Una reflexión sobre el panorama fotográfico local malagueño de Elena Pedrosa que nos acerca su visión sobre el ecosistema de la fotografía en Málaga con motivo de ‘RAMA’, la exposición comisariada por La Casa Amarilla que visibiliza el arte local.

“Los artistas son agentes de cambio social y cultural. Los artistas son vecinos, colegas, gente como nosotros pero con una sensibilidad extraordinaria. Y necesitan algo tan sencillo como poderoso: visibilidad”. 
(David Burbano y Roy Laguna, LCA Málaga) 

Hace unas pocas semanas asistí a una reunión cultural en la que tuve ocasión de hablar con una comisaria con experiencia en gestión de museos a la que admiro. Me pareció curioso que, cuando le hablé del Colectivo de Fotógrafas Artistas Malagueñas que impulsé en 2020, me sugirió que pidiera ayuda a otro colectivo de repercusión nacional que se creó en 2021, porque ellas podían asesorarnos en nuestra labor. 

Somos imagen. Y lo que no sale en la foto no existe. Eso ya lo sabemos. Pero a eso hay que añadir la condescendencia con la que se considera a la periferia desde los ámbitos centralistas de la cultura visible. 

Es por eso que agradezco muchísimo a Olmo González Moriana que, a su paso por nuestras aulas de Fotografía de la Escuela de Arte San Telmo, hace unas semanas, comunicara en sus redes su nostalgia al volver a “su primera escuela de Fotografía”, aunque otras por las que pasó después hayan sido más visibles. 

Mientras documento, reflexiono y escribo este texto, no he podido evitar dejarme influir por la lectura del libro ‘El destino de las imágenes’ de Jacques Rancière, en el que el filósofo francés reflexiona acerca de los conceptos de realidad, representación, presencia o ausencia en la imagen fotográfica. 

Es el término “visible” lo que me lleva a argumentar en esta línea el razonamiento que rige este artículo en el que quiero reflexionar sobre qué está ocurriendo con lo local en el panorama fotográfico. Y utilizo ejemplos de mi contexto malagueño porque es donde me muevo, pero sé con seguridad que otros entornos geográficos que se encuentran también fuera de foco se sentirán identificados con esto que explico. 

© Esther Pita

Más allá de la visión de Rancière, quiero reflexionar acerca de por qué nos consideramos visibles hoy en día sólo si estamos en tres ámbitos imprescindibles para poder tocar con los dedos ese techo de cristal con el que se topa la periferia: uno es la presencia insistente y permanente en redes sociales, otro es la colaboración con lo institucional, y otro es la línea territorial que va más allá de donde estamos. 

Si bien las redes sociales se han convertido en una herramienta de democratización de la visibilidad sin necesidad de caché ni contactos privilegiados, los otros dos ámbitos sacan a relucir nuestro complejo de impostor, cuando percibimos al otro como el hermano mayor, la referencia que debemos imitar y a la que debemos llegar, aún a costa de nuestra propia identidad. Como la criatura que busca la mirada parental para sentirse, o el adolescente que conforma su identidad por imitación. 

En el panorama fotográfico actual, en el que la gestión cultural institucional comienza a aportar novedades que van a hacer moverse de un modo especial la fotografía en Málaga, y con el ritmo depredador y colonizador que se vive en otros ámbitos de influencia e intercambio de favores en torno a la marca-ciudad, creo que debemos ir pensando en un cambio de estrategia si no queremos desaparecer como ecosistema. 

Refuerzo y presencia de la Fotografía en Málaga

Es así, como ecosistema, como se define el proyecto del Centro de la Fotografía en Málaga, que pretende aunar fuerzas para el común de la fotografía local. Crear vínculos y referencias de colaboración mutua entre los colectivos de profesionales y aficionados a la fotografía que llevan décadas construyendo imaginario fotográfico en Málaga. En estos momentos se ha lanzado una campaña de registro de socios que pretende crear un mapa representativo de la actividad fotográfica en la provincia.  

