en la que rendían un homenaje al este fenómeno desde los años 80. “Una exposición que surge del cariño, el mal hacer amateur y el emocionamiento mutuo”. Una expo impregnada por aquello que exponía y de la que el propio Ignacio afirma: “Para nosotros aquella exposición fue una cura de humildad muy grande porque vimos que estábamos haciendo muchas cosas mal, corriendo, sin poder dedicarnos ninguno de los dos 100% a ello y nos dimos cuenta tarde de las responsabilidades que implicaba…pero fue algo muy bonito porque fue una investigación donde tratábamos de desentrañar las distintas estrategias que utilizaban los fanzines en su gestación y publicación.”

Además de por el cariño al formato “Yolanda es un fanzine por varias razones: el dinero inevitablemente es una, hubo un par de editores interesados, pero no respetaban el proyecto tal cual lo habíamos concebido, tengo mucho respeto al libro y prefiero hacer un buen fanzine que un mal libro.

El fanzine es sobre todo una forma de reivindicar lo amateur, de aceptar el lugar en el que estás pese lo bonito que se pinte, publicar sin tener pretensiones o grandes metas, y tratando de hacerlo simplemente lo mejor posible. No creo que sea una excusa para hacer algo sin autoexigencia o que no funcione. Al igual que hay que aprender a hacer fotos haciéndolas, a editar y hacer publicaciones la mejor forma es haciéndolas, y un fanzine al exigir menos recursos, no tiene tanta responsabilidad como el libro”. Ignacio se siente cómodo con el formato porque lo considera una cosa pequeña, con poca tirada, en la que uno controla como se hace, su distribución… y en el que un error se perdona más fácilmente.

“Es dificil definir con exactitud lo que es un fanzine y lo que no, para mi la diferencia está en la profesionalización. El primer fanzine que conocemos en España fue Rococó de Miguel Trillo. Él cuenta que nació de la frustración al cerrar una revista donde iban a publicarle, por lo que decidió autopubicarse utilizando una fotocopiadora. El atrevimiento del yo me lo guiso yo me lo como, es el espíritu fanzinero. Generalmente los fanzines se hacen con poca experiencia, de forma muy manual, con pocos recursos y aprendiendo sobre la marcha. De ahí vienen todos los errores y defectos que hacen que el fanzine sea algo tan entrañable. Otra cosa que dijo Miguel en la inauguración de Fanzinismo en Madrid fue que hacer fanzines es posicionarse, es no sentirse identificado con el sistema dominante, y tener voluntad de hacer las cosas de otra manera. Ese impulso quinqui define al fanzine frente al fotolibro. El fanzine es el hermano quinqui de la fotografía”.

13_yolandazine12_v2Curiosamente, de unos años a esta parte, el papel ha ganado mucha importancia a la hora de dar a conocer un trabajo fotográfico pese a encontrarnos en la era de Internet, donde la distribución de imágenes se ha facilitado de manera espectacular. “Ya se ha hablado mucho sobre la importancia del libro para la fotografía, publicar es algo muy hermoso porque significa compartir de una manera muy especial. Se están haciendo libros maravillosos en España. Aunque me da miedo que nos estemos ofuscando un poco, que haya demasiada prisa al publicar, esto nos hace meter la pata y malgastar oportunidades. Para mi, el reto del fotógrafo es abrir nuevas puertas para la fotografía, aportar un granito de arena al medio, y el sentido de hacerlo es aprender en el proceso. Esto requiere mucho tiempo porque implica un desarrollo lento”.

Por otro lado, Navas le añade a fanzines un valor generacional. “Estamos rodeados de grandes proyectos y grandes libros con producciones muy meditadas, pero los que venimos ahora nos encontramos en otras circunstancias más cercanas a la precariedad. Si vamos a la generación anterior, desde el comienzo de la crisis es el Ministerio de Trabajo y no el de Cultura el mayor mecenas de la cultura en España. Las iniciativas privadas ya tienen sus cauces y las instituciones que deberían apoyar las artes plásticas emergentesno lo hacen en absoluto porque sus iniciativas no se corresponden con las necesidades de los creadores. El paro ha becado” a muchos fotógrafos que al quedarse sin trabajo, aprovechan la ayuda para realizar sus proyectos con la calidad, dedicación y tiempo que necesitan, creo que esto debería dar mucho que pensar a los gestores, porque lo que vislumbra es un problema de objetivos. Para mi generación, los nacidos a finales de los 80, todavía tenemos que crear nuestro camino y hará falta tiempo, pero viendo la situación y por donde van los tiros tenemos que inventarnos otros sistemas para funcionar si no cambian las cosas, mientras tanto, aceptando esa precariedad, los fanzines funcionan, tanto como un paso previo hacia algo más grande como una obra en sí misma”.

Lo cierto es que Navas es muy reivindicativo respecto a la gestión cultural que se realiza actualmente. Tal vez por ello ha creado, junto con algunos compañeros, su propia empresa. “Supongo que es el siguiente paso después de hace fanzines, hemos creado La Emergencia, una cooperativa de artistas plásticos. Tratamos de hacer autogestión cultural. Es una apuesta por intentar funcionar de otra manera. Es muy difícil pero yo creo ciegamente en este proyecto: con lo que tenemos, a ver que podemos hacer.”. Una muestra más de ese espíritu quinqui ha vuelto a surgir en nuestra sociedad que podríamos resumir en una frase de Navas: “Cuando no hay dinero, un trabajo tan intenso como este empieza a verse bajo la pasión o la felicidad”