Linarejos Moreno presentará ‘Tabularia. Laboratorio de Ciencia e Imaginación’, en el Jardín Botánico de Madrid. Carmen Dalmau hace un repaso sobre su propuesta, que se incluirá dentro del Programa Oficial de PHE16.

Soy metálico en el Jardín Botánico

(Radio Futura)

Linarejos Moreno (Madrid, 1974) presentará ‘Tabularia. Laboratorios de ciencia e imaginación’, una exposición individual en la próxima edición de PHE16. Linarejos emplea la fotografía como una dúctil herramienta, junto a otros materiales -óleo, madera, hierro- para entretejer su discurso. Sus fotografías, impresas sobre grandes arpilleras, adquieren un marcado carácter escultórico. Concibe la fotografía como un lenguaje transversal, desligado de una concepción estrictamente técnica del medio, uniendo las dimensiones artística, estética, filosófica y antropológica. Se aproxima a la fotografía desde el poliedro polisémico de la misma, en un arco que estuvo trazado desde la facultad de Bellas Artes hasta la esfera profesional de una agencia de arquitectura.

Su formación es larga, aprehendiendo en permanente ejercicio de reflexión y diálogo, un conocimiento de conservación de la escultura, de tecnologías digitales, de técnicas pictóricas, una metodología de taller, la manipulación de materiales muy diversos, junto a un interés por la fotografía arquitectónica, por el documento y por los archivos como materiales para la deconstrucción de realidades y reedificación del mundo. Sus piezas son a la vez instalaciones, esculturas, lienzos, fotografías, que nos hablan del espacio, de la memoria y de la ruina.

Linarejos Moreno puede incluirse en una generación de artistas visuales que han roto con los límites tradicionales de la formación plástica, con las fronteras físicas, y que forman parte de aquella Altermodernidad formulada por Bourriaud en 2009, y que intentan responder con su producción artística al contexto global en que ahora vivimos.

A su selección en la Muestra de Arte Joven en 1998, se añadieron Generaciones, el Concurso de fotografía Purificación García, el Premio Pintura y Fotografía ABC, el Premio Casa de Velázquez, creciendo como artista tanto en el plano de formalización de sus piezas como en la reflexión estética sobre la mismas, como demuestran la reciente defensa de su tesis doctoral en la Facultad de Bellas Artes de la UCM, ‘La ruina como proceso. Robert Overby, Gordon Matta-Clark, Francesca Woodman y su legado’ así como la puesta en escena que en la actualidad prepara para el Jardín Botánico de Madrid.

La tesis doctoral comienza con una cita a Heráclito, mezclando las certezas del conocimiento del mundo con la ironía, y que define muy bien a la artista sumando la inteligencia y el sentido del humor.

Si el mundo fuera humo, lo reconoceríamos por la nariz”.

 En la entrevista publicada en Archivo de creadores manifiesta:

“Hay varios recursos que utilizo en paralelo: el recurso al universo científico e industrial –a partir de él dibujo imaginarias trayectorias, realizo estratigrafías, construyo instalaciones que parecen útiles de demostración científica o piezas de relojería– yuxtapuesto a objetos y dibujos cargados de significado que hace que se cree una especie de maquinaría simbólica. La fotografía escenografiada o guiada heredera de los tableaux vivants del XIX que me ayuda a plasmar ese otro espacio interior”.

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El estudio de los materiales y de sus cualidades táctiles determina el carácter simbólico del que están dotadas sus obras, al modo aprendido de Joseph Beuys, provocando a través de ellas con la fuerza de antiguos ritos chamánicos, una transformación política, social y personal.

Linarejos Moreno reivindica la herencia, transdisciplinar y transgeográfica del legado de Overby, Matta-Clark y Woodman, desde su relectura actual, especialmente de Woodman.

Para Linarejos, los textos de Abigail Salomon-Godeau y Rosalind Krauss sobre Francesca Woodman condicionan la lectura actual de su trabajo, que tanto mal ha hecho en el manierismo de introspección psicológica que apreciamos en muchas fotógrafas actuales.

La exposición retrospectiva organizada por Ann Grabhart cinco años más tarde de su salto mortal al vacío, aísla su obra del contexto de los artistas de los años 70 que trabajaban en la ciudad de Nueva York, en el cual estaba sumergida tanto por su condición de estudiante de Bellas Artes como de hija de artistas.

De Woodman, le interesa la relación con la ruina como proceso y sus estrategias de camuflaje, ya que ambas son mujeres que han empleado su cuerpo como herramienta para relacionarse con el espacio, pudiéndose apreciar en trabajos como ‘In the country of last thing’ (2006).

Y como raíz más profunda, su obra se hunde en los capricci y arquitecturas fantásticas y las escenografías teatrales de Piranesi, Panini o Adams. La artista afgana Lida Abdul (Kabul, 1973) es para Linarejos “un espejo de reconocimiento a pesar de la distancia geográfica y cultural”. Su trabajo se alinea al de artistas españoles como Dionisio González, Jacobo Castellanos o Fernando Sánchez Castillo.

Su preocupación y estudio del espacio, hace que la exposición que prepara para PHE16 en el Jardín Botánico esté condicionada y articulada en relación con el lugar de la muestra. ‘Tabularia’ tiene dos partes, que en realidad son tres, ‘Art Form in merchanism’ –fotografías de modelos botánicos impresas sobre arpilleras– comisariado por Fabiola López-Durán, y ‘Tabularia’, –una instalación específica y la celebración de un ‘Symposium’– proyecto en colaboración con López-Durán, sobre dos documentos de los archivos del Jardín Botánico de Madrid y de la Biblioteca de Libros Científicos Raros de la Houston University.