En el ecosistema del arte creado en Villanueva del Rosario, destaca la actividad que en estos días se desarrolla en RARA Residencia, espacio gestionado por Verónica Ruth Frías y Cyro García. Las artistas en residencia Charo Costa, Ana Daganzo y la comisaria Alejandra Rodríguez están desarrollando una investigación que conecta el pasado con nuevas miradas contemporáneas a partir del archivo fotográfico de un vecino del pueblo.  

‘The Malaga years 1969-1971’, publicado por la editorial independiente Alix Book, vinculada a Staf Magazine, se presentó también la semana pasada en el contexto de la Feria del Libro. El comisario Juanjo M. Fuentes ha recopilado el trabajo realizado durante tres años de estancia en nuestra ciudad de “uno de los grandes maestros de la fotografía del siglo XX”, Jürgen Schadeberg. El fotolibro reúne más de cien imágenes inéditas de la Málaga de finales de la década de los 60 y principio de los años 70. 

© Pablo Asenjo

El deber del arte revolucionario reside –dijo Walter Benjamin en disolver la alienación sensorial. Y mi esperanza es que sirvan para ello estas iniciativas culturales que llevan un tiempo efervesciendo en nuestra ciudad y que apuestan por la fuerza de la unión de lo local frente a lo global. 

Ya pueda venir el mismísimo Fontcuberta –en esa tendencia de moda de apostar por el elenco de autores estrella convirtiéndonos en eternos pupilos– a convencernos de la pertinencia de la IA como relevo generacional de la anciana fotografía; la emancipación, la soberanía propia de las masas, está en manos de quienes deciden dejar de aplaudir el adoctrinamiento pedagógico de la mirada museística y la programación cultural dictada por los de arriba, para reivindicar espacios con un modo de hacer otro, nuestra propia particularidad como pensadores, creadores y gestores no alienados ni infantilizados, siendo conscientes de que nos hemos acostumbrado a confiar los centros de poder a determinados ámbitos geográficos e institucionales para poder mirarnos en ellos. Pero que podemos dejar de hacerlo. 

Arte emergente en RAMA, exposición gestionada por La Casa Amarilla 

Frente a la dictadura de lo que viene dado, la posibilidad creadora del artista de cristalizar nuevos imaginarios, de visibilizar otros mundos posibles y de visibilizarnos en ellos. Interrumpiendo “el orden natural de las dominaciones” -que diría Rancière. 

Imaginemos, por ejemplo, que introducimos 20 murales y grafitis de gran formato en el espacio expositivo del Centro Cultural La Malagueta. Además, 121 diseñadores gráficos, fotógrafos, artistas plásticos y visuales de diferentes disciplinas, trayectorias y edades. Un espacio-tiempo prestado y breve que nos recuerda que “lo hemos conseguido”. Si imaginamos un poco más fuerte a lo mejor conseguimos entre todos que la experiencia se extienda la próxima vez por más de 10 días. En esta ocasión, nos queda el esto-ha-sido barthesiano. 

© Ginebra Siddal

Rezo, no obstante, porque la miopía a la que nos somete el globalismo nos mantenga conscientes de que el objetivo no es conseguir el podium en esos tres ámbitos de los que hablaba, para dejar de ser periferia. Sino reforzar la biodiversidad particular sin imitaciones ni envidias, mediante el tejido de la urdimbre mano a mano en una red de apoyo mutuo. Eso es más eficaz –nos cuenta Kropotkin– para la supervivencia de las especies que lanzarle una honda a Goliat.  

En esta exposición se pone en valor y “en el punto de mira” a artistas con trayectoria, a artistas emergentes que nunca han tenido la oportunidad de exponer en un centro cultural, e incluso a alumnado que aún no ha terminado sus estudios o son recién egresados de la Escuela de Arte o de la Facultad de Bellas Artes. 

Porque, como dicen David Burbano y Roy Laguna, artistas, comisarios de RAMA y gestores de La Casa Amarilla, “el arte contemporáneo es lo que ocurre ahora, vive entre nosotros, se crea en este mismo instante: en los barrios, en los estudios de los artistas y en la calle.” 

