En ocasión de la exposición sobre la serie fotográfica ‘Ravens’ en el marco de PHotoEspaña que Lorenzo J. Torres comisaría junto a Tomo Kosuga, director de Masahisa Fukase Archives, en el círculo de Bellas Artes, resumimos algunas ideas que pueden servir para guiar al visitante. Se trata de la primera vez que la serie se expone en España y la primera a nivel mundial que se hace con esta selección.
Masahisa Fukase es uno de los fotógrafos más influyentes y enigmáticos del Japón de la posguerra. Su serie fotográfica más conocida, ‘Ravens’ (Cuervos, o Karasu en japonés), iniciada en 1976, se ha convertido en una obra icónica que encuadra la melancolía, la soledad y la complejidad de la experiencia humana. Veamos la génesis y evolución de Ravens en el contexto de la vida de Fukase, su estilo fotográfico y la crítica que ha recibido, situando su obra en el marco más amplio de la fotografía japonesa contemporánea.
Un alma atormentada: vida personal y creación artística
Masahisa Fukase nació en 1934 en Bifuka, Hokkaido, y comenzó su carrera fotográfica en los años 50. A lo largo de su vida, Fukase experimentó numerosos altibajos personales, que tuvieron un impacto significativo en su trabajo. Uno de los eventos más decisivos fue su matrimonio y posterior divorcio de Yoko, su primera esposa, que marcó profundamente su vida y obra.
En 1976, poco antes de separarse de Yoko, Fukase comenzó a trabajar en la serie ‘Ravens’. El crítico de arte Akira Hasegawa señaló que esta serie surgió como un intento de Fukase de representar sus sentimientos de pérdida y desarraigo tras su separación. Este período de su vida estuvo marcado por viajes frecuentes, durante los cuales los cuervos se convirtieron en un motivo recurrente en su fotografía. Fukase empezó a identificarse con estos pájaros, viendo en ellos una metáfora de su propia experiencia de soledad y desconexión.
Curiosamente, para cuando la serie ‘Ravens’ comenzó a recibir elogios críticos, Fukase ya se había vuelto a casar. Este nuevo matrimonio sugiere que, aunque el dolor de su primera separación fue un catalizador para la serie, no fue su única fuente de inspiración. Fukase utilizó la figura del cuervo no solo para expresar su sufrimiento personal, sino también para explorar temas más amplios relacionados con sus orígenes y la melancolía.

Estilo fotográfico y comparación con el colectivo Provoke
Fukase formó parte de una generación de fotógrafos japoneses de posguerra que incluyó a figuras como Shomei Tomatsu, Eikoh Hosoe, Noriaki Yokosuka, Nobuyoshi Araki y Daido Moriyama. Estos fotógrafos participaron en la exposición «New Japanese Photography» en el MOMA de Nueva York en 1974, que buscaba introducir la fotografía japonesa contemporánea en Occidente. Ese mismo año, Fukase cofundó la Taller Escuela de Fotografía (Wākushoppu shashin gakkō) con algunos de estos fotógrafos, lo que subraya su conexión con el desarrollo de la fotografía artística en Japón.
Aunque a menudo se relaciona a Fukase con el colectivo Provoke, su estilo fotográfico se distinguía notablemente del de este grupo. Provoke fue un grupo influyente de fotógrafos japoneses de los años 60 y 70 conocido por su estética experimental y su crítica social y política. Mientras que éstos buscaban desafiar las convenciones fotográficas tradicionales con imágenes de alto contraste y una técnica conocida como «are, bure, boke» (imágenes granulada, desenfocada y borrosa), Fukase desarrolló un enfoque más personal y poético. Sus imágenes, a menudo oscuras y evocadoras, capturan la melancolía y la soledad de la vida moderna en Japón, pero con un énfasis en la experiencia interna y emocional del individuo.
Aunque el enfoque de Fukase difería del de Provoke, compartía con sus contemporáneos una preocupación por los temas de identidad, la soledad y la búsqueda de significado en la vida moderna. La obra de Fukase se distingue por su enfoque introspectivo, utilizando la fotografía como un medio para confrontar sus propios demonios personales. Este enfoque resonó profundamente en un Japón de posguerra que luchaba con las consecuencias de la modernización rápida y la pérdida de la identidad tradicional.

