La cuarta Bienal de Fotografía de Industria y trabajo, Foto/Industria, promovida por la Fundación MAST, ha tenido lugar en la ciudad italiana de Bolonia entre el 24 de octubre y el 24 de noviembre, con varias exposiciones repartidas por la ciudad. Este año el lema elegido ha sido ‘Tecnosfera’, con exposiciones de André Kertész, Albert Renger-Patzsch, Luigi Ghirri,  Lisetta Carmi,  Armin Linke, David Claerbout o Edward Burtynsky. Nuestra colaboradora Carmen Dalmau nos hace una crónica tras visitarla recientemente.

Foto/industria, IV Bienal de la Fotografía de la Industria y del Trabajo, guarda el secreto de la filantropía. Se ha celebrado este mes de noviembre en Bolonia, la ciudad de la Emilia Romagna. Isabella Seragnolli, presidenta del grupo empresarial Coesia, es la fundadora de una institución –el MAST– que es la nave nodriza de esta Bienal. El MAST –Fábrica de Arte, Experimentación y Tecnología– se inauguró como espacio expositivo polivalente en 2013, aunando ciencia y arte para enraizar a las nuevas generaciones en el territorio de aquella ciudad en la llanura del Po, al pie de los Apeninos. 

Bolonia, la dotta, cuenta con la universidad más antigua del mundo, y fue cuna de la pintora Lavinia Fontana, primera mujer que se estableció con taller propio; la ciudad también vio caminar en sus calles porticadas al pintor Giorgio Morandi abstraído en pensar bodegones a la manera de Zurbarán. Bolonia, productora y exportadora de tejidos de seda, surcada de canales, la rossa, con su potente tejido industrial que la hizo roja en el pasado, y la grassa, en la que el gigante de bronce de Giambologna ancla su tridente. 

Las tres primeras ediciones de Foto/industria estuvieron a cargo de François Hébel, antiguo director de Les Rencontres d´Arles, hoy director de la Fundación Henri Cartier-Bresson en París. La presente edición ha sido comisariada por Francesco Zanot, fotógrafo, crítico y curador de diez de las once exposiciones. Las muestras están arropadas por un extenso programa de eventos y actividades culturales.

© Raúl Domingo Toledano

‘Antropoceno’, en el MAST, es la exposición comisariada por Urs Stahel, fundador del Fotomuseum Wintherthur, y su exhibición se prolongará hasta enero de 2020.

Esta Bienal es la única dedicada a la fotografía de la industria y el trabajo, entroncada con la ciudad que la alberga y acoge la obra de fotógrafos, todos ellos primeros espadas.

La Bienal esta enraizada en el tejido de la ciudad histórica, tanto por su carácter industrial, como por la participación y aceptación de sus habitantes, que dedican el fin de semana visitando en familia, plano en mano, los palacios, oratorios, bibliotecas, universidad, trazando un itinerario de espacios históricos en su hermosa Bolonia.

El diseño gráfico posee resonancias tipográficas de los recientes Rencontres d´Arles y es visible por toda la ciudad. Las exposiciones son gratuitas y al registrarse, una tarjeta azul cielo con cinta amarilla abre todas las puertas de la Bienal.

© Raúl Domingo Toledano

La constante de la Bienal es la fotografía industrial y del mundo del trabajo, y el lema de esta edición ha sido «Tecnosfera«. El tema de la muestra son los profundos cambios que los seres humanos con su trabajo y su actividad están determinando en el planeta. 

‘Antropoceno’ es la exposición de tesis, alojada en la sede del edificio del MAST en el barrio de Santa Viola. Las otras 10 exposiciones se reparten por edificios históricos de la ciudad y se ocupan del tema desde sus implicaciones tecnológicas, históricas, antropológicas, filosóficas o políticas. No se busca resolver el problema, pero sí evidenciar la gravedad, sin retorno, para un planeta enfermo. 

Jan Zalasiewicz es el geólogo que ha conceptualizado el paso del Holoceno a la nueva era geológica, el Antropoceno, caracterizada por “La Gran Aceleración” y la aparición de la tecnosfera, «cuyo peso asciende a 30 billones de toneladas y comprende el dióxido de carbono emitido por la industria hacia la atmósfera, que por sí solo equivale al volumen de 150.000 pirámides de Egipto». 

