José Carlos Casado es un artista malagueño que lleva más de 25 años viviendo en Nueva York, donde también reside Andrés Senra, quien se ha acercado a su estudio para acercarnos su obra. Casado utiliza diferentes tecnologías para crear su arte que incluye video, animación 3D, fotografía, pintura y escultura. Y se interesa por diferentes aspectos, partiendo de lo personal o lo colectivo, de este mundo complejo. Hasta el 12 de octubre se puede ver parte de su obra en Serrería Belga de Madrid.
Llego al estudio en Harlem de José Carlos Casado Mancha (Málaga, 1971) en un estado de agotamiento total producto de lo que pensaba que era las consecuencias de llevar tantos años cogiendo el metro en Nueva York con sus interminables escaleras, cuando en realidad se trataba de un bajón general de defensas.
Viajar Uptown en la línea 6 es una experiencia dramática de segregación racial que habla mucho de esta ciudad y del país. A medida que subimos hacia Harlem y el Bronx, los viajeros del metro que quedan en el vagón son mayoritariamente de origen afrodescendiente y latino. Por el camino, en sus barrios ricos y acomodados, se van quedando los blancos. Lo que no saben o no quieren saber muchos de esos neoyorquinos acomodados es que vivir y trabajar en Harlem es una experiencia vital incomparable.
En un primer momento y tras tomarme un calmante vitaminado, al entrar en el estudio loft de Casado, siento como si entrara en un refugio de las tensiones de esta ciudad. De un exterior conflictuado, pasas a un estudio que en realidad se siente un hogar, un espacio acogedor y cálido. Sin embargo, a medida que te adentras en la obra de Casado, descubres que ese mundo tensionado también está presente en muchos de sus trabajos, como no podía ser de otra forma, en los que Casado consigue aunar en obras contundentes, escultóricas y de materialidades densas y abigarradas algo tan etéreo como la imagen, trayendo a este plano 3D en el que se desarrolla nuestra cotidianeidad y manera de percibir la realidad la bidimensionalidad de la imagen digital, pictórica y fotográfica.
Casado ha desarrollado su carrera principalmente en Nueva York durante los últimos 26 años, atrayendo el interés del mercado y el mundo del arte internacional. Tras cursar estudios de master en la School of Visual Arts, ahora, desde la madurez de un artista de media carrera, es invitado con frecuencia a su antigua escuela a impartir conferencias. Su obra establece diálogos entre lo digital, la fotografía, la pintura, la escultura, la realidad aumentada, la performance, el arte público, el collage o la generación de imágenes en 3D, poniendo de manifiesto su interés y habilidad en el uso tanto de las técnicas que aparecieron y se desarrollaron en la segunda mitad del siglo pasado como de las disciplinas más tradicionales y académicas, integrando con frecuencia todas ellas en una sola instalación u obra.

Los proyectos de Casado han tomado el espacio público de Nueva York, pero también de galerías como la española Fúcares, la danesa Noname Gallery o la neoyorquina Postmasters Gallery, entre otras, con las que colaboró durante un tiempo. Parques, colegios públicos, edificios, han sido el site specific de algunas de sus piezas en una ciudad siempre interesada en hacer partícipe a las comunidades que la habitan del trabajo de los artistas.

En ‘COMMUNITY: You Never Know Your own Language Until You Study Another’, (2020) Casado trabajó con 10 residentes de Queens, para ofrecer un retrato de la comunidad local, una de las más diversas racialmente del planeta donde se hablan hasta 130 lenguas, alguna extinta en su lugar de origen, y donde también se celebra durante junio uno de los más importantes desfiles del Orgullo de la ciudad que recorre las calles de Jackson Heights con una marcada presencia LGTBIQ+ latinx.
En esta obra Casado realizó una instalación y un happening colectivo en el que cada participante portaba una pancarta como las de las protestas que tan frecuentemente se dan en la ciudad, sin embargo lo que vemos en sus pancartas no es un eslógan, sino una imagen digital abstracta obtenida a partir de la palma de sus manos.
La obra abría así un diálogo entre la identidad personal y lo público, la vindicación de la diferencia y la diversidad, la visibilización de las historias personales, las biografías de la inmigración, la inmersión en otra cultura y otra lengua, la pertenencia o no a los lugares elegidos más allá de los lugares donde nacemos o crecemos, las tensiones entre la preservación de las propias raíces y la posibilidad de la integración sin asimilación.