Fotógrafos que participan en RAMA

Para acotar y por la temática de esta publicación, voy a centrarme en analizar la experiencia que la imagen fotográfica nos ha regalado en RAMA en algunos de los 40 artistas fotógrafos en confluencia plástica y compositiva con ilustradores y diseñadores. Fotografías que danzan entre lo clásico y lo nuevo, discurriendo por los lenguajes del arte contemporáneo y yendo más allá de la pureza de la misma, consolidando –aunque en esta exposición sólo pueda apreciarse a través de una sola pieza– narrativas, exploración, plasticidad y pensamiento en la trayectoria de unos y en el acercamiento incipiente en otros.

Representando la trayectoria como autores consolidados y también una mirada hacia la fotografía más clásica, destacan las piezas de Ignacio del Río, Esperanza Gómez Carrera o Míchelo Toro. 

© Ignacio del Río

Para Ignacio del Río, fotógrafo, galerista y gestor cultural afincado en Villanueva del Rosario, “hablar de retrato es meterse en una dinámica sumamente personal en lo referente a la interrelación de sujeto y artista”. Nos acerca un retrato en fotografía analógica perteneciente a la serie ‘Calma Aparente‘ que –explica– “me llevó por lugares aparentemente frívolos pero vitales”. 

© Esperanza Gómez Carrera


También en analógico, Esperanza Gómez Carrera, artista y escultora malagueña afincada entre Londres, y Málaga, realiza un examen de la vida en `The life in a bottle´, donde nos habla de “esa vida de tiovivo que hay que sentir, llorar y disfrutar, sabiendo que la única forma de trascender el tiempo es valorándolo”. 

© Michelo Toro

La nostalgia de Míchelo Toro, multifacético emprendedor que simboliza con contundencia a la fotografía en Málaga, nos lleva al NY de 1990 en `Semáforo en rojo sobre torres gemelas´: “es una de mis primeras fotos “conscientes” (20 añitos), aprovechando que estaba contratado para un curro allí” –nos cuenta–. “Con una rollei 35 (como el Stephen Shore de `American Surfaces´, sin saberlo entonces, claro) y 2 carretes Ilford delta 3200. Aquella aventura se resumió en 72 disparos, siendo esta imagen uno de ellos”. 

La idiosincracia local, que sólo entenderán los malagueños –aunque algunas figuras reconocibles sean ya universales–, pueden apreciarse en los paisajes de Edu Rosa Cervantes, Marta O Nilsson y Araceli Avilés. Imágenes que juegan entre la actualidad, la poesía y el trampantojo. 

© Edu Rosa Cervantes

Edu Rosa Cervantes, que también guarda en su haber 40 años de trayectoria fotográfica, en su pieza `Botanic #1´, nos habla de nuevos paisajes malacitanos, proponiendo un acertijo que algunos, en sus redes, ya han resuelto. Al estilo de Jeff Wall, pero desde una maqueta no construida, sino encontrada en un colegio del barrio de Martiricos, juega a transmitirnos un paisaje urbano como si fuera natural. Los barrios, la ciudad, “un espacio en el que analiza la relación del artificio con lo natural” es el lenguaje en el que este fotógrafo enamorado de lo argéntico se siente más cómodo, aunque también desarrolla otros proyectos que han tenido gran repercusión en Málaga recientemente, como `Multhigrap, la soledad reinventada´ basado en la técnica fotográfica que se popularizó en el s. XIX y que da lugar a retratos múltiples.

© Araceli Avilés

En `El multiverso del fistro´Araceli Avilés se acerca a lo urbano, al detalle chauvinista del malagueño de fiesta, al mundo de los niños y de los cómics, al universo del juego. Su estilo de fotografía de calle con un componente compositivo muy marcado, queda en la línea de los trabajos más actuales realizados en este género, reuniendo lo documental y lo simbólico a través del uso del imaginario popular. 

Si bien Marta O Nilsson (foto de portada) suele moverse en ambientes oníricos recreados y artificiales, en su pieza  `Un tiro al aire´ muestra un instante decisivo captado en un entorno tan querido por los malagueños como Los baños del Carmen. La cercanía al mar la comparte también con el imaginario de Ginebra Siddal quien se integra de lleno en el género del retrato. Un retrato intimista, cercano, poético. 

Esther Pita en `Hija del amor´, presenta un retrato conceptual en el que la metáfora de la maternidad queda patente y nos habla de su relación con la fotografía: “Llegué al origen –explica– y entendí que fue un retrato de mi madre lo que encendió mi amor y fascinación por este medio”. 