A pesar de algunas similitudes superficiales, como el uso del blanco y negro y el alto contraste, las diferencias entre Fukase y Provoke son significativas. Los fotógrafos de Provoke, como Daido Moriyama y Takuma Nakahira, se centraban en la crítica social y política, mientras que Fukase estaba más interesado en explorar su propio mundo interior y sus luchas personales. Esta diferencia de enfoque se refleja en el contenido y el tono de sus obras. Fukase, con su trasfondo en la fotografía comercial y de retratos, fusionó estas influencias con una profunda fascinación por la narración visual y la experimentación fotográfica, creando un estilo único y diferenciado.
Ravens como autorrepresentación, introspección y fragmentación
Fukase utiliza en ‘Ravens’ un estilo oscuro, sugerente y obsesivo que atrapa la mente del observador. Las imágenes de Fukase son granulosas, oscuras e impresionistas. A menudo, amplía sus negativos o los sobreexpone, apuntando todo el tiempo al estado de ánimo sobre el refinamiento técnico. Fotografía bandadas desde la distancia y pájaros individuales que aparecen como siluetas negras contra los cielos grises, húmedos e invernales de Hokkaido. Captura los cuervos tanto en vuelo —borrosos y malhadados—como en reposo, posados en cables telegráficos, árboles, cercas y chimeneas. Cuervos vivos o muertos, persiguiendo sus sombras y sus huellas en la nieve bajo la cruda luz solar del norte de Japón.
‘Ravens’ se interpreta a menudo como una expresión del intento de Fukase de afrontar el fracaso de su matrimonio y la pérdida de Yoko, su musa artística. Sin embargo, él no se limitó a ver a los cuervos como meros sujetos de su fotografía; comenzó a verse a sí mismo como uno de ellos. Ravens era la forma de Fukase de explorar su propio mundo interior y sus sentimientos de desconexión. La imagen del cuervo, tradicionalmente asociada con la muerte y la desolación, se convirtió en una poderosa metáfora de la identidad fragmentada y la búsqueda de sentido en medio del caos emocional.

Las fotografías de Fukase a menudo representan el cuerpo como fragmentado, distorsionado e incompleto, reflejando su lucha personal por lograr un sentido de cohesión. Esta fragmentación se ve acentuada por su estilo narrativo, que se desarrolló en parte debido a las limitaciones de las revistas de fotografía japonesas de la época, que solo publicaban un número limitado de imágenes por serie. Fukase subvirtió estas restricciones al crear una narrativa visual que, aunque fragmentada, era profundamente coherente en su exploración de la soledad y la melancolía. Siendo el primero, asimismo, abarcar páginas dobles con marcas de película visibles, como si Fukase quisiera romper con las limitaciones de la revista[1].
Las obras de Fukase fluctúan entre capturar la expresividad particular del artista y mostrar la relación (o falta de conexión) entre humanos y los espacios que cruza. En las imágenes más borrosas, rozan el abstraccionismo. Sombrío y desgarradoramente solitario, la serie del fotógrafo japonés sobre los cuervos ha sido aclamada como una obra maestra del duelo. Aunque su narrativa visual está interrumpida por otras imágenes misteriosas, como una masajista desnuda, un gato de aspecto maligno, chicas azotadas por el viento que miran sobre una barandilla de un barco, y un hombre sin hogar bebiendo al final de la fiesta del Hanami, son los cuervos los que obsesionan a Fukase. Su visión es tan cruda, tan implacablemente monocromática, que no puedes evitar preguntarte qué tipo de control tenían sobre su imaginación.
La evolución y el legado de Ravens
A lo largo de los años, la Ravens ha recibido un reconocimiento crítico significativo, consolidando el lugar de Fukase en la historia de la fotografía. En 2010, una retrospectiva de su trabajo en la Fundación Hasselblad de Suecia aumentó aún más su exposición internacional, llevando su obra a una audiencia global. La relevancia de Fukase hoy en día se debe en parte a su enfoque en temas universales como la soledad y la melancolía, que resuenan profundamente con las experiencias humanas contemporáneas.