Es imposible negar que estamos trastocando la habitabilidad de la Tierra y que este desenfreno no es sostenible a largo plazo, aunque el comisario de la Bienal nos dice: “No hay respuestas, sino muchas preguntas»

© Edward Burtynsky, courtesy Admira
Photography, Milan / Nicholas Metivier Gallery, Toronto

Y para que nos hagamos muchas preguntas, los fotógrafos elegidos son autores consagrados, junto a otros de carrera media, sin emergencias ni histrionismos. No hay sobresaltos. El anclaje se sitúa en lo que la tradición fotográfica entiende por fotografía documental, sin concesiones a las hibridaciones, y esa es la marca tranquilizadora de las once exposiciones.

Deseo dejar constancia de que la presencia de mujeres fotógrafas apenas llega al 30 %. Solo están presentes tres, Jennifer Baichwal (Canadá, 1965), Sthephanie Syjuco (Filipinas, 1974) y Lisetta Carmi (Italia, 1924).

El proyecto ‘Antropoceno’ exhibido en el MAST, ha sido trabajado durante cuatro años y su puesta en escena es sólida e impecable, las consecuencias de la intervención del hombre sobre el planeta aparecen estetizadas, lo que permite cierto sosiego ante tanto desastre ecológico, a veces apocalíptico. Al incorporar el Antropoceno con la naturalidad con la que a lo largo de la vida del planeta se han ido sucediendo las eras geológicas, se le dota de una cierta sensación de inevitabilidad. Somos humanos, somos finitos, y nuestro planeta también lo es.

© Raúl Domingo Toledano

El texto introductorio de Antropoceno, hace alusión al término “capitaloceno”, siendo la única cita a la era del capitalismo global y su desmesura como causa del calentamiento climático, la deforestación y la contaminación de las aguas. El resto nos muestra las consecuencias de la acción humana en el planeta que abarca desde lo más sublime como las canteras de Carrara de donde emergió el mármol para el David de Miguel Ángel, y hoy para sus múltiples réplicas kitsch, hasta lo más atroz como el exterminio de elefantes para fabricar filigranas en marfil con sus colmillos. 

Los fotógrafos y cineastas Edward Burtynsky, Jennifer Baichwal y Nicholas de Pencier han colaborado gracias al generoso patrocinio de la Fundación MAST, la Art Gallery de Ontario y la National Gallery de Canadá, durante cuatro años para gestar una película, unas piezas videográficas y fotográficas, un programa educativo y dos publicaciones, agrupados bajo el término Proyecto Antropoceno.

El edificio MAST es un espacio ideado por el estudio arquitectónico romano Labics y su arquitectura ha permitido al comisario pautar la exposición en cuatro secciones: dos de ellas de exhibición, un tercer espacio educativo y de realidad aumentada y la cuarta en el auditorio con la proyección de la película ‘Antropoceno: la época humana’.  

Burtynsky focaliza su atención en los paisajes modificados por el hombre, Baichwal y de Percier, con sus proyecciones y efectos de realidad aumentada, se centran en hacer visible lo que no queremos ver, como la deforestación al ritmo de la Quinta Sinfonía de Beethoven.

Oil Bunkering #1, Niger Delta, Nigeria 2016 © Edward Burtynsky, courtesy Flowers Gallery, London / Nicholas Metivier Gallery, Toronto *

Las fotos a gran escala de Edward Burtynsky y la perspectiva aérea nos permiten un vuelo que evidencia una tierra maltratada. Pero en la manera de mostrarlo, sobredimensionado y desde arriba, a veces nos dejamos arrastrar por un sentimiento épico, heroico, que dota a nuestra especie de la poderosa capacidad que nos hace ser más poderosos que la naturaleza. 

Desde que en 1969 pudimos ver la fotografía de nuestro planeta como una esfera en medio de la nada, se nos permitió sentirnos aun más dominadores y poderosos. La sensación de trazar atlas y cartografías que contienen ríos, montañas, mares y desiertos como productos del poder de nuestra imaginación, nos hizo creer que la tierra era dúctil y maleable, fuente de recursos para habitar una cómoda realidad paralela.

Los nuevos paisajes generados por la basura sobre los que vive la desigualdad, los túneles horadados para hacer mas fácil el tránsito por los Alpes, los arrecifes de coral muertos, y la Venecia que se hunde por haber drenado su bahía para permitir el paso de grandes transatlánticos, son los signos de un nuevo Infierno de Dante. 