En esa existencia en la que nos movemos desde finales del milenio pasado entre lo virtual y lo real (si es posible ya establecer alguna diferencia), el imaginario de personajes y objetos del artista irrumpen en nuestro mundo con un interés de evidenciar las realidades políticas y personales que habitamos.
En su obra ‘Margaret is Black,1823’, (2022), Casado realizó una instalación específica para uno de los cuartos de una mansión en Queens convertida hoy en museo donde en su momento durmió Rufus King (1755-1827), uno de los más apasionados apologetas del movimiento antiesclavista estadounidense. Ante esta historia oficial, Casado nos señala, no sin cierta ironía, cómo en ese mismo contexto se mantenía en realidad el sistema político y social esclavista estructural bajo la idea del personal de “servicio”.
La criada, aunque fuera asalariada, seguía siendo una mujer negra, algo que se perpetúa en el sistema económico y social actual. Mujeres latinas, afroamericanas u hombres no blancos siguen ocupando mayoritariamente esas posiciones laborales destinadas al servicio. Como bien sabemos, las raíces de este sistema de distribución de clases están arraigadas en las políticas coloniales e imperialistas de las potencias occidentales. Al entrar en una de las habitaciones, vemos a través de nuestro móvil en Realidad Aumentada a una mujer afroamericana, Margaret, saltando sobre una cama cuya colcha está impresa con una textura creada a partir de una representación 3D de macrofotografía de piel humana.
Mientras vemos a Margaret saltar en la cama con un vestido de monedas de oro, oímos el chirriar de los muelles proporcionando a la escena una atmósfera emocional inquietante y compulsiva. Casado acompañó a la instalación con este texto de su autoría convirtiendo a un personaje invisibilizado históricamente en la protagonista material-inmaterial del espacio:
“Si esta cama fuera un escenario, ¿me verías entonces? Si carraspeara fuerte como hace el Sr. King antes de dar un discurso, y comenzara a dar una conferencia sobre los derechos de los Estados, la importancia de una unión federal y la necesidad de abolir la nefasta institución de la esclavitud, ¿me escucharías?
Lee el registro de transacciones inscrito en mi piel negra. Observa cómo salto de alegría. Puedo volar como un pájaro, pero este oro es pesado y mi cuerpo no puede olvidar el peso del hierro”.

Yendo atrás en el tiempo, hacia 2014, Casado tuvo una experiencia transformadora que influyó en su trabajo, en su comprensión de la existencia, en su percepción personal y física del cambio climático y en la inmensidad sublime del paisaje Ártico. Un lugar donde la vida microscópica, bacterias, plancton y otros seres fundamentales para el ecosistema de nuestro planeta, han permanecido congelados durante cientos de miles de años y que ahora, con la desglaciación, se consumen, evaporan, derriten en un Ártico que se fragmenta, desaparece ante nuestros ojos y reaparece subiendo el nivel del mar en nuestras costas. Con este Ártico en disolución desaparece nuestra posibilidad de supervivencia en este planeta habitado y transformado por los humanos.
Mientras Casado tomaba fotos del paisaje como uno de los pocos artistas elegidos para una residencia y expedición científica en el Ártico, un enorme bloque de hielo se derrumbó ante sus ojos. Casado pudo ser evacuado in extremis del pequeño tsunami producido por el derrumbe, no sin quedar empapado en agua fría y milenaria. Esta experiencia le hizo reflexionar sobre la fragilidad de la vida en el planeta, tanto de la humana como de la no humana.
Casado mas tarde usó esas fotografías y videos del paisaje helado en una nueva serie, ‘Arctic Trash’ (2016) , pero no de la manera habitual que la fotografía se ha acercado al paisaje como ejercicio documental o puramente bucólico pictórico, sino empleando las esculturas de su serie ‘Sacrificio’ realizadas entre 2012 y 2019, donde Casado investigaba los límites extremos del cuerpo humano.
La textura de estas piezas escultóricas se generaba a través de una ecuación matemática tridimensional, en la que transformaba macrofotografías de la piel humana en una explosión de colores y una exageración de formas que oscilaban entre la ilusión y la realidad. Casado imprimía éstas texturas sobre láminas de aluminio, reconfigurando a mano el material como esculturas de diamantes en bruto. Un ejemplo más de la experimentación que el artista hace entre lenguajes, disciplinas y materiales.

En sus propias palabras, Casado decía:
“Durante mi tiempo cerca del Polo Norte, fotografié y filmé el paisaje natural y los vestigios de las actividades humanas, tanto por encima como por debajo del agua, capturando las bases de los icebergs, la claridad de la luz y el cielo. Creé y fotografié instalaciones temporales de fragmentos de mis vibrantes obras escultóricas, colocadas en el entorno natural. Este proyecto une mis exploraciones sobre los procesos cíclicos de la vida y las intervenciones y violencia humanas que transforman los estados del ser, creando mi propio mundo entre lo natural y lo antinatural”.

