El Seminario de Fotografía y Periodismo de Albarracín ha cumplido 18 años. En su mayoría de edad, el festival que organizan Gervasio Sanchez y Sandra Balsells sigue siendo un punto de encuentro para todo el mundo fotográfico, y no solo para la fotografía documental. Ponencias, visionados, exposiciones y becas forman parte del programa oficial, pero también las conversaciones de bar y las inquietudes de los asistentes son parte fundamental de lo que allí sucede. Nacho Bueno Gil vuelve a ser nuestros ojos y oídos, y nos cuenta lo que allí sucedió en esta crónica

Son ya 18 ediciones del Seminario de Fotografía y Periodismo de Albarracín, siempre bajo el amparo de la Fundación Santa María de Albarracín. Estos son los números de este año: 8 ponencias, 140 participantes (de los cuales algo más de 100 presentaron trabajo), 7 becas, 2 talleres y una exposición.

La distribución de las actividades hace que la jornada sea intensa y jugosa: ponencias por la mañana, visionados por la tarde, proyecciones de audiovisuales al terminar la jornada y ya fuera de programa, reunión informal lúdico-festiva en el Molino del Gato.

Todos los lugares del encuentro están situados en una misma línea (más o menos recta, claramente ascendente) que atraviesa el casco viejo de Albarracín desde lo más alto (Torreblanca, lugar de la exposición) hasta El Gato, junto al río Guadalaviar. Esto facilita el contacto entre la gente y la convivencia. Creo que es algo que caracteriza positivamente al seminario y es una de las claves de su éxito.

Albarracín © Fundación Santa Maria de Albarracín

La asistencia ha sido menor que otros años, la media está sobre los 180. El récord fue en 2010, con casi 300. Quizás el programa no llamó la atención tanto como en otras ediciones. Además este año el peso de fotógrafos multidisciplinares que vienen de Bellas Artes ha sido mayor de lo habitual (3 de 8 ponencias). Uno de ellos, J.M. Ballester, no pudo venir el año pasado. La intención del seminario siempre ha sido mezclar generaciones y procedencias para ampliar horizontes culturales, algo muy acertado, en mi opinión. También hay gente que se queja, pero de eso y otros aspectos ya hablaré luego, ahora vamos con las ponencias.

Ponencias

Jose Manuel Ballester, Premio Nacional de Fotografía 2010, abrió el seminario con ‘El paraíso, ¿se encuentra o se construye?’. Una ponencia con una perspectiva humanista. Nos habló del deseo como motor del ser humano, de la aparición de la realidad virtual como herramienta para satisfacerlo, del necesario equilibrio entre lo racional y lo irracional. “El arte puede ser terapéutico, pero también perverso y dañino”

Acumula 16 viajes a China a lo largo de su carrera, atraído por sus espacios urbanos y arquitectura. Ahora es jurado del premio nacional chino de fotografía, al que se inscriben 200.000 aspirantes en busca de visibilidad, triunfo, ego. “Cada vez hay más chinos en los concursos internacionales, la acogida cultural de la fotografía en China es brutal”.

‘La anarquista’ © Cristina Lucas

Cristina Lucas ha sido para mí el descubrimiento más reconfortante de esta edición. En su ponencia ‘Lo personal es político y lo político es personal’, conjuga feminismo, humor y crítica social en variados formatos y de forma inteligente y eficaz, poniendo en evidencia nuestras contradicciones. Recuerdo el video en el que se oye una conversación (real) entre un cura y ella misma en un confesionario, hablando de la relación entre religión y
arte. Otro en el que “expertos” de diferentes ámbitos responden a la pregunta qué es la verdad. Una llamada al teléfono de alistamiento del ejército en el que ella misma “se interesa” por las condiciones de acceso. Surrealista.

En una propuesta puramente fotográfica recopila imágenes de internet sobre hinchas de futbol y las sitúa en otro contexto de forma que su significado cambia: “Cuando el individuo se identifica mucho con su equipo desaparece el individuo y se convierte en objeto, en fetiche”. Su trabajos completos no están en la red, podéis conocerla mejor en el programa de Metrópolis que le hicieron.

