‘Preparados, listos, archivo’, de Cristina de Middel, puede verse en Tabacalera hasta el 9 de junio. El viejo edificio madrileño recoge bajo ese título tres trabajos muy distintos de la fotógrafa alicantina, en los que la reinterpretación del archivo fotográfico y su uso para construir, reconstruir realidades, e incluso decontruirlas es el elemento en común. Carmen Dalmau ha recorido la muestra y nos hace de guía para disfrutar de la vista.

A veces la arquitectura impone su propia escenografía, como es el caso en el depósito de agua del Canal de Isabel II, o de una piel llena de pasado y memoria como en la antigua fábrica de tabacos de Embajadores en la ciudad de Madrid. En ambos espacios, difíciles y potentes, dos mujeres se la juegan y ganan la partida.

La primavera fotográfica en Madrid tiene nombre de mujer, y esto, en un marco dominante heteropatriarcal, es una fiesta. La exposición de Tanit Plana en la Sala del Canal, y la de Cristina de Middel en Tabacalera. 

Las dos salas, alejadas del cubo blanco, exigen un ejercicio inteligente de adaptación al entorno para que el trabajo no sea fagocitado por el espacio arquitectónico, aunque en el caso de ‘Es lo que es’, de Tanit Plana, un espacio más complejo, pienso que está mejor logrado, aunque llenar las salas de Tabacalera, con pequeñas imágenes de archivo y material documental, sin que éste se pierda, tampoco es tarea desdeñable.

Si seguimos un cliché generacional, las dos autoras nacidas en 1975 podrían incluirse en una misma generación, y aunque sus proyectos se resuelven formal y conceptualmente con aparente divergencia, podemos encontrar modos comunes que hablan de un afortunado despertar de la fotografía en España. 

Una generación que se mueve sabiamente en un mundo globalizado y virtual, cuyos individuos se van convirtiendo en empresarios de sí mismos, mezclan géneros y categorías con libertad al tiempo que reflexionan, a veces de forma intuitiva, sobre la ontología de la imagen.

Cristina de Middel recibió el Premio Nacional de Fotografía en 2017 y en el mismo año fue nominada como miembro de la agencia Magnum. Estoy segura que a de Middel le puede venir muy bien la colaboración con esta agencia, pero aún lo estoy más de que es Magnum, asociado en el imaginario colectivo a la época de entreguerras, a un concepto caduco de fotorreportero en blanco y negro, quien más necesita a Cristina para refrescar su imagen. 

Magnum responde a un patrón de lo que hasta ahora fue considerado como esencia de la fotografía. Hombres, mayoría de blancos, americanos o europeos, dotados de grandes objetivos. De los 96 miembros pertenecientes a este selecto club o nominados para entrar, sólo 15 son mujeres y entre ellas están las únicas tres miembros españolas. Cristina García Rodero (1949), Cristina de Middel (1975) y Lua Ribeira (1986). Bien elegidas como representantes de sus respectivas generaciones.

Quizás, si observamos algunas de las nuevas incorporaciones, han sabido percibir que, para sobrevivir en el paradigma actual, hay que entender que existen fotografías buenas o malas, y que cualquier género puede ser válido mara mostrar la realidad actual y los mundos paralelos por los que transitamos, que el mundo es múltiple, plural y aleatorio.

Cristina de Middel, vive y trabaja entre Brasil y México, dos mundos fascinantes donde los límites entre realidad y ficción son muy líquidos, como también realidad y ficción se cruzan en su trabajo. 

© Promoción del Arte

La exposición de Tabacalera está patrocinada por la Subdirección General de Promoción del Arte y coproducida por el Museo de la Universidad de Navarra. El proyecto ha vuelto a cuidar el catálogo, como sucedió con el ya mítico ‘Afronautas’, fruto de una colaboración con la Kursala, así como en todos sus proyectos. El libro está diseñado por Javi al Cuadrado con texto de Joan Fontcuberta. Al final, las exposiciones son efímeras, siempre el libro perdura, y puede actuar como archivo de memoria de la experiencia vivida.

«El archivo es el bastión de la memoria y su poder se resguarda en fortalezas y mazmorras donde se acumulan documentos de forma irregular. Son los guardianes de esos lugares quienes detentan la autoridad de preservar el acceso a la información. Gestionar ese acceso significa tener la llave del conocimiento y del relato«.

Fontcuberta, Joan

Toda historia depende de la narración que se teje en torno a ella. Eduardo Galeano nos recuerda en el Libro de los abrazos un proverbio africano:“Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador«.

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En ‘Preparados, listos, archivo’, el juego con el documento hila su propia narración, tan inventada como real y posible. En la exposición hay tres estrategias completamente dispares de acercarse al archivo, el archivo que se construye para reconstruir una leyenda que pudo ser posible – ‘Jan Mayen’– , el archivo que sirve de excusa para analizar el consumo de la violencia y sus soportes – ‘Cucurrucucú’– y el archivo como ensayo del azar y de lo aleatorio – ‘Aleatoris Vulgaris‘.

El cruce de realidad y ficción viene acompañando a la fotografía desde antiguo ya que la supuesta verosimilitud del soporte desarma al espectador para cuestionar un registro que se convierte en documento constatable. La fotografía permite la creación de mundos más allá de lo que nos es visible.

