La fundación Mapfre expone en Madrid ‘Weegee. Autopsia del espectáculo’ en la que se muestran imágenes de los dos periodos del fotógrafo, las sensacionalistas imágenes de prensa amarilla junto a sus caricaturas fotográficas de los famosos de Hollywood.
‘Weegee. Autopsia del espectáculo’ puede verse en la sede de la Fundación Mapfre en Madrid desde el 19 de septiembre al 5 de enero. En ella se recoge la obra más reconocida del famoso fotógrafo de sucesos Arthur H. Fellig, Weegge, junto a su trabajo más ignorado retratando a los famosos del mundo del cine americano. Mostrar esta doble cara del fotógrafo no es habitual, y algo inédito en Europa, según Clément Chéroux, director de la Fondation Henri Cartier-Bresson y comisario de la exposición.
Conocido bajo el seudónimo de Weegge (Zólochiv, 1899-Nueva York, 1968), Arthur H. Fellig, fue un artista muy popular por las fotografías de sucesos que realizó en el Nueva York de las décadas de 1930 y 1940 y que eran publicadas en los tabloides neoyorkinos para los que trabajaba: cadáveres, incendios, detenidos en furgones policiales, etc.

Pero Weegee tiene también otro grupo de obras que a primera vista podría parecer diametralmente opuesto al primero: fotografías de individuos famosos y fotocaricaturas que realizó entre 1948 y 1951 en Hollywood. Los críticos recalcaron la oposición entre estos dos períodos, ensalzando el primero y rechazando el segundo. ‘Weegee. Autopsia del espectáculo’ pretende reconciliar ambos corpus de trabajo y mostrar que los dos, más allá de las diferencias estilísticas, mantienen una coherencia: revelar la sociedad del espectáculo que por aquellos años se estaba desarrollando en Estados Unidos.
“Detrás de estos dos Weegees hay una lógica ya que ya en su primera parte introduce a los espectadores que trasforman un suceso en un espectáculo y cuando se muda a Hollywood sigue con su crítica a esa sociedad del espectáculo”, explica el comisario.

Si bien el artista durante sus primeros años realizó fotografías de sucesos escabrosos y violentos, en muchos casos lo hizo con una gran ironía y mostrando cuánto de «espectáculo» tenían esos eventos. Sus imágenes se reproducían en los periódicos y con frecuencia Weegee introducía espectadores u otros fotógrafos tanto en primer plano como al fondo de sus composiciones.
Individuos que se quedaban mirando un atropello o un asesinato. De forma coherente, en la segunda parte de su carrera el artista se burló de lo espectacular hollywoodense. De la fama efímera, de las multitudes que adulaban a los «famosos» y de su entorno, banal y mundano. Este tipo de imágenes, de carácter irónico y satírico eran manipuladas por el propio Weegee en el laboratorio, adelantando las teorías de la Internacional Situacionista y la crítica a la sociedad del espectáculo y su mercantilización, siempre en consonancia con las ideas políticas del propio artista.
Claves de la exposición
La exposición cuenta con unas cien fotografías y con variado material documental. El recorrido, que ofrece una nueva perspectiva sobre el trabajo de Weegee, se desarrolla a lo largo de tres secciones que ofrecen un amplio panorama de su obra.
Fotografías de impacto: Las fotografías de Weegee podían llegar a ser auténticos «puñetazos visuales». Tanto las que hizo para las crónicas de sucesos en su período neoyorquino fotografiando asesinatos, cadáveres, incendios o presos, como las que realizó más adelante, como la serie a Egle Zacchini, una artista de circo saliendo disparada de un cañón a una velocidad de 100 metros por segundo, o las fotocaricaturas de Marilyn Monroe o del presidente Kennedy.
Se trataba casi siempre de imágenes que impactaban a los espectadores y que les hacían reflexionar no solo sobre la escena que contemplaban en sí misma, sino también sobre el modo en el que miraban.

La sociedad del espectáculo: Publicado por primera vez en 1967, La sociedad del espectáculo es uno de los libros más relevantes del filósofo y miembro fundador de la Internacional Situacionista Guy Debord en el que hace un incisivo retrato de la sociedad contemporánea, que habría sido sustituida por su imagen representada. A lo largo de su escrito, Debord revela de forma crítica la teoría y la práctica del espectáculo, dando cuenta del modo en que este regula nuestra experiencia del tiempo, de la historia, de la mercancía, del territorio y de la felicidad. En el siglo XXI, donde la inmediatez prevalece, las ideas de Debord resuenan como el análisis más lúcido y severo de las miserias y servidumbres de una sociedad la del espectáculo en la que vivimos todos.
Crítica a la sociedad del espectáculo: La conciencia de clase y la empatía por los más desfavorecidos está muy presente en la obra de Weegee, pues él no olvida su procedencia humilde. Sin embargo, sus imágenes más célebres son aquellas en las que captura accidentes, incendios o asesinatos donde refuerza la idea de que los ciudadanos se convierten en espectadores de las tragedias que contemplan, como si estuviesen observando un escenario. Al igual que hacen los espectadores que asisten a los estrenos de las películas de Hollywood, que tampoco distan mucho de esos otros. Así mismo, también es importante la crítica que realiza de la imagen de actores, cantantes, presentadores, políticos, etc., con sus trucajes en el laboratorio.

Con sus «sátiras», tal y como las denominaba él mismo, Weegee se adelantó en algunos años a lo planteado por la Internacional Situacionista. Tal y como señala Clément Chéroux, comisario de la exposición: «Durante su primera etapa neoyorquina [Weegee] mostró que los tabloides vendían la crónica de sucesos como un espectáculo. A partir de 1945 puso en evidencia que el sistema mediático espectacularizaba a ultranza a los famosos».