La habilidad de Fukase para combinar sensibilidad artística con destreza técnica, y su innovación en la difusión de su trabajo a través de revistas y fotolibros se hizo patente en el fotolibro (1986) de la serie, convirtiéndose en uno de los más relevantes de la historia de la fotografía: en 2010, el British Journal of Photography preguntó a un panel de expertos que seleccionara su fotolibro favorito de los últimos 25 años, siendo ‘Ravens’ el ganador.
La influencia de Fukase en la fotografía contemporánea es indudable. Su estilo singular y poético ha inspirado a generaciones de fotógrafos que buscan explorar la profundidad emocional y psicológica en sus obras. Ravens sigue siendo un punto de referencia para aquellos que desean utilizar la fotografía como un medio para la introspección y la exploración de la identidad.
Ravens trasciende al fotógrafo
En el número de noviembre de Kamera Mainichi (1976), cuando se publican las primeras fotografías de la serie, Fukase nos habla de cierta revelación al encontrarse con la mirada de un cuervo:
«Miró hacia el objetivo como si estuviese maravillado y graznó. Me convertí en un cuervo con una cámara y jugué siguiendo a mi negro amigo que iba y venía subiendo y bajando en la espesa niebla».
Lo que nos habla de una profunda conexión de Fukase con los cuervos, que no solo fueron sujetos de su fotografía, sino también una extensión de su propia identidad y emociones durante la creación de la serie ‘Ravens’.

La última fotografía de la exposición que puede verse en la Círculo de Bellas Artes en el marco de PHotoEspaña 2024, una escena con un sin-hogar en las calles de Tokio en las años 80, cercano al estudio de Fukase, muestra un mendigo de espaldas, vagando solo y encorvado, cubierto con una manta como si fuese un cuervo de alas plegadas y fundiéndose con el gris sórdido de la acera. Su cabeza ocupa el centro del plano, pero aparece hundida entre sus hombros… Como si el propio Fukase se hubiese convertido, al fin, en un cuervo. Esta imagen sugiere la culminación de la identificación de Fukase con los cuervos, simbolizando su transformación final en una figura que representa tanto su soledad como su introspección.
Nada de esto debería afectar la lectura del trabajo de Fukase, que es poderoso y conmovedor incluso si te encuentras con él sin saber nada del trasfondo biográfico que lo sustenta. Sin embargo, cuando ya sabes algo de su vida, resulta difícil separarla de sus fotografías. «En Ravens, el trabajo de Fukase puede considerarse que ha alcanzado su máxima altura y ha caído a su mayor profundidad», escribía Hasegawa[2]. A pesar de todo, hay una belleza oscura y sombría en estas imágenes que es singular y conmovedora. En Ravens, Fukase encontró un tema que reflejaba su visión cada vez más oscura, y que lo persiguió obsesivamente hasta la caída por unas escaleras en un bar de Tokio, que le postraría en cama durante dos décadas hasta su muerte. Unos meses antes, andaba todavía cavilando sobre una nueva edición del fotolibro, esta vez con fragmentos del poema de Edgard Allan Poe, «The Raven» (1845).
Ravens es mucho más que una colección de imágenes de cuervos; es una profunda exploración de la melancolía, la soledad y la identidad. A través de su trabajo, Fukase nos ofrece una ventana a su propio mundo interior, utilizando la fotografía para confrontar sus propios demonios y buscar un sentido de cohesión en medio de su caos emocional y vital. En un contexto más amplio, su obra resuena con las preocupaciones universales de la identidad humana, situándose como una pieza central en la historia de la fotografía japonesa y mundial.