Durante la Gran Guerra, dos niñas vieron hadas en un pueblo del norte de Inglaterra y las fotografiaron. Aún hay quien piensa que dos adolescentes no pudieron engañar a Sir Arthur Conan Doyle que presentó aquellas fotografías en público como prueba de la existencia de las hadas, más allá del mundo de los cuentos. 

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En los años setenta del siglo pasado, en la selva filipina, la cultura Tasaday incontaminada y pura superviviente de la edad de piedra, fue motivo de portada del National Geographic, y aún existen antropólogos que la presentan como una tribu que permaneció primitiva y aislada durante treinta y cinco mil años.  

El proyecto ‘Jan Mayen’, de Cristina de Middel, es la narración de un descubrimiento. Durante el siglo XIX y principios del siglo XX, sólo los extremos de la tierra permanecían ignotos. Los expedicionarios del Polo Norte habían olvidado la Isla Jan Mayen, situada entre Groenlandia e Islandia, donde solo habitaron antiguos balleneros.  En 1911 una nueva expedición científica se embarca para redescubrir tierras aún vírgenes. Las pruebas con las que regresaron, eran unas fotografías escenificadas en otras costas, ya que nunca pudieron llegar a esta isla.

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Hoy se piensa que el primer hombre occidental que puso los pies en el Polo Norte en 1909, Robert Peary, fue un farsante, o estaba equivocado en sus mediciones, pero en su día recibió grandes honores y pasó a las crónicas como un apasionado conquistador. 

Las fotografías de Frank Hurley, fotógrafo que acompañó a Schackleton a la Antártida, son la pruebas más fascinantes de que Schackleton llegó al país del hielo. El papel de la fotografía en esas expediciones heroicas es parte esencial del imaginario y de la leyenda que se ha construido entorno a los paisajes nevados, los icebergs y los hombres luchando contra el viento.

Los polos del planeta son todavía un terreno fascinante para iniciar aventuras, Cristina de Middel reinventa la expedición recreada a la isla de Jan Mayen mientras ‘Volverás a la Antártida’de Paco Gómez e Hilo Moreno (2017) se han imaginado el otro extremo.

Los expedicionarios de Cristina de Middel tienen estandartes, instrumentos marinos, planos detallados, catalejos, botellas de piratas y hasta pájaros negros. Toda la parafernalia de los sueños de piratas e intrépidos marinos , que anclada en las naves de Matadero, parecen los verosímiles restos de un naufragio. Son tan creíbles, o no, como las placas de vidrio que sobrevivieron del aventurero Hurley.

Por su parte, ‘Cucurrucucú’ es un cóctel entre las letras de las rancheras, el archivo fotográfico del diario mejicano Alerta, y los dibujos inspirados en ese archivo de prensa amarilla y rojo de sangre. No en vano, Cristina trabajó en prensa unos diez años. Así, este archivo que llega a sus manos, puede apreciarse como un inmenso regalo, para alguien familiarizado con fotografía y prensa.

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En de Middel hay una vocación por la yuxtaposición y la acumulación, que ya se manifestó en exposiciones como ‘Muchismo’ (2016), en ‘Cucurrucucú’ hay un ejercicio en el que la acumulación y su soporte alteran la percepción de la imagen que contempla el espectador. Primero, nos enfrentamos a la puesta en escena de las rancheras, luego vemos los dibujos con rasgos de comic, y al fondo, en una sala escondida, las fotografías de archivo. 

Los grados de percepción de la violencia van cambiando. Lo que puede ser folklore amable y colorista, cuando se traslada el suceso violento a la letra de una canción, acaba siendo un desgarro. Entre medias, los dibujos basados en las fotografías son una suerte de ejercicio de integración del horror, al eliminar los detalles y simplificar las siluetas.  Cuando una sociedad está acostumbrada a digerir sangre y vísceras, hay que imaginar otras formar de enfrentarla al horror cotidiano.

El texto de Cuauhtémoc Medina, uno de los más importantes críticos y curadores latinoamericanos, aporta la base teórica imprescindible a este ejercicio sobre el consumo de la violencia y evitar caer en la banalidad de enseñar el mal por el mal. 

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Aleatoris Vulgaris’, con la que termina la exposición, es una incursión en el fondo documental de la Universidad de Navarra. 

Los números aleatorios permiten a los modelos matemáticos representar la realidad. Hay muchas formas de generar números aleatorios, tirar un dado o una moneda al aire, pero las de Cristina son realmente inverosímiles, ya sea a través de lanzar cuchillos o pesar frutos desconocidos.

La palabra archivo remite a un orden establecido y rígido, a la preservación de documentos y de la memoria colectiva. Un archivo, ordena y taxonomiza los documentos desde criterios kantianos, aquí es reinventado como un cadáver exquisito. 

Los archivos son contenedores de documentos, pero estos, sin alguien que hilvane el relato y le dote de significado, no son nada. Controlar los documentos, permitir la visibilidad de unos u ocultar otros, puede construir relatos muy diferentes de los mismos hechos.  

Jugar a alterar el orden de los archivos permite imaginar universos diferentes. Soñemos con que algún día los archivos servirán para contar la historia de los leones, porque los sueños también forman parte de la vida.