Paris Photo ha celebrado su XVII edición sin perder la condición de feria de fotografía más importante de Europa y recuperando uno de sus emplazamientos más glamurosos. Carmen Dalmau ha estado allí para contarnos lo más destacado.

París en otoño siempre es dorado, aunque este año sus cielos estuvieran cubiertos por una neblina gris que desdibujaba los contornos de la Torre Eiffel. Al regresar al Grand Palais atravesando el puente Alejandro, el Petit Palais presentaba una exposición del pintor José de Ribera, recuperamos la vocación de grandeza de Parisphoto. 

Uno de los frontones del Grand Palais reza monumento consagrado por la República a la gloria del arte francés. La cubierta acristalada del Grand Palais se eleva a sesenta metros de altura soportada por una estructura vista de hierro, acero y hormigón de 1900 recientemente restaurada que hace que la nueva edición de la feria se vuelva a vestir de gala para agasajar a la fotografía en la ciudad que la vio nacer y la ha convertido en una de las bellas artes. No cabe duda que la casa  que aloja Paris Photo es un palacio de la modernidad y que la ciudad de las luces trata muy bien a su creación.

La fotografía  parece gozar de buena salud en Francia, con un mercado con músculos potentes. Un paseo como flâneur  lo constata, cada día las paredes cambian y los grandes coleccionistas celebran sus compras y encuentros con una copa de champagne en la zona VIP.

Nada más entrar nos encontramos con una gran instalación en la que se despliega el titánico empeño de August Sander (1876-1964) de registrar enciclopédicamente a las ‘Gentes del siglo XX Los retratos de granjeros, comerciantes,  mujeres,  artistas, príncipes, prisioneros o desheredados nos dan la bienvenida a la feria.

© Rik Oostenbroe

El cartel anunciador de Paris Photo es una pieza de Rik Oostenbroek, ‘Gradient Study digital’. Es visible por toda la  ciudad en los autobuses o en el Metro. Oostenbroek es un joven artista, también de origen alemán, con ciento treinta y tres mil seguidores en Instagram, que realiza impecables abstracciones fotográficas empleando las técnicas digitales.

Estos son los dos polos entre los que gravita la feria. Maravillosos vintages de gelatina de plata de Man Ray o Kenneth Josephson y un sector de imágenes digitales que por primera vez tienen cabida en la feria con nombre propio. Entre el registro documental de Sanders o Giles Caron ( 1939-1970) el fotógrafo de guerra que falleció en Camboya y documento el mayo del 68 por las calles de París y las abstracciones de Oostenbroek o Thomas Devaux (Paris, 1980) buscando rescatar para la fotografía la espiritualidad que siempre se ha vinculado con la pintura.

© Carmen Dalmau

Destaca la presencia de muchas galerías como la Galería ALTA localizada en Anyós, en Andorra, especializada en clásicos y vintages, que se presenta por primera vez en la feria con el fotógrafo español recientemente fallecido Ramón Masats (1931 – 2024). Me asalta el triste pensamiento de que si hubiera nacido o vivido en Francia en lugar de en nuestro país quizá no tendría que haber esperado tanto para ser “descubierto” y la mujer vestida de negro marcando el perfil de su casa en ‘Tomelloso’ o el seminarista volando para parar un gol a  modo de un superhéroe ibérico serían ya iconos comunes de la historia de la fotografía.

Y luego están las clásicas, como La galería Fraenkel de San Franciso en el lugar de honor del pasillo central que presenta la exposición ‘Destilado‘ de Hiroshi Sugimoto (1976-2024). La pieza central son dos grandes biombos de una belleza magnética, cuyo color es la esencia del color de la estampa japonesa que cambian alternativamente cada día, junto a obras de las series mas reconocidas del autor como ‘Theaters’ o ‘Seascapes’. El biombo plegable de El Gran Santuario Kasuga al amanecer está impreso en washi, un papel tradicional japonés hecho a mano y venerado desde la antigüedad, dialoga con serenidad milenaria atemporal con la serie ‘Opticks’ que también pudimos ver este año en la Biennale de Venecia en la interesante exposición del Palacio Diedo.

Kasuga Grand Shrine at Dawn | 2022 | 201.5 x 542.5 cm | © Hiroshi Sugimoto, courtesy Fraenkel Gallery, San Francisco

En París Photo puedes encontrar ‘Gasoline Stations Porfolio’ de Ed Ruscha  o un bodegón a lo Morandi de Christian Patterson de unos 50 x 50 o con una impresión de Andreas Gursky a tamaño de escultura minimalista de la escuela de Dusseldorf. También nos seduce el rostro de Paula Kerstens coautora con su padre de unos retratos a la flamenca pero con atrezo actual. Todo depende del tamaño del apartamento que quieras decorar o de las emociones o iconos que quieras atesorar. En la Galería Rocket de Londres podías encontrar una edición especial de Martin Parr a un precio muy razonable. 