La ponencia de Mayte Vieta,A través de la luz, los sueños’ tuvo un carácter intimista, hacia dentro. Su punto de partida son sensaciones y sentimientos que anota en su libreta de trabajo. En el resultado predominan los horizontes marinos infinitos y los cuerpos sumergidos, expuestos en pared con una cuidada producción.
Alguien preguntó sobre los derechos de autor cuando es uno mismo el que aparece en las fotos, como le ocurre a Mayte en algunas de sus imágenes. La aclaración de Marta C. Dehesa, abogada especializada en este tema, me sorprendió: “Actualmente con la ley en la mano todavía es el que aprieta el disparador quien tiene los derechos. Si queremos que no sea así, hay que tener firmado un sencillo contrato de cesión de derechos de 3 líneas”

Manuel Viola es presidente de la sociedad fotográfica de Málaga y director del certamen fotográfico ASISA. Médico de profesión y viajero incansable, ha estado en América, África y Asia para transmitir la dureza de la situación que viven los más desfavorecidos en diferentes partes del mundo. En su ponencia ‘Viaje por mis proyectos fotográficos’ nos llevó a los lugares que ha visitado.

Antoni Bernad ha cumplido hace poco 50 años como fotógrafo de moda. Llegó aportando aire fresco al sector en los años 60. Le horrorizaba encumbrar a las modelos como si fueses diosas y las fotografiaba huyendo de los clichés de la época, rompiendo todos los esquemas. En su ponencia ‘Mirada trasversal, moda y retrato’ nos hizo un recorrido por su trabajo, en el que destaca la presencia de su musa, Laura Ponte.

Patricia Buckley es la nieta de Henry Buckey, periodista irlandés que cubrió los acontecimientos de la España de los años 30 para Daily Telegram. Llegó con profundas convicciones católicas y se fue con corazón republicano. El archivo de sus fotos ha salido a la luz tras 70 años en los sótanos de la casa familiar y ahora forma parte de una exposición. Compartía ponencia con el periodista Vicente Aupí, que nos habló de ‘El despertar del fotoperiodismo en la guerra civil’ a través del trabajo de los mejores correponsales de la época en el frente de Teruel, acompañando a las Brigadas Internacionales. Robert Capa, Mathieu Corman , Ernest Hemingway, Kim Philby, el propio Buckley o H. Matthews, enviado por el N.Y. Times, que escribiría más tarde “no he vuelto a realizar trabajos como el que hice en España, escribíamos con el corazón”. Durante las proyecciones de la noche pudimos ver muchas de las imágenes acompañadas por canciones que sonaban en las trincheras.

© Rubén Vicente / Josep García

Rebeca Saray mezcla fotografía y fotoilustración. Su mundo es el de los sueños, la fantasía, el color, la seducción. Su recorrido es vertiginoso, empezó como retocadora hace apenas 15 años, poco tiempo después cogió la cámara y en poco más de un año no daba abasto con los encargos. Actualmente está dando un giro radical: “Estoy harta y quiero ser feliz, la docencia es una de las vocaciones colaterales del fotógrafo, me motiva mucho. Además quiero avanzar con mis inquietudes personales, evolucionar y contar otras cosas”. En las proyecciones de la noche nos mostró trabajos en B/N, toda una novedad en su recorrido.

Terminamos con la ponencia de Benito Román, ‘Lo que yo ví’, en la que se centró en su trabajo durante el final de la dictadura y la transición. Políticos, gente del mundo de la cultura, acontecimientos históricos, clima social y religioso. Incluyó montajes de contenido crítico y humorístico que tuvo que firmar bajo el pseudónimo “Beno” para evitar la censura. La noche anterior me encantó la proyección de “pequeños y mojigangas” donde nos mete en las vidas de los enanos y sus espectáculos taurinos en los años 70 y 80. El sonido de los audiovisuales en la iglesia es, por cierto, soberbio. Los problemas técnicos de otros tiempos quedaron ya muy atrás.

