El SCAN Tarragona cumple XI ediciones, buscando ser el festival de fotografía de referencia en el Mediterráneo. Bajo el lema «Urbes», nos ayuda a mirar al mundo que nos rodea. Roberto Villalon ha estado en su semana inaugural.
‘May You Live In Interesting Times’ (Que vivas tiempos interesantes) era el lema de la Bienal de Venecia del 2019. Pues parece que aquel deseo se ha cumplido. Supongo que, si entendemos los tiempos convulsos como “interesantes”, este último lustro lo ha sido, lo está siendo y mucho. Pandemias, guerras, genocidios, neofascismos, antifeminismo, volcanes, inundaciones…
En una situación así, donde la realidad nos desborda, normalmente la cultura es la primera víctima. Se suspenden inauguraciones, presentaciones de libros, mesas de debate… Como si la cultura fuera algo superfluo, prescindible. Ya no te digo la fotografía, que está en el sótano de esta construcción.
En este contexto se celebra su XI edición el Scan Tarragona. Desde que comenzara la era postpandemia con Jesús Vilamajó al frente y con frecuencia anual, cada edición tiene un lema que centra su programación; algo que pudiera ser limitante, pero que en cambio, en este caso, sirve para enfocar mejor lo que se quiere contar, evitando así ser una simple suma de exposiciones dispersas, tan confusas como las fotografías vistas en una red social.

Este año la programación se construye sobre el lema “Urbes”. Nuestras ciudades no dejan de ser una de las representaciones físicas más palpables de cómo nos gestionamos, vivimos (y morimos), cómo nos organizamos, nos estamentamos, nos relacionamos con el entorno… Construcciones que solidifican nuestra forma de ser en sociedad, de entender el mundo y en las que, si no alcanzamos antes el colapso, vivirán dos terceras partes de la humanidad antes de que termine este siglo.
Talento emergente
El Talent Latent 2024, nuevamente comisariado por Érika Goyarrola, nos trae nueves proyectos muy diversos que posan su mirada sobre las ciudades y nos traen interesantes reflexiones sobre cómo somos quienes habitamos en ellas.
Ninguno de los nueve proyectos de estos y estas jóvenes fotógrafas ofrece una mirada amable de las ciudades. No son refugio, ni punto de encuentro. Nadie espera llegar a Oz al final del camino.

Si alguien se atreve a ponerle un poco de humor es Federico Estol con sus ‘Héroes del brillo’, un trabajo muy De Middel en el que los y las limpiabotas de La Paz lucen como superhéroes ataviados con espejos deslumbrantes, que, escondidos bajo pasamontañas por el descrédito social que acompaña a esta actividad, recorren diariamente la capital boliviana.
Cierta ironía también rezuma el trabajo del sudafricano Dillon Marsh ‘Common Ground’, pues, para mostrarnos la relación entre lo humano y el mundo, recopila termiteros que invaden los lugares más insospechados de la ciudad de Gaborone en Botsuana, como son los cementerios o aparcamientos. Tampoco hará mucha falta resaltar el parelelismo entre esas estructuras naturales y nuestras propias ciudades, cada vez más verticales.

En el caso del alemán Lenny Steinhauer, encontramos una mirada afectiva hacia los habitantes de un área residencial brutalista de la ciudad de Hannover, nostálgicos de un futuro utópico que nunca llegó. Desde una narración más en primera persona, tanto de planteamiento como en lo gráfico, pero también con una sensación de decadencia que se arrastra hacia el futuro, encontramos el trabajo de Maider Jiménez, la representante española de esta muestra de fotografía emergente. Su relación de extrañeza con su ciudad, Ferrol, una ciudad separada del mar por un muro, pero dependiente a su vez de ese mar, de una industria naval que desparece, es el hilo conductor de sus imágenes.
En las ciudades, las fachadas de los edificios esconden la vida que se desarrolla en ella. Shereen Abed ALkareem ha documentado en ‘The fase of the city’ aquellas que han formado parte de su vida (la casa de su abuelo, el café en el que se reunía con sus amigos…), de edificios de diferentes épocas y estilos, creando nuevas fachadas frankestein mediante collage digital. La particularidad es que ella es palestina y los edificios forman parte de la franja de Gaza, aportando una nueva lectura en el contexto del genocidio que actualmente practica Israel con su población.