La historia de la fotografía sigue presente en esta feria. Puedes encontrar a los tres jóvenes granjeros vestidos de domingo de August Sanders sobre los que escribió John Berger en  su ensayo ‘El traje y la fotografía’ y la recreación de la obra en 2024 de Hank Willis Thomas, artista americano que trabaja sobre la identidad y la cultura popular y ya ha entrado en el MoMa. 

Untitled, H44 033 | 2022 | 86 x 65 cm | The artist + Carlos Carvalho Arte Contemporânea

En el espacio de la galería portuguesa Carlos Carvalho se presenta un trabajo de corte documental de  Tiago Casanova junto a una composición que recuerda al arte concreto de Roland Fischer, ejemplificando el espíritu en el que oscila la feria.

Esta vuelta al palacio en los Campos Elíseos ha querido ser ambiciosa y abarcar  todas las lecturas y las voces del medio fotográfico con vocación de demostrar que el lenguaje fotográfico esta vivo. Para ello se mantienen secciones como Elles X Paris Photo creando un recorrido que destaca a las fotógrafas presentes en la feria como la japonesa Mari Katayama o la francesa representante de la Nouvelle Vague Agnès Varda y se inician otras nuevas como la invitación al cineasta estrella Jim Jarmusch a seleccionar veintiocho obras que conectan la fotografía, el cine y surrealismo como las del artista John Kayser  cuyos obsesivos rituales y desnudos femeninos fueron  descubiertos después de su muerte o la composición a modo de Atlas Mnemosyne de Michael Ackerman. Hermoso homenaje al surrealismo.  Seguir el trazado de estos itinerarios da a la feria un toque entre cultivado y un juego de gincana educativa.

© Jon Gorospe

Comisariada por Anna Planas se inaugura la sección Emergence, en la que se propone a través de veintitrés galerías cada una apostando por un artista una exploración de los escenarios actuales por los que transita la fotografía.  Aunque muchos de los escenarios sigue siendo la inclinación al registro documental de la realidad es grato encontrarse  con dos propuestas españolas que buscan otros horizontes. Jon Gorospe está presente en la galería Cámara Oscura reflexionando sobre la idea de construir paisaje con un tríptico de un azul aterciopelado que nos invita a meditar. Miguel Ángel Tornero con Juan Silió y una pared cueva que rompe la planitud de la imagen. En ambos hay una inclinación por investigar el volumen y lo arquitectónico relacionado con la imagen fotográfica.

En la misma sección destacaría  también a la galería S. de París que hace tándem con Ester Vonplon, que juega con los límites de la imagen a través de velos, líquidos, distorsiones que ocultan lo latente y generan un misterio y una sensación de paraísos perdidos y a la galería Salón H que presenta a Livia Metzi artista brasileña afincada en París con una reflexión decolonial entorno al incendio del Museo Nacional de Brasil de 1018.

© Carmen Dalmau

La representación española en esta gran feria internacional, sin ser dominante, es también destacable. La  Galería Rocío Santa Cruz de Barcelona ocupa un espacio amplio con trabajos emblemáticos de Pilar Aymerich y Colita, además de representar a otros fotógrafos españoles como Ouka Leele o Toni Amengual. 

Israel Ariño está representado por la Galería Vu con el trabajo ‘Nada ocurre dos veces’ homenaje callado a Wislawa Szymborska que es un enigma suspendido en ese espacio intermedio entre el sueño y el despertar y que siempre se me ha antojado hermanado con fotógrafos japoneses como Yamamoto Masao.

Magnum aterriza en París con su presidenta española y un stand clásico que presenta las diferentes generaciones de fotógrafos de la agencia que van desde las impresiones antiguas en blanco y negro de Herbert List o Elliott Erwitt, al color de los jardines de Alex Soth, el mágico viaje al centro de Cristina de Middel o el nuevo trabajo de la reportera persa Newsha Tavakolian que gira hacia la abstracción resultando una cata representativa de lo que se ha mostrado en la feria. 

Desde 2012, Aperture PhotoBook Award es un acontecimiento dentro de la feria. Este año ha recaído en la autoedición de Tsai Ting Bang, premiada con diez mil dólares. Mezcla de archivo y fotografía intima que cuenta un desgarro familiar.

Dalpine con la edición especial a beneficio de Ricardo Cases © Raúl Domingo

No quisiera dejar de mencionar en esta crónica  al barco anclado a las orillas del Sena que es una verdadera fiesta para la edición, que este año también ha tenido una importancia relevante dentro del Grand Palais entre los que se encontraba la editorial  RM con publicaciones de Juan Baraja o Linarejos Moreno. En Polycopie dos de las grandes damas de la edición española, Sonia Berger de Dalpine  que el año pasado ganó el Aperture Photobook Award con ‘Subida al cielo’ de Lúa Ribeira, y Montse Puig, de Ediciones Anómalas, que siguen incansables su labor imprescindible de apoyo a la fotografía española.

En París apenas dominaba el faro de la torre Eiffel oculto por días grises pero sabemos que esas brumas también tienen el color dorado del champagne, de las luces tras los ventanales al anochecer, de las hojas amarillo y rojo otoñal de las falsas acacias, olmos y castaños y que a la fotografía siempre le quedará París.