El Museo del Prado dedica una exposición, hasta el 3 de marzo, a la cara oculta de las obras de arte, su reverso. Carmen Dalmau nos desvela algunos detalles de esta exposición, destacando la presencia de la fotografía en ella.

A veces he soñado con transitar por espacios imposibles como la cara oculta de la luna o a través del espejo. La exposición Reversos’ del Museo del Prado juega con esos espacios que nos son vetados y que la disposición museística ha convertido en secretos.

El museo de arte de Sao Paulo, diseñado por la arquitecta italiana Lina Bo Bardi en 1958, exhibe su colección en caballetes de cristal, permite que el visitante rodee las obras y se relacione con ellas de forma muy diferente a como acostumbramos a contemplarlas adosadas a los muros ocultándonos una cara. En el edificio de Lina Bo Bardi se crea un efecto de flotación de las pinturas en el espacio y el mirante puede tejer sus senderos como si caminara por un bosque.

La exposición ‘Reversos’ en el Museo del Prado, comisariada por Miguel Ángel Blanco, nos recibe con una gran fotografía de más de tres metros. Pertenece a la serie ‘Verso‘ de Vik Muniz, fotógrafo brasileño que tiene su taller en Nueva YorkLa pieza es un facsímil digital del reverso de las Meninas en el que el artista reproduce minuciosamente todos los detalles del lienzo y de la madera de pino de los bastidores.

Forma parte de una serie en la que lleva trabajando desde 2008 en la que ha reproducido la parte oculta de obras tan icónicas como ‘La Mona Lisa’ o ‘La joven de la perla’. Son objetos tridimensionales, escultóricos y fotográficos. Fotorrealismo conseguido con las acuarelas que logra materializar una fotografía en tres dimensiones. Aquí la fotografía actúa en dos de sus acepciones clásicas, como fiel copia de la realidad a la vez que desvela lo invisible a nuestros ojos. 

La serie ‘Verso‘ de Vik Muniz es una clara deuda de sus visitas al Museo de arte de Sao Paulo que le permitió reflexionar sobre el hecho de que brindarnos la oportunidad de mirar los reversos de los cuadros nos abre otras posibilidades de relacionarnos con ellos, la posibilidad de entrar en contacto más íntimo con las imágenes.

Por otra parte, el reverso de ‘Las Meninas’ reivindica el peso de la materia. Frente a lo etéreo de las imágenes se muestra el peso material del objeto, tangible, que se deposita a ras de suelo con toda su gravedad y nos sorprende con su gran tamaño. Al descender de la rotonda del Museo donde se aloja nos parece que crece, porque podemos medir su escala físicamente contrastándola con la altura de nuestros cuerpos.

Vik Muniz es la llave para entrar en ‘Reversos’ pero no la única fotografía de esta exposición en la pinacoteca. 

© Vik Muniz

Se muestran otras piezas como se suele hacer en el uso más común de lo fotográfico, como documentación. Fotos en blanco y negro de las traseras de los lienzos. Una fotografía de Alexander Lieberman en la que se muestra a Rothko cargando con un lienzo en su estudio como si fuera una cruz. Alfred Stieglitz registra con una intensidad poética a Georgia O´Keeffe alejándose, portando dos lienzos y fundida con la espalda de sus paisajes.  Pierre Jahan documenta la evacuación de las obras del Louvre durante la II Guerra Mundial, mientras otra fotografía anónima registra el depósito de obras en el Museo del Prado durante la guerra civil y ambas testimonian como cuando estallan las guerras se intenta preservar la belleza del horror poniendo de cara a la pared las imágenes.  

En el capítulo de la exposición De espaldas, frente a la pintura hay tres piezas fotográficas más. Citando a Miguel Ángel Blanco “Mirar un cuadro implica dar la espalda al mundo para proyectarnos en un espacio ficticio”.  La fotografía de Elliott ErwittMadrid, Museo del Prado’ de 1995 pertenece a la colección del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Su juego irónico lo tenemos dibujado en la memoria y nos permite comprender como se crea un mundo, un espacio nuevo lleno de significado entre el mirante y la obra son la que se confronta. 

Sus fotografías tensan los contrarios. Siete hombres de espaldas con las manos por delante contemplan la ‘Maja desnuda’ de Goya que los reta con su mirada directa, mientras una mujer con los brazos a la espalda genera su diálogo en solitario con la ‘Maja vestida’

Otra imagen de Erwitt, de 1975, está escenificada en Versalles. Tres personas miran un marco vacío, con una pequeña cartela en el centro, casi como si se tratara de una obra conceptual que se hubiera colado entre los espejos barrocos y los dorados del palacio, mientras en el marco contiguo el retrato del escultor François Girardon contempla a los visitantes con gallardo desprecio.

Tras las sosegadas sátiras del recientemente fallecido Elliott Erwitt se esconde un arañazo que provoca, como en la multiplicación de los espejos, un extrañamiento del que a su vez las mira de espaldas desde su posición en el espacio.

La última fotografía que me sorprendió entre los cuadros de Rembrandt, Fabritius o Magritte pertenece a Sophie Calle. ‘¿Qué ves? La tempestad sobre el mar de Galilea. Rembrandt’. 2013 es un díptico compuesto por una imagen en color en la que vemos a una mujer de espaldas contemplando un marco dorado vacío y por otra imagen solo construida con palabras. La fascinante relación entre la imagen y el texto nos obliga a intentar entender que enigma nos plantea. 

En la madrugada del 18 de marzo de 1990 se produjo el robo de guante blanco, no resuelto hasta la fecha, de trece obras maestras del Museo Isabella Stewart Gardner Museum de Boston. El museo aún muestra los marcos vacíos que preservaban el Concierto, de Veermer o La tormenta en el mar de Galilea, de Rembrandt respetando el expreso deseo testamentario de su fundadora y filántropa que obliga a que las salas se mantuvieran tal cual ella las dispuso. 

La mezcla de mundos reales, imaginados o literarios siempre se cruza en la obra de Sophie Calle. Coincidiendo con una estancia en la ciudad de Boston por motivo de una exposición en el Museo de arte contemporáneo citaba a los entrevistadores delante del cuadro de Veermer, una de las joyas de la colección hoy desaparecidas. Más de veinte años después Calle regresó al museo, que no solo seguía conservando los marcos de las obras robadas en la misma disposición que si las siguieran exhibiendo, sino que se habían restaurado algunos de esos marcos deteriorados tras el robo. Retrató a los vigilantes, conservadores y empleados del museo que posaron delante de esos marcos vacíos, a través de los que solo se ve el entelado verde de la pared y les preguntó ¿Qué veis? Algunos veían una ausencia visible, un misterio, los colores de un mar tempestuoso u oían la música de un clavecín que toca una joven con un collar de perlas. 

La pregunta de Sophie Calle «¿Qué veis?»  es un detonante para imaginar el espacio intangible, para hacer visible lo invisible.