‘Pequeños y mojigangas’ © B. Román

Becas 2017

Como cada año, los becados de la edición anterior nos recordaron el trabajo por el que obtuvieron la beca, que podéis ver en el blog efedePhoto. Al mismo tiempo nos hicieron una introducción al nuevo trabajo, que vimos más tarde en las proyecciones de la noche. Es interesante ver lo que han preparado con un año de tiempo. Puede estar relacionado con el trabajo becado, puede partir de un proyecto previo sin terminar o puede ser totalmente nuevo. El seminario solo exige que sea un trabajo inédito.

Jesús Micó presentó la beca de los Cuadernos de la Kursala concedida a Juán Sanchez Sanchez, que nos introduce asía a su trabajo: “La exploración de ese lugar de transición entre lo público y lo privado, habitado por conserjes y porteros…” Nos fue entregado a cada asistente un ejemplar de la publicación, todo un detalle. Cuando lo repaso en casa tengo una sensación como de suspense con muchas de las fotos, quizás porque no puedo evitar recordar la película protagonizada por Luis Tosar, ‘Mientras duermes’.

La exposición fotográfica corrió a cargo de Ire Lenes, que gano la beca DKV al año pasado con ‘Archipiélagos’. Cuando termine en Albarracín la muestra va a hacer un itinerario por toda España.

J.Micó durante el visionado del trabajo de R. Feijoó © Nacho Bueno

Los visionados de la tarde son “el momento de la verdad” para los asistentes que vienen especialmente motivados por la beca. Para otros como yo, es una experiencia didáctica muy interesante, sobre todo cuando el visionado lo hace alguien con larga experiencia en la docencia, como José Luis Amores (director de EFTI) o Jesús Micó (cuadernos de la Kursala). En el resto de casos, la miga que tenga la argumentación puede ser muy interesante, pero viene en función del mundo del que proceda el visionador.

Este año, al estar yo encargado del seguimiento en twitter, tuve la oportunidad de pasarme por las 6 salas (2 de digital, 4 de papel) y pude comprobar que el contenido y calidad de la crítica era muy desigual. Esto es algo que el seminario debería cuidar, porque hay gente que con razón, se queja. Hacer encajar todas las piezas es complicado para la organización y seguramente ocurre otros años. Para tratar de corregirlo se asegura que todos los trabajos sean vistos por dos profesores diferentes y que estos estén apoyados por el punto de vista de los becados del año anterior.

Colectivo Sepia @ Nacho Bueno

El Colectivo Sepia

Llegados a este punto y antes de terminar, quiero abrir un paréntesis para rendir un pequeño homenaje a un colectivo que, al igual que tantos otros, ha sido gestado al calor del seminario, en torno a una ronda de cervezas en el Molino del Gato. Eso si, ellos prefieren el anonimato. Han sido los que me han dado cobijo este año y me han ofrecido un hueco en su mesa en las comidas, al no venir nadie de mi cuadrilla de Zaragoza y encontrarme yo, pobre de mí, “desamparado”.

La madurez del colectivo es indiscutible, no hace falta conversar con ellos para percatarse, ya salta a la vista a 25 metros de distancia. Entre los tres miembros presentes este año suman 38 ediciones del seminario. Sienten gran devoción por los bocatas de sepia, que, como todo el mundo habrá intuido, es lo que dio nombre a colectivo.

(Sin)cabecilla del colectivo © Nacho Bueno

Ésta y otras cuestiones, como la argumentación de la declaración de intenciones que lucen en sus camisetas, me fueron desveladas en el transcurso de una pequeña entrevista que tuve con el (sin)cabecilla del colectivo en El Gato. De ella yo destacaría la siguiente frase: “El día que descubrí que jamás iba a ganar el Worldpress Photo, entre otros premios, fue uno de los más felices de mi vida. Sin esa necesidad en las alforjas mi andar se tornó más liviano y resultón. No requería de la certificación de los premios para estar a gusto con mi trabajo”.

