‘Brassaï’ es el nombre de la extensa exposición que la Fundación Mpafre en Madrid dedica al fotógrafo francés de origen húngaro, Gyulá Halász, Brassaï, una figura clave en la fotografía de la primera mitad del s. XX.

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La Fundación Mapfre exhibe ahora en la sala Bárbara de Braganza de Madrid una amplia retrospectiva sobre el mítico fotógrafo francés Brassaï. La muestra, que se puede ver desde el 30 de mayo al 2 de septiembre, recoge más de doscientas piezas –que incluyen fotografías de época, varios dibujos, una escultura y material documental– agrupadas en doce secciones temáticas. De ellas, las dos dedicadas al París de los años treinta son las grandes protagonistas.

Brassaï fue una de las figuras más destacadas de entre los fotógrafos europeos y americanos de su época, cuyo trabajo, en el período de entreguerras, enriqueció enormemente el potencial de la fotografía como forma de expresión artística.

Esta exposición, comisariada por Peter Galassi, conservador jefe del Departamento de Fotografía del Museo de Arte Moderno de Nueva York desde 1991 a 2011, es la primera retrospectiva de Brassaï organizada desde el año 2000 (Centro Pompidou) y la primera que tiene lugar en España desde 1993.

Organizada en doce secciones temáticas, está compuesta por más de 200 piezas (fotografías de época, varios dibujos, una escultura y material documental). Las dos primeras secciones, dedicadas al París de los años treinta, son las grandes protagonistas.

Brassaï (pseudónimo de Gyulá Halász, 1899 – 1984) se trasladó a París en 1924 para dedicarse a la pintura, tras estudiar arte en Budapest y en Berlín. Pero muy pronto encontró una fuente de ingresos estable en la venta de artículos, caricaturas y fotografías a periódicos y otros medios ilustrados, y dejó a un lado el dibujo y la pintura, disciplinas por las que, no obstante, seguiría sintiendo una gran devoción y que iría retomando a lo largo de su vida.

La ciudad de París se convirtió en el tema principal de su trabajo: su día a día, y especialmente su apariencia y su vitalidad nocturnas. Su extraordinario tratamiento de la luz y la sutilidad de los detalles capturados en sus imágenes le hicieron célebre; con estas herramientas, Brassaï logró instantáneas que se convertirían en iconos culturales, símbolos de una época y testimonios de su irresistible fascinación por la capital francesa.

Su obra alcanzó enseguida un incuestionable reconocimiento en los círculos de la fotografía artística, aunque también en la industria turística y los circuitos fotográficos comerciales.

El 12 de junio de 1940, dos días antes de que el ejército alemán entrara en París, Brassaï abandonó la ciudad. Pero regresó en octubre y permaneció allí durante el resto de la ocupación. El hecho de negarse a colaborar con los alemanes, le impidió fotografiar abiertamente, así que el encargo de Picasso de fotografiar sus esculturas se convirtió en su única fuente de ingresos. Además, y tras un paréntesis que había durado veinte años, Brassaï volvió a dibujar y a esculpir, y empezó a explorar su notable talento como escritor.

A partir de 1945, gracias a los numerosos encargos de la revista norteamericana Harper’s Bazaar, volvió a dedicar parte de su tiempo a la fotografía y empezó a viajar regularmente, Edimburgo, España, Marruecos, Italia, Grecia, Turquía, son algunos de los lugares que visitó durante estos años.

A principios de la década de 1950 Brassaï ya era un fotógrafo plenamente reconocido. En 1955, el Art Institute of Chicago acogió la primera de sus exposiciones individuales en un museo estadounidense, que después itineraría por otras ciudades norteamericanas. Un año después, el MOMA de Nueva York inauguró ‘Language of the Wall. Parisian Graffiti Photographed by Brassaï’.