La muestra es eficaz para demostrar el efecto dramático de la acción humana sobre el planeta, aunque no tan útil para pensar en la emergencia climática y en como modificar con urgencia nuestro comportamiento depredador. 

La simetría, la geometría, las retículas capturadas por Burtynsky son una sinfonía in crescendo de este atlas que se despliega ante nuestros ojos, mientras los videos de Baichwal y de Percier van marcando la cadencia del ritmo y sus heridas. 

Es un intento de inventariar los efectos, que no las causas, de lo que se ha dado en llamar la Gran Aceleración iniciada después de la Segunda Guerra Mundial: las plantaciones de aceite de palma en Malasia, las minas de carbón en Westfalia, de mármol en Carrara, de potasio en Rusia, la muerte de las barreras de coral en Indonesia, vertidos de petróleo en el delta del Níger, los diques para frenar al mar en Dongying, un archivo preocupante acompañado con música de ópera. 

Las diez exposiciones trazan un recorrido por el centro de la ciudad descubriéndonos algunos de sus espacios históricos.

© Yosuke Bandai. Courtesy of TARO NASU, Tokyo

‘A certain Collertor B’ de Yosuke Bandai (Kioto,1980) está enclavada en el Museo Internacional y la Biblioteca de la Música de Bolonia. Bandai es un artista multidisciplinar que usa la fotografía como principal lenguaje expresivo, asociándola con disciplinas como la escultura o el video. 

En una pequeña sala circular con una cúpula pintada con guirnaldas de flores,  ha generado una estructura metálica enrejada a modo de tholos, como un templo clásico. En ella se instalan las fotografías de un inventario arqueológico de hallazgos fortuitos de objetos encontrados por las calles. Espacio sagrado y cárcel para el espectador. Crea con los objetos esculturas frágiles, en un gesto minimalista de reciclado de los restos de una civilización perdida, y cuyo significado es oscuro. La imagen resultante que nos muestra son el resultado del escaneado de estos objetos ensamblados, el caparazón de un escarabajo, el ala de una mariposa, un trozo de plástico, y a los que se dota de una vida tan eterna como efímera.

 Genera un humilde espacio sagrado en el edifico que guarda las partituras más antiguas por obra de un erudito monje franciscano que sin moverse de Bolonia, y a través de cartas, reunió en el siglo XVIII, la colección bibliográfica musical más docta.

© American Viscose Corporation, Marcus Hook, Pennsylvania, 1944 Donation André Kertész, Ministère de la Culture (France), Médiathèque de l’architecture et du patrimoine, diffusion RMN-GP

La exposición de André Kertész (Hungría, 1894 -1985) se ha albergado en la Casa Saraceni, ejemplo de arquitectura civil del Renacimiento, hoy sede de la Fundazione Casa di Risparmio in Bologna. 

‘Tires/Viscosa’ reúne trabajos fotográficos fruto de encargos comerciales. Fotografía en blanco y negro, de medio formato, documento de la realidad industrial en estado puro. Es interesante el ejercicio de rescate de estos trabajos que fueron, y son, el sustento de muchos fotógrafos y con los que las fábricas intentan mostrar su cara más amable, con trabajos heroicos, contribuciones necesarias al progreso, como el encargo de la fábrica Firestone en Akron, Ohio (1943). Una industria construida como un ejército, que habla del esfuerzo de la economía americana de la posguerra.

Continuamos caminando por las calles porticadas de la ciudad, con fachadas ocres y sienas hasta llegar al Salón de Honor del Palacio Pepoli Campogrande del siglo XVII.

© Matthieu Gafsou / Galerie C / MAPS

‘H+’ de Matthieu Gafsou (Suiza, 1981) se pudo ver en Les Rencontres d´Arles, del año pasado y ahora en el Salón tardorrenacentista decorado con frescos en alabanza de una de las grandes familias de la Bolonia antigua. Con las fotografías dispuestas sobre monolitos verdes que trazan un camino fragmentado por el espacio, cobra una dimensión más fantástica. Esta búsqueda documental, ordenada aleatoriamente, rastrea el movimiento transhumanista, los cyborg, la desesperada búsqueda de la inmortalidad, convirtiendo la carne enferma en una máquina perfecta.

La imagen 3.11.2 STIMO  evoca la lección de anatomía de Rembrandt, y nos transporta al Teatro anatómico de la universidad boloñesa, donde se practicaban las primeras autopsias en los cuerpos de los bandidos y criminales.