 

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En ‘Tabularia’, reflexiona sobre la dualidad y actual desvinculación entre arte y ciencia. En el mundo occidental los caminos de ambas disciplinas, que convivieron en sus inicios, se fueron disociando hasta culminar en la división categórica de las Academias del siglo XVIII que reservan la Belleza y la Invención a las Artes y la Razón y la Verdad a las Ciencias, aunque pensadores como Thomas Kuhn o Paul Feyerabend comenzaron ya a cuestionar, desde mediados del siglo pasado, la pretendida superioridad de la ciencia para el conocimiento del mundo.

El título de la exposición ofrece muchas claves, es una referencia explícita a Karl Blossfeldt, otro caso de fotógrafo que al igual que Francesca Woodman ha sido descontextualizado.

Blossfeldt en una figura clave de la Nueva Objetividad, cuando en realidad sus fotografías ampliadas de formas vegetales fueron realizadas con intención de ser láminas para que los estudiantes de arquitectura observaran las formas orgánicas e idearan modelos ornamentales. Su famoso libro ‘Unformen der Kunst’ fue traducido al inglés comoArt Form in Nature’. Linarejos sustituye Nature (Naturaleza) por Merchanism (Mecanismo).

En la exposición se reproducirá el texto que acompañaba a la publicación de 1929 sustituyendo siempre el término Nature por Mecanismo, provocando una disonancia en el mensaje. Linarejos Moreno quiere alertar al espectador de que si bien en el campo de las ciencias se alinea lo industrial, lo tecnológico, el mecanismo, estos conceptos siempre han estado presentes en sus piezas artísticas.

‘Hervarium’ de Joan Foncuberta tiene como referente el mismo punto de partida de Linarejos -‘Unformen der Kunst’- pero sus aproximaciones arrojan resultados muy diferentes. Si Fontcuberta se interesa por la manipulación del lenguaje fotográfico y nos presenta un catálogo de plantas imposibles, inventadas con la intención de que podrían mimetizarse entre las páginas de la obra de Blossfeldt, para hacer su satírica lectura semiótica del lenguaje fotográfico, Linarejos Moreno no inventa, sino que solo nos pone al descubierto que los modelos ornamentales son una construcción artificial, un mecanismo.

Blossfeldt eliminó hojas que molestaban de los tallos, manipuló las curvas para generar ilusión de fractales, alteró los modelos considerados taxonómicos para la Botánica, dotándoles de un tratamiento escultórico y convirtiéndolos en un mecanismo artificial.

Linarejos ha estado investigando en los archivos de los Institutos Históricos madrileños sobre los modelos botánicos del siglo XIX, la mayoría comercializados por la casa francesa Deyrolle desde 1831, que sigue en la actualidad como casa especialista en taxidermia, colaborando con artistas como Damien Hirst y que también estará representada en Madrid en el diálogo que se generará en torno a ‘Tabularia’.

 La artista ha fotografiado ampliando las dimensiones de esos objetos escultóricos de los gabinetes de maravillas, siguiendo la estética de las láminas de Blossfeldt, guardando los márgenes, los fondos neutros, el tono de ensayo científico, poniendo en evidencia que se trata de mecanismos.

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Art Forms in Mechanism V, 2009-impreso 2016 (detalle), © Linarejos Moreno

Al ampliarlos obliga a observar que tienen pequeños herrajes, mirillas, piezas metálicas que encajan unas en otras, números, inscripciones, lo que los hermana con los autómatas, con las máquinas, y en cierto modo con el surrealismo. Modelos creados para la ciencia, de los que surgió una interpretación del mundo natural, pero en los que la artista saca a relucir, con idénticas prácticas de los surrealistas, la subjetividad, lo humano, la alteridad.

Estas fotografías son trasladadas a grandes arpilleras donde vibran sus raíces pictóricas. Están tratadas con muchas capas de blanco como si de un cuadro de Mark Rothko se tratara.

En este trabajo, como en todos los proyectos de Linarejos, existen muchos estratos que posibilitan muchas lecturas, mucho trabajo artesanal, y un tiempo largo de gestación. Desde 2009 ha pasado un año fotografiando los modelos botánicos, otro año preparando e investigando el soporte de las arpilleras y uno más investigando en archivos.

‘Tabularia’ es también un laboratorio de ideas. En el Botánico se pone en pie el primero, pero en la itinerancia de la exposición se generará un nuevo diálogo entre ciencia e imaginación, entre artistas y científicos.

La muestra también se origina a partir del diálogo con la curadora sobre los diferentes modos de aproximarse a un archivo. A Linarejos Moreno le interesa el archivo no tanto como táctica de apropiacionismo, sino como instrumento para generar su propia poética personal basada en la ruina, en los estratos, en la memoria.

Y como Walter Benjamin, que contribuyó a crear el halo sobre la obra de Blossfieldt con su crítica ‘Algo nuevo acerca de las flores’ (1928), cuando paseemos por el hermoso Jardín Botánico de Madrid y llegando a su pabellón de exposiciones nos encontremos con ‘Tabularia’, primera exposición que presenta PHE16 en diálogo con el jardín, “caminaremos debajo de estas plantas gigantescas como liliputienses. Extraer toda la dulzura de sus cálices sigue estando reservado a espíritus fraternales, también gigantes; a ojos solares como los que Goethe o Herder tenían”.