Volvamos un momento al texto de las camisetas, echad un vistazo a la foto. ¡Qué maravilla! No tiene desperdicio, ¿no? Nos pusimos a hablar de ello y a mí me dio por sacar a relucir los aromas del vino tinto.

No, en serio, me explico. La química fue mi primera profesión. Al terminar la carrera hice una tesina sobre aromas de vinos en el departamento de Química Analítica de la Universidad de Zaragoza. Tuve que asimilar la terminología y lenguaje asociados a la descripción de muchos y complejos matices del aroma del vino, para un uso básicamente de comunicación entre estudiosos que conozcan el lenguaje y manejen el mismo diccionario. Es una cuestión de aprendizaje y entrenamiento.

Ocurre que, para dirigirse al gran sector de los productores y amantes del vino, es un lenguaje que, sin filtros, no sirve y crea desconcierto, admiración y risa, a parte iguales. Bueno no, esto último más. Y lo que es peor, hay quién quiere acceder al estatus de erudito del vino tinto por la vía rápida, usando esos términos y expresiones sin mucho criterio o inventándoselos para describir su (quizás) mediocre producto, ya que, al fin y al cabo, no es del todo fácil detectar el fraude. Nuestra conversación terminó con un inevitable “viva el vino”. Descendimos a Tierra y seguimos dándole a la birra.

Por cierto, no busquéis al Colectivo Sepia en las redes, saraos o bajo los focos. Ellos son amantes de la fotografía, habitan en cálidas madrigueras, cuchichean en las esquinas y se parten la caja por la noche.

Becas 2018

Marchando los premiados con las becas Albarracín 2018:

  • M. Wayra Ficapal.
  • Joan Alvado.
  • Ignacio Navas.
  • Telmo Sánchez.
  • Ariadna Silva.
  • Bárbara Traver (Beca EFTI).
  • Jesús Montañana (Beca DKV seguros dotada con 10.000€).

Becados 2018 © Rubén Vicente / Josep García

 

Como ya comenté en la crónica del año pasado, apenas conozco en profundidad otros encuentros fotográficos. Solo he asistido regularmente a este por una cuestión de cercanía geográfica. Por eso me gusta hablar con gente que conoce otros festivales y puede situar el seminario en el contexto nacional. Me encuentro con gente que viene por la beca, claro, pero también muchos que vienen con o sin trabajo sin importar el programa o la beca, por el ambiente, por el lugar, por ver a los amiguetes de cada año o por las sorpresas que pueden deparar los ponentes que no conocen. La mezcla de generaciones y procedencias es una de las claves, como he comentado al principio. Lo de las sorpresas está bien siempre y cuando estén a la altura del nombre que ya tiene el seminario, algo que creo que casi siempre ocurre, aunque este año haya habido alguna queja al respecto.

También he escuchado otro tipo de quejas por parte de asistentes que, conociendo ya otros lugares, visitaban por primera vez el seminario. Son relativas al excesivo énfasis que se pone en las becas, como si fueran el summun, lo más importante del seminario, algo que puede fomentar una competitividad estéril. Yo no lo percibo así, pero puede ser porque me he acostumbrado a ello. O porque me mezclo con los veteranos, que están ya de vuelta de las becas. La organización insiste en rellenar las encuestas anónimas (es opcional) para tomar el pulso a la opinión de los asistentes. Me consta que se tienen muy en cuenta, de hecho este año ha desaparecido la frontera entre beca profesional y no profesional, algo que no tenía mucho sentido.

Yo la verdad, este año lo he pasado como nunca. Ya tengo el mapa de Albarracín grabado en las neuronas y estoy como en casa. Cada año conozco caras nuevas y el destino me depara desternillantes anécdotas. Igual es que me ocurre como a Mr. Sepia, los premios no me quitan el sueño.

Lo mejor de Albarracín, la gente. © Rubén Vicente / Josep García