View through the pont Royal toward the pont Solférino. c. 1933 © Estate Brassaï Succession, Paris

Su trabajo fue reconocido como una de las piedras angulares de la nueva corriente fotográfica, surgida entre las dos guerras mundiales. Descubriendo el potencial de las escenas cotidianas y recuperando la concepción de la fotografía como medio creativo, generador de imágenes de una fuerte evocación poética y visual que trascendía su carácter meramente documental. Alejados de la emulación de las artes tradicionales propias de la fotografía de principios de siglo, estos artistas pusieron de relieve el potencial artístico de la disciplina. Cuando esta tradición empezó a ser celebrada en los años setenta, el trabajo de Brassaï fue reconocido como uno de sus grandes referentes, convirtiéndose en figura fundamental de la historia de la fotografía del siglo XX.

Tras su paso por Barcelona, esta exposición se podrá ver en Madrid, en Sala Fundación MAPFRE Recoletos (del 31 de mayo al 2 de septiembre de 2018) y, a continuación, en el San Francisco Museum of Modern Art (SFMOMA).

La muestra se desarrolla en torno a doce secciones que muestran un exhaustivo recorrido por la obra este polifacético artista:

París Noche

The Eiffel Tower seen through the Gate of the Trocadéro. 1930-32 [Nuit 1; variant of Paris de nuit, plate 57] © Estate Brassaï Succession, Paris

‘Paris de nuit’ fue, en realidad, el resultado del encargo realizado por el editor Charles Peignot a un joven y todavía desconocido Brassaï. El libro, del que se expone un ejemplar en la muestra, se publicó en diciembre de 1932 y tuvo un gran éxito, en parte gracias a la modernidad de su diseño, sus páginas sin márgenes y sus ricos fotograbados.

Brassaï continuó explorando el París nocturno a lo largo de la década de 1930, desarrollando una visión muy personal que se materializa en numerosas fotografías presentes en la exposición. Evocan el pulso dinámico y vibrante de la ciudad, destaca por ejemplo la imagen de una gárgola en primer plano de la Catedral de Notre Dame de París, en lugar de una vista convencional de dicha catedral, o el Pont Royal visto desde el agua y no desde arriba. Se trata casi siempre de imágenes silenciosas en las que el tiempo parece haberse detenido.

Placeres

Cuando Brassaï organizó su archivo tras la Segunda Guerra Mundial, bajo el título de ‘Plaisirs’ agrupó sus imágenes protagonizadas por pequeños delincuentes, prostitutas y otras figuras de los bajos fondos de París, junto a aquéllas sobre entretenimientos públicos, incluyendo salas de baile baratas, ferias populares de barrio y celebraciones anuales diseñadas para burlar las convenciones burguesas.

Chez Suzy. 1931-32 © Estate Brassaï Succession, Paris

Brassaï consiguió un permiso para trabajar entre bambalinas en el conocido Folies Bergère, lo que le permitía observar desde un punto de vista más alto todo lo que allí sucedía. Con estas imágenes, Brassaï logró revitalizar y transponer a la fotografía una rica mitología que ya existía en la literatura y en las artes visuales tradicionales.

París de día

Nadie fotografió París de noche tan acertadamente como Brassaï, pero también acumuló una colección considerable de imágenes de la ciudad a la luz del día. Monumentos, rincones pintorescos o detalles de la vida cotidiana protagonizan gran parte de estas escenas.

Algunas de sus fotografías de los años treinta también reflejan su interés por los estilos geométricos o los recortes abruptos, tal y como muestran las famosas imágenes de los adoquines de las calles de ciudad. Pero incluso estos experimentos gráficos más audaces reflejan, como el resto de sus imágenes de la ciudad, su permanente fascinación por lo que para él se presentaba como una tradición remota e inagotable, en constante desarrollo.

Montmartre. 1930-31 © Estate Brassaï Succession, Paris

Grafitis

El valor del grafiti como una poderosa forma artística empezó a aflorar en el siglo XX. Como los objetos tribales de África, el arte de los niños o el de enfermos psiquiátricos, el grafiti se consideraba más expresivo y vital que otras formas refinadas del arte occidental tradicional.