También descompone la realidad creando un universo casi abstracto el artista holandés Jesper Boot. En ‘Own your pice of the sky’, recoge elementos de la ciudad (una escalera, una pared, escombros, una máquina de construcción…) descontextualizándolos, resignificándolos, jugando con el absurdo y la ironía. Para ello se inspira en la publicidad del mundo inmobiliario, con el fin de denunciar la situación de la vivienda, algo que comparten los y las jóvenes (y mayores) europeos.
Las ciudades marcan a sus habitantes, refugian a unos, expulsan a otros, pero también lo hacen con el entorno, especialmente las grandes urbes. La americana Hannah Nigro utiliza las fotos de archivo que documentan la creación de embalses y acueductos que se construyeron a principios del siglo XX para abastecer a la ciudad de Nueva York, destruyendo el paisaje del valle del Hudson e inundando una veintena de aldeas. En ‘Files: Not to be Taken Away’, junto a las imágenes de archivo, Nigro incluye las realizadas por ella, en las que evoca el sentimiento de aquellas personas desplazadas en el paisaje resultante.
Desde la otra costa, desde Los Ángeles, el escoces Ewan Telford retrata en ‘The Ecology of Dreams’ el mal sueño americano. Inspirado en las fotoficciones de Gregory Crewdson, nos muestra el desencanto del capitalismo desde la capital de la fábrica de sueños. Igualmente nos enseña el reverso tenebroso del “glorioso” pasado soviético la rusa Kristina Sergeeva, que en ‘Train to the future’ nos muestra el estado en ruinas de la ciudad de Norlisk como metáfora del sentir de un país.
Full Contact
Otro de los pilares del SCAN son sus visionados, llamados Full Contact. Un año más se vuelven a coronar como los mejores visionados del panorama nacional. Por un lado, dato muy importante y que hace que sean casi únicos, no se plantean como una forma de financiación del festival o feria. Presentarse es gratis y en caso de ser seleccionado o seleccionada, es la organización la que invita y corre con los gastos de la estancia de los y las artistas.

La jornada del Full Contact busca ser un encuentro horizontal con comisarios/as, editores/as, galeristas, periodistas, promadores/as… Jesús Micó, Marta Dahó, Araiana Rinaldo, Paulo Cacais, Amanda Bernal, Eduardo D’Acosta, Chantal Grande, Josep Rigol o yo mismo somos algunos de las personas que hemos podido disfrutar de los trabajos seleccionados, en esta ocasión, por Frederic Montornés y Sonia Berger. Unos visionados sin las prisas y pautas que son habituales en otros, con un respeto a todos y todas las participantes que no solemos encontrar en otros eventos similares.
Entre los seleccionados, trabajos muy diversos, pero con un nivel medio bastante aceptable. El divertido diario personal titulado ‘Paseo Extremadura’ de Emiliano Morales, la búsqueda de lo familiar en un nuevo (y frío) entorno de ‘White hare’ de Adrián Lorenzo, la surrealista recreación de espacios de divertimento para insectos como crítica a nuestro estilo de vida que hace Alba Ruíz de la Fuente en ‘Por el ocio de los insectos trabajadores’, la mirada crítica sobre la sociedad sueca que vuelca en ‘S.T.o.n’ Diego Cuellar, el trabajo de arqueología subacuática que realiza Jonàs Forchini (impactante por la amplitud, multidesarrollo, variedad de propuestas expositivas, capas de interpretación, desde lo técnico, lo histórico y metafotográfico, y por lo novedoso del tema), la atención a los pequeños seres que habitan el agua de Amparo Fernández en ‘Memorias del agua’, la revisión de la masculinidad impuesta mediante el desnudo a desconocidos de Mer Hausman en ‘Onnagata’, o la vida en la periferia de Miriam Montano con ‘Un cuarto. Un hogar. Buscando un lugar para ser’.