Las violencias de lo humano frente al planeta y las propias disidencias a la norma hegemónica de lo que hemos llamado humano históricamente, es decir, el hombre blanco cishetero europeo, se despliegan en la mirada entre la abstración y la figuración de estos trabajos que marcaron más de dos décadas de su investigación artística. Sin embargo, también se despliega en su obra la posibilidad de crear pequeñas utopías personales y colectivas, nuevos modelos familiares y nuevas formas de habitar el planeta y el mundo a través también del uso de las nuevas tecnologías y biotecnologías.
No en vano, Casado empezó su carrera estadounidense interesándose por algo que estaba de moda cuando tanto él como yo, que pertenecemos a la misma generación, trabajábamos ya como artistas: la idea de la clonación y de las tecnologías de fecundación in vitro.
25 años después, Casado realiza una espectacular instalación escultórica, ‘Petra’s Home’ (2024), durante su estancia en la prestigiosa institución en la bahía de San Francisco, Headlands Center for the Arts, en la que reproduce su apartamento en NY en un plano a escala 1:1.

El epicentro de la instalación no es solo la mesa en torno a la cual se generan las relaciones familiares, sino también Petra, su hija de 8 años. Recorriendo esta instalación pasamos de un plano bidimensional al tridimensional, de un plano mental al afectivo. Las líneas que limitan el plano del hogar familiar están “dibujadas” utilizando fotografías reproducidas en negativo de su álbum familiar. Un álbum familiar propio que nos muestra esos nuevos modelos familiares que todavía muchos se empeñan en negar y discriminar. Petra llena el espacio con su presencia, pero también los dos padres, Casado y su marido. La mesa es el eje de esta explosión de afectos y relatos de cómo se construyen estas nuevas familias en un entorno social no siempre receptivo y en un país en el que esto es tema de debate y marca las políticas de los candidatos en la carrera presidencial.
Casado consigue así hacernos ver de manera inmediata, sin rodeos, cómo ese eslógan tan de moda en los feminismos de los 70 se hace real: lo personal es político. ‘Petra’s Home’ es una pieza de una profunda extimidad, donde entramos en lo íntimo de su hogar conceptual y afectivamente y nos dejamos llevar por esa corriente de emociones mientras oímos a Petra interpretar una conocida canción pop, pero cambiando ligeramente la historia al personalizar la letra:
“You’re on the phone with some of them, they’re upset
They’re going off about something that we said
‘Cause they don’t get your humor like we do
We’re in the room, it’s a typical Sunday night
We’re listening to the kind of music they don’t like
And they’ll never know our story like we do”.

Durante estos dos últimos años, Casado ha vuelto a sus experimentaciones con materiales y técnicas en las que ahora lo biográfico cobra mas fuerza. En ‘Who Would I Be Inside If I Were The Invisible Hairy Man?’ (2023) el vello corporal se convierte en una obsesión producto de una adolescencia en la que el artista hubiera deseado ser un hombre peludo. Estos recuerdos de un “complejo” personal le llevan a una reflexión sobre la masculinidad, la estética masculina y lo homoerótico.


En ‘Cuando tenía 15 años quería tener pelos por todas partes’ (2024), la piel, el cuerpo, la autorrepresentación o la presencia de su hija en su vida, se materializan mediante el uso de resinas, imágenes 3D, fotografías, pintura, madera y objetos personales diversos, creando una serie de paneles-collage cuya contemplación produce una experiencia estética de celebración del cuerpo, de la sensualidad y la vida, sin olvidar las amenazas que la rodean. El interés por la biotecnología, la reproducción asistida, el cuerpo y la biografía como material de creación vuelve así a aparecer en su obra en estos tiempos que amenazan nuestras vidas disidentes.

Pasan las horas mientras Casado cocina, habla de su obra bajito, de sobrevivir en esta ciudad, de los objetos y plantas que le rodean en el estudio, del periquito que cotorrea con nosotres mientras bebemos y comemos una pasta con champiñones y una ensalada con tofu en deferencia a mi visita porque soy vegetariana.
Y así, poquito a poco, con la atención cada vez más difusa por el calmante vitaminado y la gummy de marihuana, me va entrando el cansancio y el sueño, pero a la vez me siento inspirado y animado por el trabajo de José Carlos y sabiendo que tengo que salir al exterior para volver a casa y recorrer las calles de ese Harlem empoderado por la lucha de sus residentes y artistas.
Cojo el metro camino de Queens.

La obra ‘Happy Thriller’ de José Carlos Casado se puede ver hasta el 12 de octubre en ‘Arte Pulsante. Madrid welcomes Shanghai’, en Serrería Belga.