Brassaï fue, de hecho, uno de los primeros en abrazar esta temática. Acumulador empedernido, durante toda su vida coleccionó toda clase de objetos abandonados, de modo que, desde el mismo momento en que comenzó a realizar fotografías, empezó a recopilar los grafitis que aparecían en las paredes de París.

Tenía preferencia por aquellos que habían sido grabados o arañados -más que dibujados o pintados- y en los que las irregularidades de la propia pared jugaban un papel importante en términos estéticos. Llegó a realizar cientos de estas imágenes, de las que aquí solo se presenta una pequeña muestra.

Minotaure

Entre su llegada a París a principios de 1924 y sus comienzos en la fotografía seis años más tarde, Brassaï creó un amplio círculo de amigos en el seno de la comunidad internacional de artistas y escritores de Montparnasse. Entre ellos se encontraban Les Deux Aveugles (Los dos ciegos), como se denominaban a sí mismos los críticos de arte Maurice Raynal y el griego E. Tériade.

En diciembre de 1932 -el mismo mes en que vio la luz ‘Paris de nuit’- Tériade invitó a Brassaï a fotografiar a Picasso y sus estudios para ilustrar el primer número de Minotaure, la lujosa revista de arte que aparecería en junio de 1933 impulsada por el editor suizo Albert Skira y de la que se exponen aquí varios ejemplares. Esta colaboración supuso el punto de partida de su amistad con Picasso, una de las más importantes de su vida.

Durante los años siguientes, el fotógrafo gozaría de un papel prominente en esta publicación, especialmente como colaborador de Salvador Dalí e ilustrador de textos de André Breton, aunque en ocasiones también como artista por derecho propio. El primer número de la revista incluyó una serie de desnudos y su incipiente serie de grafitis, mientras que el número siete de la misma revista dedicó varias páginas a sus imágenes nocturnas. Todo ello nos habla de la modernidad del artista y su relación con los círculos más importantes de la vanguardia parisina.

Personajes

En 1949, en el prólogo para Camera in Paris, una monografía dedicada a fotógrafos contemporáneos, el propio Brassaï, parafraseando a Baudelaire en ‘El Pintor de la vida moderna’, trata de establecer una línea de continuación entre el arte de los fotógrafos y algunos de los mejores artistas del pasado como Rembrandt, Goya o Toulouse-Lautrec. En este sentido explica cómo, al igual que aquellos, la fotografía es capaz de elevar a sujetos ordinarios al nivel de lo universal. Los personajes de esta sala muestran esta idea, pues no se trata sólo de un trabajador del Mercado de Les Halles, de un personaje travestido o de un cofrade en Sevilla, sino que, en su dignificación, todos ellos exceden su individualidad para representar a un colectivo.

Lugares y cosas

Uno de los proyectos tempranos de Brassaï que finalmente nunca llevó a cabo fue un libro de fotografías de cactus; mucho después, en 1957, haría un cortometraje sobre animales. Pero normalmente sus intereses, en lo que respecta a objetos y lugares, se centraron en aquellos que habían sido hechos o habitados por el hombre. Así lo demuestran la mayor parte de sus imágenes dedicadas a este tipo de motivos, reflejando una gran curiosidad por las personas que habitaron esos espacios o crearon esos objetos.

Durante sus viajes realizó numerosas fotografías de la que aquí podemos ver una pequeña muestra: una perspectiva de la Sagrada Familia de Gaudí desde una posición elevada, un muro pintado en el Sacromonte granadino o un escaparate en Nueva Orleans. En algunas de ellas, como en Vineyard, Château Mouton-Rothschild (junio de1953) Brassaï da un salto brusco desde el primer plano hacia el fondo partiendo la imagen por la mitad a lo largo de su eje horizontal (una estrategia gráfica inventada por Brassaï).

Haute Couture Soirée. 1935 © Estate Brassaï Succession, Paris

Sociedad

A mediados de la década de 1930 y tras la Segunda Guerra Mundial, Brassaï fotografió más de dos docenas de reuniones de la alta sociedad parisina: bailes de disfraces, veladas elegantes y otros eventos en casas privadas y en lugares como el Ritz. También capturó en numerosas imágenes la famosa Nuit de Longchamp (carreras que se celebraban a las afueras de París), cada verano de 1936 a 1939.