A Mirian la pudimos conocer en la anterior edición de Baffest. Igualmente, ha sido un placer reencontrarnos con el trabajo de Patricia Bofill ‘Mudar la piel’, donde las formas de la naturaleza llegan casi a la abstracción para hablarnos de lo frágil, lo invisible, de lo ambiguo y del que somos fanes. Precisamente, acaba de ganar la última edición del Baffest Fernanda del Barrio, con un trabajo, ‘Ensayos para llenar un vacío’, entre lo poético y la microperformace.

También repetimos con Arnau Blanch, con el que ya habíamos coincidido en más ocasiones y del que hemos podido ver la evolución de su trabajo ‘Perro que ladra no muerde’, una vasta obra que, partiendo de una anécdota familiar silenciada, tiene ramificaciones que hablan de la explotación en el trabajo, la violencia o el colonialismo. Y una vez más nos reencontramos con Joan Alvado, que en esta ocasión nos trae su ensayo visual sobre la Serranía Celtibérica titulada ‘El último hombre sombre la tierra’, magnífico proyecto con el que comenzó a separase de una mirada documentalista clásica.
Daídalos
La programación de esta edición incluye varias exposiciones en las que la ciudad es el punto de partida, como ‘Terza Vita’ de Mar Sáez, ‘Intermezzo III: Cal·lípolis’ de Gerard Boyer, o ‘Retròpolis’ de Paula Fujiwara.
Pero hay que destacar la exposición colectiva ‘Daídalos / Δαίδαλος’, comisariada por Xavier de Luca y Houari Bouchenak. En ella se propone un paseo por el laberinto que da nombre a la exposición, con trabajos que, como las últimas ediciones de este festival, miran al Meditarráneo. Videointalaciones, fotografías o fotoesculturas que nos hablan de estas ciudades en las que encerramos al minotauro.

Recupera el trabajo de Toni Serra (Abu Ali), las fotografías de Senegal de Dani Pujalte, los bloques con imágenes de Gaza de Shareef Sarhan, los luminosos retratos de Egipto de Denis Dailleux, la videoinstalación intimista de Paulene Alioua, o las vibrantes imágenes de Líbano de Myriam Boulos.
Destacaría dos proyectos, la instalación ‘The Artist and the Stone: Public form’ de Matteo Guidi y Giuliana Racco, un proceso artístico que “contrapone el movimiento dual de un sujeto (un artista performer palestino nacido con estatus de refugiado) y un objeto (un bloque de piedra de 24 toneladas) del campo de refugiados de Arroub (Hebrón)” donde los artistas vivieron, hacia Barcelona.

Y, especialmente, el proyecto de Camilla de Maffei ‘Grande Padre’ (junto a el periodista Christian Elia), desarrollado en la cercana Albania, una tierra que sufrió una de las dictaduras más crueles de Europa, que todavía marca la vida de sus habitantes y que, desgraciadamente, vuelve a estar de actualidad. Un reflejo de lo fácil que se pierden las libertades y lo difícil que es recuperarlas. Por todo esto, esta exposición es más que pertinente y necesaria.
No hay duda, vivimos tiempos “intensos”, atiborrados por lo inmediato, por lo efímero. Nos falta perspectiva. Por eso, los de la cultura tenemos que ser un refugio, un lugar donde alguien pueda pararse y recuperar fuerzas. Como la fotografía que vemos en Scan, que nos da horizontes. La cultura no es un muro o un lodazal del que no se puede salir, es el hilo que seguir para atravesar el laberinto.