© Raúl Domingo Toledano

Llegamos al Palacio Zambecari, casa de la poderosa familia senatorial de la soberanía pontificia, y albergue de la video-instalación ‘Olympia’ de David Claerbout (Bélgica, 1969). ‘Olympia’ es una creación generada por ordenador que replica el estadio construido como sede de las olimpiadas en el Berlín nazi de 1936. Con un software usado por los programadores de videojuegos ha simulado los efectos del paso del tiempo, casi infinito, estación tras estación, calculando las precipitaciones y las condiciones atmosféricas exactas de Berlín para que ‘Olympia’ devenga en ruina, y se sumerja en la selva, como las ciudades de antiguas civilizaciones devoradas por la naturaleza. El poder de la naturaleza para convertir en ruinas las megalómanas construcciones de la civilización como confianza utópica de la existencia de un posible anti-antropocentrismo.

En el Oratorio de Santa Maria della Vita, en el vientre de la ciudad histórica, muy cerca de la plaza mayor, se encuentra la exposición ‘Porto di Genova’ de Lisetta Carmi (Italia, 1924). Longeva fotógrafa italiana de la que se dice que ha tenido cinco vidas. Fue música, fotógrafa, anhelante buscadora de la libertad, su trabajo sobre los travestis en los años setenta no pudo ver la luz hasta siete años después de realizado, hasta su retiro budista en un monasterio del Himalaya.

Superviviente del genocidio nazi por su virtuosismo musical, su maestro le aconseja no acercarse a los rudos trabajadores del puerto de Génova que podrían dañar sus manos, y que sin embargo no duda en documentar con compromiso, mediante tomas heroicas y pictóricas, que los dotan de dignidad, cambiando los instrumentos musicales por la cámara fotográfica. Empatiza con un mundo del trabajo que por su cuna acomodada le es ajeno pero “nunca había trabajado para el éxito sino para entender a la humanidad”

Phosphate waste discharge. 1964. © Lisetta Carmi. Courtesy of Martini & Ronchetti, Genova

Encaminándonos hacia la Fundación del Monte de Bolonia y observando como el otoño tiñe de amarillos y dorados las hojas de los ginkgo bilobas, fósiles vivientes del Mesozoico, el Palacio Paltroni aloja ‘Arquivo Urbano’ de Delio Jasse (Angola, 1980). Pudimos ver su trabajo en la edición PHE19 en un montaje fallido. Aquí, en Bolonia, sucede lo mismo. Hay algo que no termina de cuajar. Quizás se deba a que las tres series presentadas no ensamblan bien, las letras doradas de la primera sala, con la maraña de palimpsestos de arquitecturas y archivos superpuestos de acetatos y proyecciones de diapositivas, que quieren hablar de heridas coloniales, memorias y olvidos, pero no tienen la fuerza para denunciar las atrocidades, ni la melancolía de los paraísos perdidos.

En una antigua panificadora, algo alejado del centro histórico, el MAMbo -Museo de Arte Moderno de Bolonia-  que guarda la memoria de Giorgio Morandi, y la memoria roja de la ciudad con la pintura de Renato Guttuso, El funeral de Togliatti’, se exhibe ‘Spectral City’ de Stephanie Syjuco (Filipinas, 1974)

Spectral City, 2018. Video, tecnologia digitale 3D / 3D digital © Stephanie Syjuco. Courtesy of the artist and RYAN LEE Gallery, New York

Es una interpretación fantasmal a través de Google Earth, de la película de 1906 de los Miles Brothers, míticos pioneros del cine mudo, que instalaron una cámara en la delantera del tranvía que atravesaba la octava avenida de San Francisco. La película que pretendía mostrar el vértigo, la velocidad, el movimiento y la agitación de la urbe moderna fue rodada cuatro días antes del terrible terremoto e incendio que asoló la ciudad, convirtiéndose en un testimonio de lo efímero y en herida de la memoria barthiana. Lo que vemos desapareció en un instante. 

‘Spectral City’ reconstruye el mismo itinerario del tranvía con el software de Google Earth, interviniendo con una posproducción mínima el resultado de fusionar las imágenes de satélite, las fotografías aéreas y los datos topográficos, manteniendo todos los errores y fracturas del sistema. No hay ningún viandante, ningún ser humano transita la ciudad espectral, como si hubiera ocurrido un segundo cataclismo, que esta vez hubiera hecho desaparecer la presencia humana para siempre. 