En estos eventos encontró muchas menos oportunidades de intervenir en la acción fotografiada que en los salones y bares parisinos, pero ello no le impidió crear imágenes potentes y duraderas, y de una realidad social muy distinta. Quizás la más extraordinaria de todas ellas es la de la celebración del quincuagésimo aniversario del interior Art Nouveau del lujoso restaurante Maxim’s (terminado unos pocos años antes que la Casa Garriga Nogués). Aunque esa imagen ha sido famosa desde su creación en 1949, la serie de Brassaï sobre la alta sociedad parisina es poco conocida, y varias de estas fotografías se presentan por primera vez en esta exposición.

Cuerpo de mujer

Durante la ocupación de París (1940-1944), Brassaï se negó a trabajar para los alemanes y no pudo fotografiar abiertamente. Parece que sus únicos ingresos procedían de un encargo clandestino de Picasso para fotografiar sus esculturas.

En parte por insistencia de Picasso, Brassaï volvió al dibujo. La mayoría de los dibujos que hizo en 1943-1945, como la mayoría de los que sobreviven de su época como estudiante de arte en Berlín en 1921-1922, son desnudos femeninos. Lo mismo sucede con muchas de las esculturas que comenzó a realizar después de la guerra, a menudo a partir de piedras desgastadas por el efecto del agua.

Sería inapropiado tratar de ocultar la intensidad de la mirada masculina de Brassaï tras la cortina de una búsqueda puramente estética de la “forma”. Lo más distintivo y poderoso de sus imágenes del cuerpo femenino es su manifiesta urgencia carnal.

Retratos: artistas, escritores, amigos

Pablo Picasso, Salvador Dalí, Henry Miller (quien dio a Brassaï el apodo de “El ojo de París”), Pierre Reverdy, Jacques Prévert, Henri Matisse y Léon-Paul Fargue son solo algunos de los protagonistas de los retratos que se exhiben en esta sección de la exposición.

La mayoría de los retratos hechos por Brassaï son de personas que él conocía y, quizás como resultado de esa cercanía, transmiten una gran franqueza y naturalidad. También es cierto, sin embargo, que Brassaï solía llegar a este resultado incluso cuando no conocía al retratado.

Jean Genet, Paris. 1948 © Estate Brassaï Succession, Paris

El sueño

En términos generales, el sello distintivo de la fotografía europea de las décadas de 1920 y 1930 era la nueva sensación de movilidad y espontaneidad. Pero esta última era ajena a la sensibilidad de Brassaï, que en cambio buscaba la claridad y la estabilidad. En lugar de la popular cámara de mano, una Leica de 35 mm, Brassaï eligió una cámara que utilizaba placas de vidrio y, a menudo, se colocaba sobre un trípode. Así, como para declarar su independencia de la tendencia a crear imágenes espontáneas, las personas durmiendo se convirtieron en un motivo recurrente en su obra.

La calle

El trabajo de Brassaï para Harper’s Bazaar le llevó a recorrer Francia y muchos otros lugares, desde España hasta Suecia, Estados Unidos y Brasil. Así pues, aunque su talento hundía sus raíces en París, amasó una amplia colección de fotografías tomadas en lugares que le eran poco familiares. En esta exposición se muestran varias de estas imágenes, tres de ellas tomadas en España.

Esta información ha sido elaborado con los textos e imágenes facilitados por Fundación Mapfre.

  • ‘Brassaï’
  • Fecha: del 30 de mayo al 2 de septiembre.
  • Localización: Fundación Mapfre. Bárbara de Braganza, 13. Madrid.
  • Horario: Lunes de 14:00 a 20:00 h. Martes-sábado: 10:00 a 20:00 h. Domingos y festivos: 11:00 a 19:00 h.
  • Entrada: 3 €. (lunes no festivos, gratuita).