© Ana Becerra

Variaciones en el retrato en el estilo de Ana Becerra con su pieza `Sobreviviendo a los escombros´ o David Burbano en `Hidden Boy Mateo´ nos llevan a un sentir existencial y épico, en figuras de la cercanía o del ámbito familiar. En esta línea, podemos encontrar también una apuesta de José Luis Gutiérrez por la imagen cubista, `Raquel´, que nos acerca a dos de los temas o ámbitos que encontramos en la parte fotográfica de esta muestra: la memoria personal o la experimentación plástica. 

© David Burbano

Dentro del ámbito de la experimentación y mezcla de lenguajes, en ese tránsito entre el analógico y el digital, con una apuesta por el color vibrante y cercano a la memoria de los 80 o 90, podemos ver la imagen caleidoscópica de los edificios descontextualizados de Pablo Asenjo en una de las piezas de su serie `Cityscape´, la interpretación del lenguaje plástico del cine de Wong Kar Wai en el paisaje urbano de Álvaro Lara,`Vista nocturna´ (parte de la colección ‘Quirks’), centrado también en la arquitectura, o la resignificación de lo cotidiano que realiza Yess López desde la mirada de una Polaroid en la pieza `Pozo de agua´, de la serie `Portrait of an object´, en la que trabaja buscando intencionadamente la imperfección del proceso analógico “desde lo visceral y lo doméstico, con materiales que contienen narrativas silenciosas, buscando que el cuerpo y el objeto dialoguen desde lo sensible”. 

© Álvaro Lara

La construcción a partir del relato familiar es un tema actual que recuperan desde su memoria personal Silvia Jiménez Esteban, Yola y Niche Ramírez, si bien este último tiene una peculiaridad plástica que destaca al estar cercano al simulacro de la pintura.

© Silvia J. Esteban

Silvia J. Esteban mezcla en `Raices´ la identidad propia con la memoria, que va siendo más frágil conforme avanza el tiempo. Utiliza la plasticidad del papel vegetal que representa la separación física entre imágenes de los álbumes antiguos, y a la vez ese velo que el tiempo pone ante la imagen para diluir los recuerdos. “La composición –explica– genera un breve relato personal entre generaciones, es una muestra de agradecimiento hacia el pasado, hacia nuestros familiares próximos o lejanos y una puesta en valor del álbum familiar”. 

© Yola

Yola rescata también el analógico y la memoria familiar en su obra `La casa de mi abuelo / Los recuerdos que esconde´, una composición en lienzo con fotografía intervenida que casi pareciera un cuento, “una simple carta”, que es lo que queda de una generación ya inexistente. “Esta obra -nos cuenta- es una manera de poder conservar para siempre un sitio que me dio tantos buenos recuerdos y que a su vez escondió muchos”. 

© Niche Ramírez

Niche Ramírez, artista multidisciplinar, performer y bailarín de origen cubano, nos trae un retrato, “pero no un retrato cualquiera”, el de su madre, `Leticia´, que sirve para invocar su presencia. Construida a partir de varias imágenes superpuestas, trabajadas con filtros, distorsiones, saturaciones intensas y contrastes extremos, “es una suma de momentos, gestos y memorias que se mezclan hasta formar una figura que parece emerger del fuego o del barro, algo casi sagrado”. La manipulación digital ha buscado en este caso que la imagen “se sienta como un recuerdo pintado, una emoción congelada”.

La plasticidad de la obra de Gianella Libonatti, el collage en Esther TP o lo instalativo y performático en Mónica Vázquez Ayala añade a la particularidad de la obra fotográfica la contigüidad con otros lenguajes plásticos, que nos llevan a la sensación de cortar y pegar tan analógica, a la construcción y deconstrucción de lo físico y de la idea, también al encuentro con el entorno o la identidad. 