Ferrari, Maranello,1985-88. © Eredi di Luigi Ghirri

En los subterráneos del Palacio Bentivoglio, señores feudales de la ciudad desde el siglo XIV, ‘Prospectiva industriale’ de Luigi Ghirri (Italia, 1943-1992) se adapta bien a las bóvedas oscuras.

Tuvimos la suerte de ver el pasado año en el MNCARS la primera gran retrospectiva fuera de Italia de este maravilloso fotógrafo. Sus ensayos de 1973 a 1991 son pequeñas joyas sobre sus reflexiones acerca de lo que es la imagen fotográfica. Tenía urgencia por escribir sobre la naturaleza de un medio que consideraba pensamiento pero no lenguaje expresivo. 

‘Prospectiva industrial’ se compone de encargos comerciales, que siguen el tono sobrio de sus trabajos personales de creación y que conservan su especial estilo, mezcla de distancia y acercamiento, aunque él estuviera fuera de los condicionamientos marcados por las adscripciones a los mismos. 

Los encargos, lejos de suponerle una pesada carga, eran vividos como posibilidades de investigación en los que reconocemos su universo cerrado. Ferrari, Costa Cruceros, Bulgari o Marazzi constituyen una preciosa ocasión para profundizar en su discurso.

‘Paesaggi della Ruhr’ de Albert Renger-Patzsch (Alemania,1897–1966) puede verse en la Pinacoteca Nacional, que conserva un tríptico de Giotto y obras de Rafael, Parmigianino, los Carraci, Guido Reni, ‘Susana y los Viejos ‘ de Artemisia Gentileschi, y ‘La familia Gozzadini’ de Lavinia Fontana. 

Albert Renger-Patzsch Archiv / Stiftung Ann und Jürgen Wilde, Pinakothek der Moderne, München © Albert Renger-Patzsch / Archiv Ann und Jürgen Wilde, Zülpich / by SIAE 2019

Fotógrafo de la Nueva Objetividad junto a August Sander y Karl Blossfeldt, Renger-Patzch se centra en la recreación del paisaje, especialmente del paisaje transformado por la industrialización. Traza una búsqueda de formas, estructuras, secuencias esenciales en sus viajes por el Ruhr documentando las evidencias de una arquitectura industrial y de un paisaje suburbial. Intenta delimitar esas zonas intermedias que no son ciudad, ni naturaleza abierta, en la que se dibujan casas de mineros, chimeneas de ladrillo de las minerías de carbón, y que cuando se convierten en paisajes nevados tienen algo de pintura impresionista, y nostalgia por una naturaleza que ya no volverá a ser salvaje. 

En el espacio monumental de la sala de lectura de la Biblioteca universitaria de Bolonia, se integra ‘Prospecting Ocean’ de Armin Linke (Italia, 1966). En este  espacio cargado de magnetismo, corazón de la universidad, en el que se siente el peso de más de un millón de libros acumulados desde hace mil años, el trabajo de Linke se funde con eficacia. Es un inventario de los laboratorios científicos marinos, de las leyes de derechos internacionales de las aguas, de las orografías de las montañas sumergidas. Una amalgama de imágenes, textos, publicaciones, documentos históricos y videoinstalaciones que denuncian la conquista e invasión de los recursos del mar a través de un complejo fascinante de modernas tecnologías.

Sea level rise at Kulili Plantation Village, Karkar Island, Papua New Guinea, 2017 © Armin Linke 2018. Courtesy Galleria vistamare / vistamarestudio, Pescara/Milano

En el silencio de la biblioteca, modulado por una oscura luz ámbar, como si habitáramos en el vientre de una vieja ballena, sentimos que vamos a la deriva. Hemos horadado montañas, roturado bosques pero nada nos es suficiente, y ahora extraemos minerales de los fondos marinos de Papua Nueva Guinea. La compañía canadiense Nautilus Minerals pretende extraer minerales, cobre y oro a más de 1.600 metros de profundidad. El Nautilus de Julio Verne fue sepultado por una explosión volcánica en la‘ Isla misteriosa‘ acabando con los sueños del capitán Nemo. 

El sueño de la razón produce monstruos, y mientras dormíamos esos monstruos se han instalado en las aguas, en los cielos, en las selvas de nuestro planeta.