© Gianella Libonatti


Gianella Libonatti, uruguaya afincada en Málaga, nos muestra una pieza plástica creada a partir de una fotografía intervenida “en donde se reconfigura tanto la escala como el relato implícito que contiene”. Combina el collage y la escultura, interviniendo la fotografía con cartón finlandés. “Un constructivismo geométrico emerge con gran impacto visual donde líneas y volúmenes interactúan de manera dinámica”. Su formación en Arquitectura y Bellas Artes, junto con su constante exploración de líneas, formatos y texturas, hacen que su obra tenga una marcada temática urbana y una constante declaración visual sobre lo cotidiano y lo arquitectónico. 

© Esther TP

“Un paisaje urbano se superpone al rostro de una mujer, eclipsado por el sol. La neutralización de la expresividad deja a merced del espectador la interpretación del mismo, completándolo desde su propia percepción”. Se trata del `Eclipse´, collage analógico con fotografías vintage de Esther TP. Su labor de recolección y archivo de fotografías descatalogadas, con imágenes monocromáticas o de tono tenue y las texturas obtenidas del papel ajado, tiene como intención “reavivar miradas pasadas empolvadas por el anonimato”. En el trabajo de Esther, “el cine, la prensa antigua y los álbumes de fotos anónimas en mercadillos suelen ser mis fuentes favoritas” -explica-. “El conjunto representa un paisaje emocional en sí mismo”.

© Mónica Vázquez Ayala

De alguna manera el collage está presente también en la obra esta artista visual con alma de pintora. Mónica Vázquez Ayala rescata `Barbarela´ de su serie `Más allá de los sueños´ donde hibrida la fotografía, la construcción de fondos con cartón, pintura, o,como en este caso, plástico, combinando una narrativa en distintos niveles que conversa con la fotografía. Una vez realizado este escenario, en un acto performativo y con el añadido de las viñetas que nos hacen sentirnos en un juego de sombras chinescas, asistimos al espectáculo de los sueños de la autora, que nos incita a vivir dentro de otras pieles. 

También nos acercan sus imágenes Claudia Frau, Carlos Canal, Verónica Ruz Frías, Clara Bastarrechea, Antonio Portillo, Tania Espinosa, STLA, Javier López, Eryl Pall, Javier Antolín, Ana Pardo, Rocío Velázquez, Elena Krell, Manuel Martínez Criado, Antonio Morales, Emilio García, Eugine H. o Marina Martínez Pacheco. 

Conclusión

© Yess López

El arte, la esfera estética -explica Ranciere- tiene el poder para refigurar una nueva repartición de lo sensible.  La introducción en el campo de la experiencia de un nuevo visible modifica el régimen de lo visible. Esas evidencias sensibles ponen al descubierto al mismo tiempo la existencia de un común. 

La neuropsicología nos habla de la percepción inconsciente debida al colapso de datos que hace que nuestro cerebro no procese toda la realidad que existe. Se dice que estos filtros mentales se crean a partir de las experiencias que hemos vivido. La importancia que le damos a la información depende de lo que ya conocemos. Para ilustrar este dato, circula por internet una anécdota -no podría confirmar si leyenda o realidad- que cuenta que cuando se acercaban a las islas del Caribe las carabelas de Colón, los indios indígenas americanos no fueron capaces de verlas enseguida. Como la imagen latente. 

© José Luis Gutierrez

Una vez se pueda introducir en la experiencia del indiano la evidencia de unos barcos que llegan del nuevo mundo, la coexistencia de estas dos realidades serán ineludibles. Una vez seamos conscientes de la existencia de aquello que nunca habíamos visto. En nuestro caso, será al contrario. Como diría Zizek, “nosotros, la nada no contada en el orden, somos el pueblo, somos el todo, contra los otros que sólo representan sus intereses privilegiados particulares”. 

Esa existencia del común de la que habla Ranciere me hace reflexionar, no obstante, acerca de la dificultad de coexistencia que sufrimos, también, por falta de experiencia previa. Saber que el hecho de que el otro exista no anula tu propia existencia no parece ser una idea muy asumida en esta sociedad de estratos y privilegios. Indefensión aprendida y lucha mutua. 

Pero quizá no sea necesario sobresalir, competir, borrar al otro o autoborrarse como estrategia de supervivencia. Quizá ni siquiera haya que seguir luchando contra, sino hacia. Seguir construyendo lo que hacemos y como lo hacemos. He aquí un imaginario que hemos soñado con fuerza y que ya es visible.